Carmen Lomana lleva años dominando el arte de la moda. La socialité ha vuelto a dejar una de las imágenes más comentadas de la Feria de San Isidro durante su asistencia a Las Ventas, donde ha firmado uno de esos estilismos que resumen perfectamente su manera de entender la elegancia: clásica, reconocible y con un punto de personalidad que nunca termina de cruzar la línea del exceso.
La tarde de ayer además era importante en el mundo del toro, dado que era la vuelta a los ruedos de Morante de la Puebla yRoca Rey. Ambos diestros sufrieron hace unas semanas unas cornadas que los posaron en la cama del hospital durante días. Pero han vuelto a la plaza madrileña con las mismas fuerzas con las que se fueron.
En una cita donde abundan los vestidos estampados y los tonos neutros, ha optado por una elección mucho más rotunda. La empresaria ha aparecido con un abrigo rojo de líneas depuradas y silueta estructurada que se convirtió automáticamente en el centro del look. Un diseño de Gucci de inspiración sesentera, con cuello amplio y botones joya dorados, que recordaba a esa estética de alta burguesía europea que ella lleva décadas reivindicando como nadie en España.
El rojo destacaba sin pretensiones en un entorno dominado por alberos y tonos tierra, a la vez que se mimetizaba por completo con el color por excelencia en las plazas. Incluso en actos aparentemente informales como una tarde taurina, cada detalle parece pensado para construir una imagen muy concreta de sí misma. El modelo se puede encontrar en la página web de la firma por 2.980 euros.
Carmen Lomana, en Las Ventas. (Gtres)
Debajo del abrigo ha dejado entrever un vestido en color crema con cuello halter y escote de gota en forma de corazón, una combinación que suavizaba visualmente la intensidad del rojo y aportaba luminosidad al rostro. De esta forma, ha mezclado piezas muy clásicas con pequeños guiños a lo chic parisino.
El resultado funcionaba especialmente bien gracias a los complementos. Las gafas de sol negras de inspiración cat eye reforzaban ese aire cinematográfico que tantas veces acompaña a Lomana, mientras que los pendientes dorados y el labial rojo perfectamente coordinado terminaban de cerrar una estética muy coherente. Sin olvidar el bolso, un diseño de tamaño mini con estampado floral y herrajes metálicos, que rompía ligeramente la sobriedad del conjunto y aportaba un punto más primaveral y desenfadado.
En cuanto al calzado, ha recurrido a unos salones bicolor en beige y negro, un modelo eternamente asociado a Chanel y al imaginario de la elegancia francesa. Una elección especialmente inteligente para una tarde larga en Las Ventas, ya que son cómodos, sofisticados y lo suficientemente discretos como para equilibrar el protagonismo absoluto del abrigo rojo.
La Feria de San Isidro se ha convertido desde hace años en una especie de pasarela paralela donde conviven aristócratas, rostros televisivos, empresarios y figuras habituales de la prensa social. En ese escenario, Carmen Lomana sigue jugando con ventaja. No necesita seguir tendencias virales ni sumarse a códigos estéticos juveniles para captar atención. Su estilo funciona precisamente porque permanece reconocible temporada tras temporada.
Carmen Lomana lleva años dominando el arte de la moda. La socialité ha vuelto a dejar una de las imágenes más comentadas de la Feria de San Isidro durante su asistencia a Las Ventas, donde ha firmado uno de esos estilismos que resumen perfectamente su manera de entender la elegancia: clásica, reconocible y con un punto de personalidad que nunca termina de cruzar la línea del exceso.