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Las cenizas de Julián, de vuelta a España
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Las cenizas de Julián, de vuelta a España

Lo que no se pudo hacer por él en vida se ha hecho ahora a través de las gestiones del consulado de España en Asunción. Está

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Las cenizas de Julián, de vuelta a España

Lo que no se pudo hacer por él en vida se ha hecho ahora a través de las gestiones del consulado de España en Asunción. Está previsto que el miércoles los hijos mayores reciban las cenizas de su padre, que murió el pasado 4 de agosto en el centro Médico Bautista. Nada se pudo hacer por recuperar sus constantes vitales y fallecía de madrugada.

Junto a él Yolanda Franco, su novia o su “último tren”, como había definido Lago la relación con esta joven paraguaya que ha demostrado fortaleza y sobre todo un inmenso amor por un hombre del que, por edad, nada sabía. Ni de su currículo profesional, ni personal y, seguramente, tampoco del amoroso. Lo único que conocía era que había elegido su pueblo natal, Simón Bolívar, para organizar con ella su último proyecto de vida.

Compraron una hacienda, y digo compraron, porque fue Lago el que decidió instalarse en ese lugar. Nadie le obligó y nadie le engañó. Como él decía estas Navidades a los amigos con los que se vio “Es una mujer que me entiende, me acompaña y sobre todo me quiere por encima de todo. Con ella quiero volver a empezar” aseguraba rememorando la película de Garci.

Desde que sufrió el accidente Yolanda no se separaba de su lado. Pasaba las veinticuatro horas del día junto a él. Cuando tenía que acudir a la farmacia a comprar medicinas o asearse, alguna de sus hermanas la sustituía. “Desde que llegó a mi país nunca ha estado solo. Éramos muy felices”, afirmaba la novia del periodista.

Ana Lago, que el fin de semana pasado le dedicaba a su padre una crónica intensa, aclaratoria en sus afectos y emotiva en El Mundo, reconoce que fue a Yolanda la primera persona que le habló de la situación desesperada en la que se encontraba su padre, y que por lo tanto tenían que hacer lo que fuera por traerlo a España.

Como decía al principio, no pudo ser. Por omisión o por enredar, que de todo ha habido. El caso es que Julián Lago murió en Paraguay, el lugar donde una joven paraguaya le hizo feliz. Ahora se habla de su gran fortuna –que no era tal-, como sabe su familia directa. De los supuestos intereses oscuros de Yolanda para quedarse con lo que, me insisten, no había. Del testamento que cambió en su último viaje a Madrid…

En vida a muy pocos les interesó que hacia o deshacía, y me consta que antes de volver a su finquita de Simón Bolívar llamó a muchos conocidos para comer, tomar café o simplemente charlar por teléfono. Sólo unos pocos amigos hicieron un hueco para verlo y escuchar sus futuros proyectos, que tenían que ver con una fundación que quería organizar para atender las necesidades intelectuales más básicas. “Y por supuesto todo esto -decía- lo hago con Yolanda”.

Por eso los ataques despiadados y malintencionados que han surgido en contra de esta chica demuestran que quizá hay gente interesada en manipular el único hecho cierto. Julián Lago, desencantado del primer mundo encontró la paz y quiso compartirla con Yolanda Franco. Lo demás son cuentos. En septiembre esta previsto que su sobrino David organice en Madrid un homenaje póstumo al que muchos consideran maestro de periodistas y mejor persona. De todas formas aún está por ver que las cenizas no vuelvan a Paraguay. Todo dependerá de la apertura del testamento donde figuran sus últimas voluntades. Es muy posible que Julián haya dejado claro en qué lugar quería que reposaran sus restos.

Lo que no se pudo hacer por él en vida se ha hecho ahora a través de las gestiones del consulado de España en Asunción. Está previsto que el miércoles los hijos mayores reciban las cenizas de su padre, que murió el pasado 4 de agosto en el centro Médico Bautista. Nada se pudo hacer por recuperar sus constantes vitales y fallecía de madrugada.