David y Goliat. Los pequeños productores artesanos y Makro
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David y Goliat. Los pequeños productores artesanos y Makro

El que un grande de la distribución se comprometa con el pequeño productor artesano para dar salida a sus productos ha merecido el premio como una de las mejores ideas del 2015

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Verduras

El término sostenibilidad es uno de los más manidos, repetidos y cacareados por voceros de todo tipo, que muchas veces tratan de reflejar a través del uso abusivo de palabros absolutamente desgastados por su uso indiscriminado y torticero, para disimular una realidad hueca y vacía de contenido pero que la corrección política y empresarial exigen para mantener un discurso actual y en línea con el discurso oficialista de cualquier corporación que desee trascender su propio ámbito y por supuesto aparecer en medios, debe emplear.

Cuando la sostenibilidad se refiere a hechos concretos que realmente contribuyen de modo eficaz y real al sostenimiento a largo plazo de pequeños artesanos, productores y agricultores, que desgraciadamente sí son una especie en vías de extinción, merece una loa. Makro, la gran multinacional alemana de la distribución, ha lanzado una iniciativa pionera en el mundo: Alma Makro que contribuye a la sostenibilidad real de quince pequeños productores locales: agricultores, ganaderos y pescadores; para que estos puedan poner sus productos artesanos al alcance del cliente final y del hostelero.

Pequeños productores en cuyo ánimo y pese a las dificultades encontradas por el habitual abuso de las grandes distribuidoras, estaba el de la mera continuidad de una forma de trabajar, de un modo de elaborar productos de alimentación, tal y como lo habían hecho en cada uno de sus lugres durante generaciones, para obtener productos más auténticos, y sobre todo absolutamente naturales. Por medio de este proyecto Makro se compromete a adquirir la mayor parte de estas producciones y venderlas en sus centros sin obtener beneficio económico alguno para ayudar a estos pequeños productores a que puedan seguir elaborando sus alimentos de la forma artesanal.

Pollos de la raza Pita Pinta, autóctona de Asturias. Pilar Collada, a través de su pequeña empresa familiar, cría estos pollos de forma tradicional y al aire libre, para sacrificarlos a los siete meses de vida, garantizando así una carne jugosa y sabrosa.

Las hamburguesas y salchichas procedentes del pastoreo natural de cabras en Sierra Calderona, que Ricardo Crespo, ha recuperado para por un lado crear de forma natural una red de cortafuegos para la prevención de incendios, y por otro obtener una carne más sabrosa y tierna.

Tomate Huevo de toro. José Antonio Triviño se propuso recuperar una variedad de tomate autóctono malagueño que tomaba de pequeño y que reunían en un solo producto, a diferencia de lo que sucede hoy con la mayoría de variedades: Sabor, textura, aroma y color. Un solo tomate de esta variedad puede llegar a superar el kilo de peso.

Pesca de calidad realizada con cañas y artes tradicionales. Desde Tenerife, Rafael Rodríguez, de Islatuna, combina la defensa de los productores del sector primario con el acceso a un producto fresco, de calidad y respetuoso con el medio ambiente.

Queso artesanal de la DO Idiazábal. Aitor Unamuno, pastor en Barajuen (Alava), elabora el queso de forma artesanal añadiendo dos tipos de cuajo: el normal y el natural que procede de los corderos lechales que él mismo cría. Así, consigue un queso que mantiene el sabor más tiempo en boca.

La cebolla Guayonge, el chivo lechal, el cochino negro y el cordero pelibuey, de Canarias. El queso Gamoneu, de Asturias; el chivo lechal de Málaga; el buey tudanco de Cantabria; los embutidos ibéricos de Toledo, el azafrán de La Mancha; los percebes y navajas de las islas Cíes, la miel de roble de Riaza y las frutas y verduras de la huerta de Aranjuez, en Madrid; son el resto de productores que reúne este proyecto.

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