Este es el indómito lugar en Cuenca: un fenómeno geológico declarado Sitio Natural de Interés Nacional en 1929
Se alza como uno de los parajes naturales más sorprendentes de España, un laberinto de roca caliza que sigue fascinando a quienes lo recorren casi un siglo después de su protección oficial
La Ciudad encantada en Cuenca (Cortesía Visita Cuenca)
Hay paisajes que parecen sacados de una novela fantástica y otros que directamente obligan a prestar atención para entender que existen de verdad. La Ciudad Encantada de Cuenca pertenece a esa segunda categoría. En pleno corazón de la Serranía de Cuenca, rodeada de pinares y a gran altitud, este enclave se ha convertido en uno de los espacios naturales más singulares de España gracias a un espectáculo geológico que mezcla ciencia, imaginación y una belleza algo salvaje.
Ubicada en la pedanía de Valdecabras, dentro del Parque Natural de la Serranía de Cuenca, La Ciudad Encantada lleva décadas fascinando a viajeros de todas las edades. No es casualidad que en 1929 recibiera la declaración de Sitio Natural de Interés Nacional. Lo que allí se ve no responde a una intervención humana ni a una escenografía artificial, sino a un larguísimo trabajo de la naturaleza sobre la roca caliza.
El Tormo de la Ciudad Encantada en Cuenca (Cortesía Web)
El origen de este paraje se remonta a unos 90 millones de años, cuando toda esta zona estaba cubierta por las aguas del antiguo mar de Thetis. Aquel fondo marino fue acumulando sedimentos, sobre todo carbonato cálcico, que con el paso del tiempo terminaron convirtiéndose en piedra caliza. Más tarde, al final del Cretácico, los movimientos geológicos hicieron emerger ese lecho marino y lo dejaron expuesto a la acción constante del agua, el viento y el hielo.
Ahí empezó la verdadera magia del paisaje. Siglo tras siglo, la erosión fue moldeando las rocas hasta dar lugar a formas insólitas, a medio camino entre lo reconocible y lo imposible. Ese es precisamente uno de los grandes atractivos del lugar: cada visitante cree ver algo distinto. Hay quien distingue animales, perfiles humanos, puentes, barcos o gigantes petrificados. La sensación de caminar por una ciudad de piedra detenida en el tiempo explica en buena parte su nombre.
Pero La Ciudad Encantada no impresiona solo por sus formaciones rocosas. También lo hace por el entorno en el que se encuentra. La zona está integrada en un paisaje de cañones, pinares y vegetación serrana, con especies como sabinas, enebros, boj o quejigos, además del aroma persistente de plantas mediterráneas como el romero, el tomillo o la mejorana. Todo ello contribuye a esa sensación de estar en un rincón apartado, casi intacto, donde la naturaleza sigue marcando el ritmo.
La visita se realiza a través de un recorrido circular de unos 3 kilómetros, pensado para descubrir el enclave de forma pausada. No es obligatorio completarlo entero, pero sí seguir siempre el itinerario señalizado, ya que no está permitido salir del camino ni improvisar rutas alternativas. Es un paseo asumible para la mayoría de visitantes, aunque no está adaptado para sillas de ruedas, personas con movilidad reducida ni carritos de bebé.
El Puente Romano de la Ciudad Encantada (Cortesía Web)
Uno de los puntos a tener en cuenta antes de ir es que las entradas se compran directamente en taquilla, ya que no existe reserva previa ni venta online. La tarifa general es de 7 euros, mientras que niños de entre 8 y 12 años, jubilados, personas con discapacidad y familias numerosas pagan 6 euros. Los menores de 7 años entran gratis. El recinto advierte además de que no siempre se garantiza el pago con tarjeta por problemas de cobertura en la zona.
Como ocurre en muchos espacios naturales de montaña, conviene ir con cierta previsión. En invierno se recomienda acudir con ropa de abrigo, calzado de trekking, prendas térmicas, chubasquero o paraguas. En verano, aunque el entorno invite a pensar en una escapada ligera, también es aconsejable llevar botas adecuadas, agua y protección frente a cambios de tiempo. La altitud y la exposición del terreno pueden hacer que el clima cambie con rapidez.
Hay paisajes que parecen sacados de una novela fantástica y otros que directamente obligan a prestar atención para entender que existen de verdad. La Ciudad Encantada de Cuenca pertenece a esa segunda categoría. En pleno corazón de la Serranía de Cuenca, rodeada de pinares y a gran altitud, este enclave se ha convertido en uno de los espacios naturales más singulares de España gracias a un espectáculo geológico que mezcla ciencia, imaginación y una belleza algo salvaje.