Los hijos y los amigos del marqués de Cirella, "en shock" tras el 'crimen de Somosaguas'
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Los hijos y los amigos del marqués de Cirella, "en shock" tras el 'crimen de Somosaguas'

Aunque las desavenencias del matrimonio eran conocidas por su entorno, el desenlace trágico de su relación ha convulsionado a la tranquila sociedad de Pozuelo de Alarcón

placeholder Foto: Escudo del marquesado de Cirella.
Escudo del marquesado de Cirella.

Esta semana, Susana Pérez, alcaldesa del Ayuntamiento de Pozuelo de Alarcón, decretaba un día de luto oficial por la muerte de Katherine Brereton Travers y señalaba un minuto de silencio a las puertas del consistorio. Con la información de la que disponía la policía, ya se pudo catalogar este crimen como violencia de género. De ahí la decisión por parte de la edil de brindar ese homenaje. En cambio, no se pudo hacer lo mismo en el pleno de constitución de la nueva Asamblea de la Comunidad de Madrid. La propuesta se ha retrasado hasta la próxima sesión.

El domingo al mediodía, Jorge Juliá y Díez de Rivera, marqués de Cirella, disparaba en su domicilio de la urbanización Somosaguas contra la que aún era su esposa y a continuación se quitaba la vida en el jardín del chalé. Una tragedia que ha conmocionado a familiares, amigos y vecinos que conocían y trataban a los protagonistas con mayor o menor intensidad.

Foto: Escudo del marquesado de Cirella.

El matrimonio se casó hace tres décadas, tenían cuatro hijos, varios nietos y las desavenencias conyugales comenzaron hace tiempo. Una de las hijas vive en Bérgamo con sus dos niños, otro en Tenerife, y es piloto de profesión como su padre en la compañía Vinter. El resto lo completan una chica profesora de inglés en un colegio privado que pasó temporadas en Dubái y un varón, ambos viven en Madrid.

Estos dos solían vivir en la casa que había sido el centro de la vida familiar hasta que la madre repartió su existencia entre el Reino Unido y España. Precisamente, el último trayecto que realizó a nuestro país desde Londres el fin de semana pasado y que terminó de forma tan desgraciada tenía como fin resolver de una vez por todas los temas económicos. Kati, que así llamaban familiarmente a la marquesa consorte, había rehecho su vida y, aunque vivía en la capital británica, viajaba a menudo a Madrid para estar con sus hijos y sus amigos.

La mayoría de los íntimos del matrimonio sabían de las desavenencias que había en la pareja y confirman a Vanitatis que “cada vez esas discusiones eran peores y no importaba que los hijos o lo amigos estuvieran delante. Pero lo que ha sucedido era inimaginable. No tiene justificación de ningún tipo aunque haya amigos que digan que perdió la cabeza. Los hijos están en shock. Menos mal que tienen una gran familia que les apoya”. El piloto jubilado era el octavo hijo de los nueve que tuvieron los marqueses de Juliá.

Una de las versiones que ha transcendido tiene que ver precisamente con el anuncio con anterioridad por parte de uno de los hijos a su padre: “Mamá viene este domingo a casa”. Una vez en el domicilio, Jorge Juliá le habría dicho al chico que se fuera a su cuarto. El siguiente capítulo de esta tragedia tendría el final que ya se conoce. El aristócrata asesinaba a su mujer dentro del chalé y a continuación salió al jardín y se disparó a sí mismo.

Foto: Foto: EFE.

Comenzó un proceso de separación y divorcio que aún no se había cerrado. La liquidación de gananciales estaba también a medio resolver porque no había acuerdo en los bienes privativos que el marqués había heredado de su padre antes del matrimonio y por lo tanto si existía la obligación de repartir. Legalmente sí estaba resuelto, pero no en lo referido a las peticiones de la consorte.

Uno de los temas recurrentes era el domicilio familiar. Un chalé de seiscientos metros cuadrados en una parcela de más de tres mil metros cuadrados en la zona A de la urbanización Somosaguas que podría estar valorado en cerca de dos millones de euros. Esta casa con varias remodelaciones la había recibido Jorge Juliá de su padre, Camilo Juliá de Bacardi, marqués de Juliá, que era abogado de profesión y general auditor del Ejército del Aire.

La familia Juliá Bacardi Díez de Rivera y Guillamas entroncaba con varias casas nobiliarias como Almodóvar, Someruelos o De la Victoria. Dos de las hermanas del marqués de Cirella vivían también en la misma urbanización y tanto a ellas como a Jorge y Kati con su perro era habitual encontrarlos en la cafetería Baralia en el centro comercial, cerca del Colegio Británico, o en el restaurante Las Brasas, en la zona de Húmera.

Para los vecinos de esta zona noble de Pozuelo de Alarcón y los de la urbanización Somosaguas, el asesinato de Katherine ha sido uno de los sucesos más impactantes tras el crimen de los marqueses de Urquijo en agosto de 1980, también en esta misma localidad.

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