Una de las combinaciones más desaconsejadas es la de la menta con otras plantas aromáticas o de pequeño tamaño. Aunque pueda parecer una buena idea agruparlas, la menta es extremadamente invasiva: crece rápido, extiende sus raíces con facilidad y acaba absorbiendo gran parte del agua y los nutrientes del sustrato. Esto puede debilitar o incluso “ahogar” a las plantas que tenga alrededor.
El huerto urbano es muy saludable para la mente. (Pexels/ Kampus Production)
Otra pareja problemática es la formada por el romero y la albahaca. Ambas son muy populares en terrazas y cocinas, pero tienen necesidades muy diferentes. Mientras que el romero prefiere suelos secos y riegos escasos, la albahaca necesita humedad constante y un ambiente más protegido. Plantarlas juntas suele provocar que una de las dos no reciba las condiciones adecuadas, afectando a su desarrollo.
También conviene evitar colocar juntas plantas como el ficus y la lavanda. El ficus suele requerir riegos más frecuentes y ambientes algo más húmedos, mientras que la lavanda prospera en suelos secos y bien drenados, con abundante sol. Esta incompatibilidad en el riego puede provocar que una de ellas se marchite o desarrolle problemas de raíz.
Además, algunas plantas liberan sustancias químicas en el suelo —un fenómeno conocido como alelopatía— que pueden inhibir el crecimiento de otras especies cercanas. Aunque no siempre es visible a simple vista, este efecto puede ser determinante en el éxito o fracaso de un conjunto vegetal. Por eso, antes de organizar macetas o jardineras, es recomendable informarse sobre las necesidades específicas de cada planta y agruparlas según condiciones similares de luz, agua y tipo de suelo. Esto no solo facilitará su cuidado, sino que también favorecerá un crecimiento más saludable y duradero.