Las sillas de playa forman parte de ese mobiliario estacional que reaparece cada verano y desaparece en cuanto bajan las temperaturas. Su éxito no depende de grandes novedades, sino de algo mucho más sencillo: se transportan con facilidad, resuelven una jornada al aire libre y apenas ocupan espacio una vez plegadas.
Una vez plegada, puede guardarse en espacios estrechos o transportarse en el coche sin exigir demasiado sitio. Esa condición desmontable resulta especialmente práctica en casas donde el mobiliario de verano no puede permanecer instalado durante todo el año. También permite sacarla solo cuando hace falta y devolverla después a su sitio, sin alterar de forma permanente la distribución de una terraza, un patio pequeño o un trastero reducido.
El diseño compacto facilita su transporte y almacenamiento cuando termina la temporada estival. (Cortesía / Leroy Merlin)
La estructura es de acero, el asiento está confeccionado en poliéster y el modelo soporta hasta 110 kilos. Mide 44 por 47 por 52 centímetros, unas proporciones contenidas que mantienen el formato compacto propio de este tipo de sillas.
La silla de playa Rio cuesta 13,99 euros en Leroy Merlin. Su atractivo está precisamente en no intentar ser más de lo que es: una pieza ligera, reconocible y fácil de guardar, pensada para acompañar los planes más sencillos del verano.
Las sillas de playa forman parte de ese mobiliario estacional que reaparece cada verano y desaparece en cuanto bajan las temperaturas. Su éxito no depende de grandes novedades, sino de algo mucho más sencillo: se transportan con facilidad, resuelven una jornada al aire libre y apenas ocupan espacio una vez plegadas.