Pocas cosas parecen tan sencillas como hervir arroz, pero cualquiera que lo haya intentado más de una vez sabe que no siempre sale como debería. A veces queda apelmazado, otras se pasa de cocción y, en no pocas ocasiones, pierde esa textura suelta que lo convierte en una base útil para casi cualquier plato. Sobre esa idea ha puesto el foco Jordi Cruz, que ha compartido una fórmula muy concreta para preparar arroz redondo de forma fácil, limpia y sin margen para el error.
Lo interesante de su propuesta es que no busca convertir el arroz en una receta protagonista, sino en una preparación de base bien resuelta. Un arroz que sirva para acompañar, para saltear después o para incorporar a otras elaboraciones sin que se rompa ni se pegue. Y para conseguirlo, el chef insiste en una idea muy clara: aquí lo importante no es improvisar, sino seguir bien cada paso.
Antes siquiera de poner la cazuela al fuego, Jordi Cruz se detiene en una fase que muchos suelen hacer deprisa o directamente saltarse: lavar el arroz varias veces. El chef parte de medio kilo de arroz de grano redondo y recomienda enjuagarlo hasta que el agua salga lo más limpia posible, al menos tras dos o tres lavados.
Ese gesto tiene una función concreta: retirar parte del almidón exterior para evitar que el arroz quede pastoso o excesivamente compacto una vez cocido. No se trata solo de limpiar, sino de preparar el grano para que después quede más suelto. Es un paso básico, pero decisivo, sobre todo cuando lo que se busca no es un arroz cremoso, sino una cocción seca y ordenada.
A bowl of rice
La medida exacta de agua y sal
Una vez lavado y bien escurrido, llega la parte en la que Jordi Cruz deja menos espacio a la intuición. Su método se apoya en una proporción muy concreta: 500 gramos de arroz, 600 mililitros de agua y 5 gramos de sal. Nada de calcular “a ojo” ni de corregir sobre la marcha.
Esa precisión no es casual. El chef plantea una cocción muy controlada, donde cada cantidad está pensada para que el arroz absorba justo lo que necesita y mantenga una textura firme, pero agradable. La sal, además, no se deja para el final: se añade al agua desde el principio para que el grano tome sabor durante la cocción. Como él mismo explica, le gusta que el agua tenga “un poquito de sazón”.
Con el arroz, el agua y la sal ya repartidos en la cazuela, el siguiente paso es tapar y llevar al fuego fuerte durante cuatro minutos. Según explica Jordi Cruz, en ese primer tramo lo que ocurre es que el agua empieza a hervir y arranca realmente la cocción.
Cuando el método es preciso, el resultado habla por sí solo
Después de esos cuatro minutos llega el cambio importante: el fuego baja al mínimo y el arroz se deja diez minutos exactos. Sin remover, sin destapar y sin tocar nada. Ese respeto por el proceso es parte esencial del método. No hay que intervenir más de la cuenta porque la cocción está pensada para que el arroz se haga de forma regular y absorba el líquido sin romper su estructura.
Cuando pasan esos diez minutos, el fuego se apaga, pero la receta todavía no ha terminado. Jordi Cruz añade un último gesto que suele marcar la diferencia entre un arroz correcto y uno realmente bien hecho: dejarlo reposar cinco minutos más, con la tapa puesta y sin tocarlo.
Ese reposo permite que el vapor remate la cocción y que el grano se asiente. Solo después se puede destapar. El resultado, según describe el chef, es un arroz ya cocido, “suelto, maravilloso” y listo para servir o utilizar como base de otras recetas. Es una forma de cocinar muy medida, pero precisamente por eso resulta tan fiable.
El valor de esta cocción está en su versatilidad. No se plantea como un plato final cerrado, sino como una preparación de fondo para tener a mano.Jordi Cruz la recomienda para guarniciones, salteados o cualquier receta en la que haga falta un arroz bien cocido y con buena textura.
Wok de verduras con arroz. (iStock)
Eso lo convierte en un recurso muy práctico para la cocina diaria. Tener dominada una cocción así permite improvisar después con verduras, carne, pescado o incluso aprovechar sobras con mucho mejor resultado. Porque cuando la base está bien hecha, todo lo demás se construye con más facilidad.
Más allá de la receta concreta, la explicación de Jordi Cruz deja una idea que vale para muchas otras elaboraciones: en cocina, lo sencillo suele salir mejor cuando se hace con método. Aquí no hay ingredientes extraños ni técnicas complejas. Solo hay lavado, proporción, tiempo y reposo.
Pocas cosas parecen tan sencillas como hervir arroz, pero cualquiera que lo haya intentado más de una vez sabe que no siempre sale como debería. A veces queda apelmazado, otras se pasa de cocción y, en no pocas ocasiones, pierde esa textura suelta que lo convierte en una base útil para casi cualquier plato. Sobre esa idea ha puesto el foco Jordi Cruz, que ha compartido una fórmula muy concreta para preparar arroz redondo de forma fácil, limpia y sin margen para el error.