Belén Bajo, la creativa que diseña joyas inspiradas en cuadros del Museo Thyssen: "Son piezas para llevar puestas, no para quedarse en una vitrina"
Joyera por herencia familiar, su pasión por el mundo del arte llevó a Belén Bajo a crear piezas singulares que hoy se venden en exclusiva en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid
Belén Bajo, una apasionada del arte desde su infancia, creció entre joyas. Procedente de una familia de tradición joyera, su padre y su tío fundaron un almacén de venta al por mayor en los años 60, sería tras cursar sus estudios en Bellas Artes cuando ella tomaría el relevo. "Acompañaba a mi padre a feria, sobre todo por Italia, y poco a poco descubrí que ese universo también podía ser el mío". Entre viaje y viaje, su padre le propuso crear una colección. "Aquella primera línea funcionó", cuenta para Vanitatis. 30 años después, Belén Bajo ha consolidado su firma como una de las marcas de joyas españolas que fusiona tradición y vanguardia con un diseño contemporáneo.
Hace solo un par de años, la creativa, "me gusta considerarse así, no son tanto diseñadora ni artista", logró dar rienda suelta a su mundo con una colección exclusiva para el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid. "Era algo que llevaba años pensando y que terminó por gestarse como un gran sueño". Nombrada colaboradora artesanal del citado museo, diseña joyas inspiradas en cuadros que se exhiben en su colección permanente. Pequeñas obras de arte listas para ser lucidas, "una joya tiene que ser, ante todo, práctica", sentencia.
Joyera por herencia familia, mientras ejercía de profesora en una escuela de diseño le llegó aquella propuesta de su padre. "En España el sector de la joyería no estaba desarrollado. Había muy pocas marcas y ninguna ponía el foco de atención en el diseño como sinónimo de originalidad. La joya de autor no existía. Pensé que era la oportunidad de comenzar algo diferente y me lancé". Belén Bajo vino a llenar ese espacio.
Con una base que puede variar entre oro, plata o latón, la particularidad de las piezas de Belén reside en las piedras. "Los minerales son mis compañeros de viaje", dice en su carta de presentación. "Busco piedras peculiares y poco comunes en joyería, piedras que, aunque sean la misma, son distintas entre sí y que forman joyas singulares". Hablamos de ejemplares como ágatas, ágatas bandeadas, lapislázulis, malaquitas o piedras fósiles. "Cuanto más curiosas sean, más despiertan mi atención". En los últimos años Belén ha percibido un notable aumento en los materiales. "El oro está por las nubes, pero la plata, que hasta hace poco se vendía a un precio razonable, ha triplicado su precio. De ahí que ahora experimente con otros como el latón".
Belén Bajo vende sus joyas artesanas en tiendas especializadas. "Quien compra una joya de autor busca dos cosas: que sean piezas originales y únicas, diferentes a lo que hay en el mercado". La mujer que luce esas pequeñas obras que ella crea es una mujer que trabaja, que tiene vida social y que busca poner el broche de oro a sus looks. ¿La pieza superventas? El anillo Mia, un modelo en forma de teja que vende revestido con diferentes piedras.
Todas se fabrican en Córdoba, en un pequeño taller en el que Bajo colabora desde hace años con Francisco Córdoba, un experto joyero y artesano local. "Para mi es fundamental que cada joya sea práctica y se pueda llevar a diario. Una joya no tiene que pesar ni molestar, tiene que acompañar a la persona que la luce", sentencia.
Gracias al Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid sus joyas se exponen en un entorno ad hoc. "Tenía la inquietud de hacer algo relacionado con el arte. Un día cogí el catálogo de arte moderno del museo y me lancé. Mi primera colección estaba inspirada en un cuadro de El Lissitzky, 'Pround 4B'". Fabricada ónix, plata y plata chapada en oro de 18k, brotaron una serie de piezas de carácter geométrico: pendientes, anillo, collar y broche. A diferencia de las obras que se exponen en el museo, Belén sostiene que "las joyas son para llevarlas puestas, no para quedarse en una vitrina".
Para su segunda colección exclusiva para el Thyssen, la creadora transformó el lienzo 'Árbol seco y vista lateral de la Casa Lombard' de Edward Hopper en una serie de joyas que son homenaje a la naturaleza. "El paisaje que dibujó Hopper cobró vida a través de mis joyas. Al pensar en su obra me dejé llevar por el efecto que me causó el árbol seco y oscuro en contraste con la casa blanca y el paisaje ocre".
En un momento en el que la joyería parece debatirse entre la producción masiva y el lujo efímero, Belén Bajo reivindica el valor de lo auténtico. Sus piezas, concebidas entre minerales únicos, referencias artísticas y oficio artesanal, trascienden la idea de simple complemento para convertirse en pequeñas narraciones que acompañan a quien las lleva. La creadora ha construido un universo propio en el que arte y funcionalidad conviven con naturalidad, algo que ha encontrado también su máxima expresión en su colaboración con el Museo Thyssen-Bornemisza, donde sus joyas dialogan directamente con algunas de las obras de la colección. Porque para Belén Bajo una joya no está hecha para permanecer inmóvil tras un cristal, sino para formar parte de la vida cotidiana, iluminar un gesto y contar, en silencio, la historia de quien la luce.
Belén Bajo, una apasionada del arte desde su infancia, creció entre joyas. Procedente de una familia de tradición joyera, su padre y su tío fundaron un almacén de venta al por mayor en los años 60, sería tras cursar sus estudios en Bellas Artes cuando ella tomaría el relevo. "Acompañaba a mi padre a feria, sobre todo por Italia, y poco a poco descubrí que ese universo también podía ser el mío". Entre viaje y viaje, su padre le propuso crear una colección. "Aquella primera línea funcionó", cuenta para Vanitatis. 30 años después, Belén Bajo ha consolidado su firma como una de las marcas de joyas españolas que fusiona tradición y vanguardia con un diseño contemporáneo.