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La pasión de Juan Roig por el baloncesto: de levantarse de madrugada a cumplir su sueño de ver al Valencia Basket en una Final Four
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UN AMOR DE JUVENTUD

La pasión de Juan Roig por el baloncesto: de levantarse de madrugada a cumplir su sueño de ver al Valencia Basket en una Final Four

El dueño de Mercadona, que jugó de joven y soñó con crear un gran club europeo, celebra ahora su mayor éxito deportivo con la clasificación histórica del equipo del que es socio mayoritario tras cuatro décadas de obsesión e inversiones millonarias

Foto: Juan Roig, en el partido que metió al Valencia Basket en la Final Four. (Getty Images)
Juan Roig, en el partido que metió al Valencia Basket en la Final Four. (Getty Images)

La noche en la que el Valencia Basket selló su primera clasificación para una Final Four de la Euroliga, Juan Roig bajó a la pista con una mezcla de orgullo y emoción que no pudo (ni quiso) esconder. Descendió de la categoría de dueño de Mercadona y una de las más grandes fortunas españolas para festejar lo que lleva décadas imaginando como aficionado. Mientras el Roig Arena rugía y la grada celebraba una remontada ya histórica ante el Panathinaikos, el empresario apenas podía esconder la felicidad. "He esperado esto toda mi vida", reconocía después de uno de los partidos más importantes en la historia del club taronja. En ese momento, hablaba el niño valenciano que se enamoró del baloncesto mucho antes de convertirse en uno de los hombres más ricos de España.

Quienes frecuentan los partidos del Valencia Basket aseguran que vive cada encuentro muy pendiente del equipo, aunque rara vez se excede. "Es bastante reservado, no suele mostrar mucha emoción", cuenta a Vanitatis una aficionada habitual del estadio. Sin embargo, sí hay pequeños gestos que revelan hasta qué punto siente conexión: "Los jugadores le quieren muchísimo".

"Se acerca mucho al banquillo, saluda a los jugadores y cuando ganan, enseguida va a abrazarlos", explica. Según relata, tras la histórica clasificación para la Final Four, fueron los propios jugadores quienes corrieron hacia él nada más terminar el partido. "Les despeina, les da palmadas, los felicita... se nota mucho el cariño". Eso sí, no se olvida de ellos en las derrotas: "Cuando pierden, también baja a animarlos y a decirles que no pasa nada”.

placeholder El entrenador del Valencia Basket, Pedro Martínez, y Juan Roig, al acabar el partido. (EFE / Biel Alino)
El entrenador del Valencia Basket, Pedro Martínez, y Juan Roig, al acabar el partido. (EFE / Biel Alino)

La relación de Roig con este deporte se remonta a hace más de 40 años, casi como su amor por Las Fallas. Mucho antes de levantar un pabellón multimillonario, fue un adolescente que jugaba al baloncesto mientras estudiaba Bachillerato. No destacó especialmente sobre la pista, pero sí desarrolló una conexión sentimental con una actividad que, según él mismo ha repetido durante años, representa mejor que ningún otro los valores de la "cultura del esfuerzo". Ese lema, precisamente, ha terminado convertido en una de las señas de identidad del equipo y en una filosofía que atraviesa prácticamente todos los proyectos impulsados por el empresario.

Desde ahí, nació en él una especie de obsesión construida alrededor de una idea muy concreta: demostrar que Valencia también podía sentarse en la mesa de las grandes capitales europeas del deporte. La semilla definitiva llegó en el verano de 1984. Como tantos españoles de aquella época, Roig se enganchó a la selección española que conquistó la histórica medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles. Se levantaba de madrugada para seguir los partidos y quedó fascinado por aquel fenómeno colectivo que convirtió el baloncesto en una fiebre nacional.

placeholder Juan Roig felicita los jugadores al finalizar el partido contra los Panathinaikos. (EFE / Biel Alino)
Juan Roig felicita los jugadores al finalizar el partido contra los Panathinaikos. (EFE / Biel Alino)

Poco después, durante una conversación con su amigo Paco Raga —actual presidente de honor del Valencia Basket—, surgió una pregunta que acabaría cambiando la historia en 2026: ¿por qué la ciudad del Túria no podía tener algún día un equipo capaz de competir al máximo nivel? Dos años más tarde, en 1986, el dueño de Mercadona y su hermano Fernando Roig asumieron la sección de baloncesto del Valencia CF, que acababa de descender y no podía hacerse cargo de ella. Lo hicieron bajo el patrocinio de Pamesa y prácticamente desde cero. Lo que entonces era un proyecto modesto se convirtió, con el paso de los años, en una de las grandes apuestas deportivas de la Comunitat Valenciana.

A diferencia de otros propietarios de clubes, Roig nunca entendió el Valencia Basket como un simple activo empresarial. Su implicación ha sido personal, constante y, sobre todo, económica. Durante décadas ha invertido millones de euros de su patrimonio en construir una estructura capaz de ser competitiva. Solo en la temporada 2024-2025 aportó 19 millones de euros directamente al club dentro del llamado Proyecto Legado, impulsado junto a su mujer, Hortensia Herrero.

La cifra impresiona todavía más si se observa en perspectiva. El presupuesto del Valencia Basket se disparó hasta los 35 millones de euros en la temporada del estreno del Roig Arena, un crecimiento cercano al treinta por ciento respecto a campañas anteriores. Y detrás de esa apuesta hay una idea que Roig lleva años repitiendo internamente: para competir con los grandes hay que comportarse como uno de ellos.

El símbolo más visible de esa ambición es precisamente ese estadio. El nuevo recinto multiusos, concebido para albergar partidos, conciertos y grandes eventos internacionales, se ha convertido en la joya de la corona del proyecto deportivo del empresario valenciano. Con capacidad para 15.600 espectadores en modo baloncesto y hasta 20.000 en conciertos, el pabellón ha supuesto una inversión cercana a los 400 millones de euros sufragados íntegramente con el patrimonio personal de Roig.

Pero el magnate insiste en que no es simplemente un pabellón. Quienes trabajan con él explicaron hace un año a 'Relevo' que siempre ha querido convertirlo en algo más parecido a un punto de encuentro para la ciudad y que lo sitúe entre las grandes capitales culturales y deportivas. De hecho, el recinto ya se ha colado entre los de mayor aforo del continente.

El estreno de esa nueva casa no podía haber tenido mejor guion. La clasificación histórica para la Final Four ha llegado precisamente en la primera temporada del equipo en el Roig Arena y con una atmósfera que emocionó especialmente al presidente de Mercadona. Después del quinto partido ante Panathinaikos, el empresario quiso destacar la respuesta de la afición por encima del resultado. "Lo más bonito es que el público ha respondido de maravilla", dijo todavía sobre la pista. No solo en las victorias, añadió, también en los partidos malos.

Juan Roig como mecenas del deporte valenciano

Esa conexión emocional con Valencia atraviesa prácticamente todos los proyectos impulsados por la familia Roig. Más allá del baloncesto profesional, el empresario ha destinado millones de euros al deporte base y a iniciativas vinculadas a la ciudad a través de la Fundación Trinidad Alfonso, creada en honor a su madre. Desde ayudas a deportistas olímpicos y paralímpicos hasta el impulso del Maratón de Valencia o la construcción de infraestructuras deportivas. La idea que suyace es utilizar el deporte como herramienta de transformación colectiva.

placeholder Juan Roig, durante la celebración del equipo tras quedar campeonas de la Copa de la Reina. (EFE / Manuel Bruque)
Juan Roig, durante la celebración del equipo tras quedar campeonas de la Copa de la Reina. (EFE / Manuel Bruque)

En el caso del Valencia Basket, ese compromiso se refleja especialmente en L’Alqueria del Basket, una de las mayores instalaciones de formación de Europa. El complejo, levantado junto a La Fonteta, cuenta con trece pistas y se ha convertido en referencia continental para el trabajo con cantera. Allí entrenan cientos de niños y niñas cada semana, otro de los aspectos que más orgullo genera dentro del club. "Sin distinción de género", recordó la entidad en una entrevista. Una reivindicación también del crecimiento del equipo femenino, al que Roig quiso mencionar expresamente tras la clasificación europea del masculino.

Quienes le conocen desde hace décadas aseguran que esa perseverancia explica buena parte de su éxito. También su vínculo emocional con la Comunitat Valenciana. Especialmente tras episodios como la DANA que afectó a la región hace dos años y en la que tanto él como su hermano Fernando realizaron importantes aportaciones económicas para ayudar a los afectados y reconstruir instalaciones deportivas.

Tras todo este periplo, la victoria del Valencia Basket y su clasificación para la Final Four es un hecho catártico. Mientras el Roig Arena celebraba una noche ya histórica para el deporte valenciano, Juan Roig parecía disfrutarla como lo hacen los aficionados de toda la vida, pero también como la confirmación de que ha conseguido la idea que lleva persiguiendo 40 años. Así, el joven que se despertaba de madrugada para ver a la selección se ha convertido en el que ha construido la nueva identidad de un equipo que no tiene techo.

La noche en la que el Valencia Basket selló su primera clasificación para una Final Four de la Euroliga, Juan Roig bajó a la pista con una mezcla de orgullo y emoción que no pudo (ni quiso) esconder. Descendió de la categoría de dueño de Mercadona y una de las más grandes fortunas españolas para festejar lo que lleva décadas imaginando como aficionado. Mientras el Roig Arena rugía y la grada celebraba una remontada ya histórica ante el Panathinaikos, el empresario apenas podía esconder la felicidad. "He esperado esto toda mi vida", reconocía después de uno de los partidos más importantes en la historia del club taronja. En ese momento, hablaba el niño valenciano que se enamoró del baloncesto mucho antes de convertirse en uno de los hombres más ricos de España.

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