Así vive la familia Roig las Fallas desde dentro del casal de Convento Jerusalén: "Juan Roig llega con su blusón y su paella siempre sonriente"
Hablamos con su entorno que resume su forma de disfrutar la fiesta como discreta, arraigada y con amor por Valencia; una pasión que este año es más visible con sus nietas como falleras mayores
El olor a buñuelo recién hecho se mezcla con la pólvora que todavía flota en el aire. En el casal de Convento Jerusalén-Matemático Marzal, entre carteles de antiguas falleras mayores y recuerdos de gloria, las nietas de Juan Roig y Hortensia Herrero viven la fiesta más valenciana como una más. Uno de los apellidos más poderosos de la terreta también tiene su refugio en este rincón del corazón de Valencia, donde aparentemente nadie habla de negocios y las jerarquías se disuelven entre platos de paella y brindis con mistela.
Este 2026, el foco recae en dos de las nietas del dueño de Mercadona. Juana Paula Centeno Roig, de 19 años, y su prima pequeña serán las falleras mayores de la comisión. Ambas han crecido en el casal de Convento y su nombramiento vuelve a poner en evidencia la larga relación de la familia Roig con la fiesta. Como dicen quienes las conocen: "Llevan la falla en la sangre".
La mayor, estudiante de Administración y Dirección de Empresas, pertenece a la falla desde que nació. Su madre, Carolina Roig, también fue fallera mayor en 1994. Igual que la benjamina, hija de Hortensia Roig Herrero, que perteneció a la Corte de Honor de Valencia en 1993. Además, su dedicación a la fiesta ha sido reconocida con el Bunyol d’Or i Brillants, una distinción que solo se otorga a quienes han sido falleros durante al menos 30 años. Un reconocimiento que, además de premiar la fidelidad a la fiesta, también refuerza la imagen de la familia en el entorno fallero. Así que la saga continúa.
La trayectoria de los Roig en esta comisión se remonta a más de una década. La clave la da una fuente de su entorno que prefiere mantener su anonimato: "La sensación es que Convento es como una familia muy grande". La actividad fallera no solo se concentra en la semana grande, del 15 al 19 de marzo, durante todo el año se celebran actos y fiestas que unen a sus miembros. "Está formada por personas a las que le gusta acoger a los nuevos, entras y enseguida te sientes parte", comenta.
La comisión de Convento Jerusalén es una de las más emblemáticas y reconocidas de la ciudad, con casi quinientos miembros. Desde fuera se la asocia con un lugar donde la élite empresarial valenciana se reúne para sus negocios, pero quienes la viven por dentro insisten en que el ambiente es otro. “Dentro del casal no se habla de trabajo. Vienen a divertirse, a reír, a compartir. Los cargos se quedan fuera", desvela la fuente. Así, la falla se convierte en un refugio, donde poder bajar las barreras.
Eso sí, las alianzas que se crean traspasan sus puertas. "Puede que los hombres hagan comidas fuera donde hablen de negocios, pero dentro solo hay ganas de pasarlo bien, empezar proyectos nuevos y ver cómo se puede mejorar la falla".
Las ganas de desinhibirse no pasan de largo entre los dueños de Mercadona. "Son muy amables, participativos y sencillos. En el casal se comportan como uno más", declara. Para ella, lo más impactante es ver pasear a Juan Roig: "Habla con unos y con otros. Es gracioso verlo con su blusón mientras se come su platito de paella siempre con una sonrisa".
Su mujer, Hortensia Herrero, no es muy distinta. La describen como una mujer amable, cercana, integrada en la falla y siempre pendiente de su familia. "Tienen su grupo de amigos con los que se sientan en las comidas y las cenas, pero se ve que son muy familiares".
La que más participa es su hija mayor, Hortensia, siempre acompañada por su marido, Jesús Ferrer Pastor, empresario de gestión de centros deportivos. Durante la proclamación de su hija, que es el acto en el que se la designa como fallera mayor infantil, "no pudo evitar emocionarse".
Juana Paula y su prima pequeña no tuvieron una actitud diferente. “Ese día estaban contentísimas. Rodeadas de su familia y sus amigas, con una ilusión que se contagiaba a todos", explica su entorno. Llevan el cargo con orgullo y su comisión tiene muy claro que serán unas representantes a la altura. "Son niñas muy alegres, muy cariñosas y con mucha educación", apunta nuestra fuente.
La familia es habitual en todos los actos del calendario fallero: comidas, cenas, reuniones y, por supuesto, la Ofrenda a la Virgen de los Desamparados, uno de los momentos más emocionantes del año. "Desde la más pequeña hasta la más mayor, viven ese momento con muchísima emoción", cuenta. Es un acto que incluso remueve a los ateos cuando giran la esquina y ven la imagen de la Virgen antes de entregarle su ramo. "Ellos lo sienten así también".
Su relación con las Fallas se remonta a varias generaciones. Antes de llegar a Convento Jerusalén, la familia perteneció a La Bicicleta, otra comisión con solera. Allí, en 1994, Carolina fue fallera mayor, y desde entonces todas las hijas de Juan Roig han ocupado algún cargo. La menor, Juana Roig Herrero, fue fallera mayor en 2019, cerrando un ciclo que hoy se renueva con sus sobrinas. En la familia hay 11 nietos, y todos, de una manera u otra, han vivido la fiesta desde la cuna.
Su implicación no se limita a la fiesta. Tras la DANA de octubre del año pasado, que devastó municipios como Paiporta, Convento Jerusalén decidió asumir el coste de un monumento para que la ciudad pudiera plantar y quemar la mala suerte. Un gesto solidario que resumía la filosofía del casal y que contó con el apoyo de toda la familia. Además, la Fundación Hortensia Herrero donó 60.000 euros a cuatro talleres de indumentaria valenciana afectados por la tormenta y Mercadona ayudó a sus trabajadores afectados con una donación de 40 millones de euros.
En Convento, la solidaridad se mezcla con el ingenio. La comisión ha hecho historia este 2025 al conseguir un cuádruple premio en la Sección Especial —mejor falla infantil, ingenio y gracia, mejor falla mayor y ninot indultat mayor—, consolidando su posición como una de las grandes referencias de la fiesta. Pero detrás de los trofeos y la influencia hay un espíritu que sus falleros defienden con orgullo.
La familiaridad es uno de los lemas que llevan por bandera. “Y eso incluye a los Roig. Cuando entran al casal, son uno más. Preguntan por los trajes de los demás, se acuerdan de cosas de años anteriores, felicitan, se ríen", concluye nuestra fuente. Con apellido o sin él, el fuego, el ruido y la emoción son parte de la identidad valenciana, pero también lo es esa manera de entender la fiesta como un espacio donde todos comparten lo mismo: la ilusión por mantener viva una tradición.
El olor a buñuelo recién hecho se mezcla con la pólvora que todavía flota en el aire. En el casal de Convento Jerusalén-Matemático Marzal, entre carteles de antiguas falleras mayores y recuerdos de gloria, las nietas de Juan Roig y Hortensia Herrero viven la fiesta más valenciana como una más. Uno de los apellidos más poderosos de la terreta también tiene su refugio en este rincón del corazón de Valencia, donde aparentemente nadie habla de negocios y las jerarquías se disuelven entre platos de paella y brindis con mistela.