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UN GRAN ARTISTA

Patxi Andión, un amor platónico, uno explosivo y el de verdad

La inesperada muerte del cantautor ha causado estupor a este y al otro lado del océano Atlántico. Preparaba su despedida musical con un recopilatorio

Foto: Patxi Andión, en una imagen de archivo. (EFE)
Patxi Andión, en una imagen de archivo. (EFE)

A Patxi Andión le gustaba pasear por el campo con su rehala de perros. Los mismos que le acompañaban en una de sus aficiones preferidas, que era la caza. El cantante, que estaba a punto de celebrar sus cincuenta años en el mundo artístico, tenía previsto lanzar su último trabajo como recordatorio. Como sabía lo que suponía un lanzamiento de estas características con promoción y entrevistas, aprovechaba este tiempo previo para disfrutar del aire libre con su grupo de amigos cazadores. Después no sabía si iba a poder tener tiempo para él. Así lo contaba hace poco en la finca que Entrecanales tiene en Toledo, donde había participado en una montería.

Era director de la Escuela Española de Caza, que pertenece a la Real Federación, y aplicaba sus conocimientos como sociólogo al mundo de la naturaleza. “Era un hombre encantador, con un gran conocimiento de la España rural, donde la caza ha sido siempre una forma de vida. Decía que si el campo se para, la ciudad no come. Daba charlas y conferencias sobre lo que ahora se llama la España vaciada”, cuenta uno de los amigos con los que compartía jornadas cinegéticas. “No nos lo creemos. Se había jubilado el año pasado de sus clases en la Universidad de Cuenca y estaba muy feliz con retomar de nuevo su mundo musical”.

Cuando no estaba en el campo o en sus clases, era fácil verlo caminar por la zona del paseo de Rosales. Vivía frente al palacio de Oriente y su ruta habitual era desde Ópera hasta el parque del Oeste pasando por el templo de Debod, ida y vuelta. Si tenía tiempo se paraba para tomar el aperitivo en una de las terrazas. A veces en estos paseos le acompañaba su mujer, Gloria Monis, o alguno de sus tres hijos. Para él era un barrio lleno de recuerdos. Contaba que a los 15 años se enamoró de una niña rubia que iba al colegio del Sagrado Corazón en el paseo del Pintor Rosales y con la que nunca se atrevió a hablar: “La veía pasar con su uniforme, su trenza, sus amigas y con eso me contentaba”.

Siempre fue un gran tímido aunque su apariencia mostrara lo contrario. A esta niña le dedicaría muchos años después el tema 'Amor primero', donde cantaba esa experiencia adolescente y que terminaba con la estrofa 'Amor desde el gimnasio a la excursión. Desde la geografía, amor sin razón. Amor de tinta y tiza. Amor de portal .Amor de cada día y en cada lugar'.

Era su barrio. Nacio en Madrid, en octubre del 48 y a los dos meses le llevaron al País Vasco, la cuna de su familia. Y nació en la capital porque su padre estaba exiliado por ser hombre republicano y liberal. Como decía, “esto me marcó profundamente mi vida y mi ideología”. Vivía en la calle Ferraz, en el mismo edificio que muchos años después se convertiría en la sede del PSOE.

Amparo Muñoz, en una imagen de archivo. (EFE)
Amparo Muñoz, en una imagen de archivo. (EFE)

“El destino, que es así de caprichoso”, decía recordando que algunas de sus canciones de su primer disco no pasaron la censura y se las prohibieron, como fue el caso de 'La Jacinta'. Era hombre polifacético, periodista y sociólogo que interpretó como nadie al Che Guevara en el musical 'Evita'. Grabó bandas sonoras de películas como 'La estanquera de Vallecas' y 'El libro de buen amor,' fue protagonista de series de televisión y de la prensa social al casarse con Amparo Muñoz. Un matrimonio que duró un suspiro y que ambos reconocieron tiempo después que nunca debería haberse celebrado: “Éramos muy jóvenes, muy diferentes, y lo único que hubo fue una fuerte atracción sexual sin recorrido”.

Con el tiempo conoció a Gloria Monis, hija de Ana Castor, que fue pareja sentimental de Alfonso Fierro hasta que este murió. A diferencia del resto de la familia, que no veía con buenos ojos que un 'rojo' entrara a formar parte del elitista ambiente, el banquero y Ana lo recibieron siempre con los brazos abiertos. Cuando la suegra comenzó con la enfermedad del olvido, Patxi Andion la visitaba con frecuencia. Una manera de devolver el cariño que había recibido cuando en determinado círculo social no le querían ni ver por no ser de su clase.

Paxti Andión preparaba su vuelta a los escenarios, pero el destino se interpuso en su camino y falleció muy de mañana cuando regresaba de ese campo rural que tanto defendía.

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