La arquitecta de Dior que diseñó su vestido de novia: "Me inspiré en las primeras colecciones de la maison y en el trabajo de Raf Simons"
Abrimos el álbum de boda de Lucía, arquitecto senior en Christian Dior Couture y una novia con las ideas muy claras sobre su look nupcial, "buscaba un vestido muy depurado, de líneas limpias"
La boda de Lucía y Steeve. (Fotos Tras Luces Pálidas)
La historia de amor entre Lucía Vidal y Steeve Montbertrand comenzó en París y precisamente en esa ciudad, cuna de la alta costura, ella encontró la inspiración para diseñar su vestido de novia.
Natural de Madrid, la arquitecto senior en Christian Dior Couture de 32 años y el responsable de compras en la industria oleoquímica 33 años, se conocieron en la capital de Francia. "Fue durante un encuentro fortuito poco después de que yo regresase a París tras haber pasado el confinamiento en Madrid. En aquel momento llevaba ya tres años viviendo en París, de donde es Steeve. Los primeros meses de nuestra relación fueron muy especiales. París seguía bajo toque de queda, y con los restaurantes y cafés cerrados, pasábamos el tiempo paseando por la ciudad y aprovechando los fines de semana para correr por Versalles", recuerda.
Lucía y Steeve en su preboda. (Fotos Tras Luces Pálidas)
"Después de muchos viajes y cinco años juntos, Steeve me pidió matrimonio el 1 de enero de 2025, en París. Volvíamos de celebrar juntos por primera vez la Nochevieja en casa de unos amigos. Eran las tres de la mañana y, antes de volver a casa, Steeve insistió en quedarnos un rato más hablando sobre todo lo que queríamos conseguir ese año. Entonces llegó la sorpresa: una pedida inesperada que cambió por completo todos los planes que teníamos para 2025".
La boda sería en Madrid. Como manda la tradición, su enlace, marcado para el 25 de abril de 2026, se dividiría en dos actos: ceremonia religiosa en la Iglesia Catedral de las Fuerzas Armadas y celebración en el Soto de Mónico, una finca situada a los pies del río Henares. Entre familiares y amigos venidos de otras ciudades, estaban convocados 150 invitados. Los novios se encargaron de organizar y planificar su gran día sin la ayuda de wedding planners.
La novia llegando a la ceremonia. (Fotos Tras Luces Pálidas)
"Para Steeve y para mi había tres elementos imprescindibles. El primero, una ceremonia religiosa que hablara de nosotros y que, al mismo tiempo, hiciera sentir incluidos y emocionados a todos nuestros invitados. El segundo, un menú muy cuidado, con especial atención al producto y alejándonos de propuestas demasiado modernas o conceptuales. Y el tercero, una celebración con un ritmo natural, donde cada momento fluyera de manera espontánea y sin artificios. Todo salió exactamente como lo habíamos soñado, pero además nuestras expectativas se vieron completamente superadas gracias a la generosidad y el cariño de nuestros amigos y familias", confiesa.
Con el enlace fijado en el calendario, Lucía se ocupó de su look. "Empecé haciendo pruebas en París, pero no encontraba nada que realmente me representara. Mi carpeta de inspiración estaba llena de vestidos del primer Christian Dior y de diseños de Raf Simons,donde la simplicidad nace de un patronaje complejo y de líneas extremadamente limpias. También hice pruebas en Madrid con distintos diseñadores, pero nada me convencía". La arquitecta decidió poner en pausa el diseño del traje. "Pasé el verano dibujando ideas y disfrutando de un proceso mucho más intuitivo y personal".
Lucía y Steeve, recién casados. (Fotos Tras Luces Pálidas)
Tras el verano, la madre de Lucía conoció a Carmen J Sánchez, la diseñadora que daría forma a sus ideas. "Tenía muy claro que quería un vestido construido alrededor de una sola idea. Es un concepto que utilizamos mucho en arquitectura: cuando un diseño funciona, no necesita elementos añadidos que distraigan o desdibujen la esencia inicial. Buscaba un vestido muy depurado, casi arquitectónico, trabajado a partir de un único tejido, un solo gesto de patronaje y un volumen limpio y preciso. Quería que todo girara en torno a ese bustier sencillo que se abre en una falda redonda con movimiento. No quería cola, botones ni cortes en la cintura; me interesaba especialmente la verticalidad de la silueta y la manera en que la amplitud de la falda aportaba ligereza y movimiento al caminar".
Acompañada de Carmen y prueba a prueba, hasta un total de cuatro, comenzó el proceso de creación. "Empezamos a trabajar sobre una toile, ya que el vestido, al estar construido a partir de piezas continuas y sin corte en la cintura, necesitaba quedar completamente definido antes de cortar el tejido definitivo, un raso blanco puro. Todo el trabajo de patronaje fue extremadamente preciso, porque el equilibrio del vestido dependía justamente de esa aparente simplicidad", señala. El resultado: un pieza impecable. "Después del cóctel, descosí las mangas y el vestido se transformó en un bustier todavía más depurado y moderno, casi como una segunda versión del diseño".
Los novios en su sesión de fotos. (Fotos Tras Luces Pálidas )
Para los complementos, la novia se decantó por marcas españolas. Las sandalias 'Gadea' en plata de Micuir y un tocado de flores de Charo Agruña."Sentía que necesitaba incorporar un elemento que aportara textura, pero que siguiera respetando esa idea de simplicidad y coherencia que había guiado todo el diseño. Irma, de Charo Agruña, ideó el tocado trabajando el tejido del vestido tanto del derecho como del revés para construir los pétalos. El resultado fue delicadísimo y muy especial". Por último, un velo confeccionado por Carmen J Sánchez, un diseño corto y con volumen.
En el terreno de las joyas, Lucía destaca los pendientes. "Fueron una regalo muy especial de mi madre y mi hermana de La Joya Clásica, una tienda de joyas antiguas. Son un entramado de diamantes talla baguette y brillante que, de alguna manera, recuerda a un tejido. Me gustaba esa mezcla entre sofisticación y trabajo artesanal, muy en línea con el vestido". Como ramo, un bouquet de peonías blancas.
La noche antes del gran día, la pareja celebró una fiesta preboda en Casa Victoria, una cita para la que Lucía llevó un top de Zara, una falda de Christian Dior Couture y unas sandalias de Celine.
El vestido de novia de Lucía. (Fotos Tras Luces Pálidas)
El día de la boda, la arquitecta vivió los preparativos con sus padres y su hermana. "No hubo ni fotógrafo ni video, quería preservar mi calma y guardar este rato en familia". Del peinado se encargó la peluquera de confianza de su madre, Annía, y del maquillaje, Ana Sánchez. "A la iglesia nos llevó, a mi padre y a mí, mi primo Joaquín, que había venido desde Huelva junto con gran parte de mi familia. Fuimos en el coche de mi padre y aproveché el camino para llamar a mi abuela materna que no pudo venir. Fue un momento muy emotivo".
Dentro de la iglesia, además de sus invitados, estaba esperando Steeve vestido con un trajes de dos piezas con chaqueta cruzada de Scavini, "una auténtica referencia del traje a medida en París". Mención especial para la corbata, "fue uno de los guiños más personales del look: un modelo de Christian Dior con el emblemático estampado Cannage de la maison". Con Lucía en el altar, empezó la ceremonia, "vivimos momentos muy especiales que recordaremos siempre con muchísimo cariño".
Detalles de Soto de Monico. (Fotos Tras Luces Pálida
"Nuestro sacerdote, Don Javier Boada, nos sorprendió al comenzar la ceremonia dedicando unas palabras en francés a los invitados de Steeve y a toda su familia. Fue un gesto precioso. Más adelante, nos dedicó también una reflexión muy personal en la que relacionaba nuestras profesiones con la elección mutua como marido y mujer. Consiguió un equilibrio muy bonito entre emoción y cercanía: hubo risas, alguna carcajada y muchísima emoción durante toda la ceremonia".
Tras la ceremonia, la celebración continuó en Soto de Mónico, en un entorno natural cuidado al detalle y con una propuesta estética muy elegante y contemporánea. Allí, el seating plan fue protagonista. Concebido como una pieza central, un gran copón floral situado sobre una mesa en mitad del jardín, acompañado de cartas personalizadas para cada invitado, donde se indicaba su mesa asignada. "La decoración floral la trabajamos junto a Elena Suárez, buscando reforzar el estilo limpio, minimalista y ligeramente inesperado de toda la identidad visual de la boda".
En la celebración. (Fotos Tras Luces Pálida
Lucía y Steeve también quisieron cuidar especialmente los pequeños detalles para los invitados. "Personalizamos tabletas de chocolate de Manufacture Paysac, una maison francesa cuyos productos compramos con frecuencia y que nos apetecía compartir con nuestros amigos y familia. En la mesa presidencial añadimos un clavel de crochet para cada testigo, como un pequeño gesto personal. Y en las mesas donde se sentaban amigas embarazadas, regalamos baberos que bordé a mano con un pequeño logo diseñado por nosotros, un detalle muy íntimo y cariñoso que nos hacía especial ilusión preparar".
El catering fue cuidado y seleccionado con mimo por los protagonistas. "En el coctel nos hacía ilusión incorporar dos estaciones que representaran nuestras raíces y nuestros gustos personales. Por un lado, una estación de tortillas españolas con cinco variedades distintas y, por otro, una selección de quesos franceses de Brie Alto, una quesería francesa del Mercado de Chamberí que nos encanta y a la que solemos ir con frecuencia".
Lucía y Steeve, muy felices. (Fotos Tras Luces Pálidas)
La comida tuvo lugar en el salón principal de la finca, transformado con una atmósfera cálida gracias a una instalación de luces suspendidas del techo, que aportaban un aire íntimo y sofisticado al espacio. La decoración floral, en tonos suaves y naturales, acompañaba la estética depurada de toda la celebración. Ya en la mesa, dos menús: uno vegano, "como yo soy vegetariana, diseñamos un menú completamente vegano compuesto por un salmorejo de cerezas y unos medallones de seitán como plato principal", y otro clásico, "un suquet de carabineros y el famoso solomillo Wellington de Monico". De postre, tarta árabe y mousse de chocolate vegana. "Todo estuvo acompañado por champagne francés importado directamente de la bodega familiar Guy Charlemagne".
El primer baile. (Fotos Tras Luces Pálida)
Los recién casados abrieron el baile con un tango, "nos pareció una manera divertida y muy especial de hacer algo inesperado y salir completamente de nuestra zona de confort y estuvimos yendo a clase tres meses antes". En ese momento, Lucía se cambió de look por un minivestido con plumas.
Cerramos al álbum de boda a cargo de Tras Luces Pálidas con la reflexión final de la novia. "Creo que nuestra boda fue un éxito, al menos para nosotros, porque desde el principio tuvimos muy claro qué era lo verdaderamente importante: casarnos rodeados de la gente que más queremos. Con el tiempo entendimos que una boda no es solo un acto de amor hacia tu pareja, sino también un gesto de generosidad por parte de todos los invitados que deciden acompañarte y dedicarte ese día. Nosotros quisimos agradecerles esa presencia creando una celebración en la que todos pudiéramos sentirnos cómodos, felices y realmente unidos".
La historia de amor entre Lucía Vidal y Steeve Montbertrand comenzó en París y precisamente en esa ciudad, cuna de la alta costura, ella encontró la inspiración para diseñar su vestido de novia.