Francisco Marín, nutricionista: "Sí puedes comer torrijas y cuidarte a la vez cocinadas en airfryer y sin azúcar añadido"
Mantiene el sabor especiado, el interior jugoso y el punto reconfortante que se espera del postre, pero rebaja parte del peso que suele acompañarlo y demuestra una manera de comer saludable y rico a la vez
El nutricionista explica como hacer unas torrijas saludables (@nutrisaludfranmc)
Las torrijas son uno de esos placeres que aparecen con fuerza cuando llega la Semana Santa. También arrastran, en muchos casos, la etiqueta de ser muy calóricas. Frente a esa idea, el nutricionista Francisco Marín propone una alternativa más ligera que no renuncia al sabor reconocible del postre y resume su planteamiento con una frase directa: “Sí puedes comer torrijas y cuidarte a la vez”.
Su propuesta parte de una revisión sencilla de la receta tradicional, sin convertirla en otra cosa. La base sigue estando ahí: pan, leche aromatizada, huevo y canela. Lo que cambia es la forma de prepararla y algunos ingredientes clave. En lugar de freírlas, Marín apuesta por cocinarlas en airfryer, y en vez de recurrir al azúcar habitual, utiliza eritritol para rebajar la carga final del postre.
El resultado, según explica, mantiene la textura que se espera de una buena torrija: “doradita por fuera, tierna por dentro”. Esa es precisamente una de las claves de su receta, que busca conservar el atractivo de siempre con un perfil algo más amable desde el punto de vista nutricional.
La elaboración arranca con una leche infusionada con cáscara de limón y canela en rama, a la que añade edulcorante y “un toque secreto”, aunque sin detallar en qué consiste. Después, el pan se empapa bien en esa mezcla y se pasa por huevo batido antes de ir directamente a la freidora de aire durante unos ocho o diez minutos, el tiempo suficiente para que adquiera ese acabado dorado tan característico. El remate final llega con una mezcla de canela y eritritol.
Marín también pone atención en el tipo de pan. Frente a opciones más dulces o pesadas, recomienda “un buen pan blanco tradicional de masa madre”, que, a su juicio, funciona especialmente bien para esta receta. Es un detalle importante, porque buena parte del resultado depende de que el pan absorba bien la leche sin perder estructura.
Más allá del paso a paso, el nutricionista introduce un argumento que conecta con quienes quieren disfrutar de estos postres sin sentir que se salen por completo de una alimentación equilibrada. Según explica, una torrija clásica, frita y rebozada en azúcar, puede situarse fácilmente entre las 300 y las 350 calorías por unidad. Esta versión, en cambio, rondaría aproximadamente entre las 150 y las 180, dependiendo del pan utilizado.
La torrija es el postre más tradicional de Semana Santa. (Freepik / wirestock)
La diferencia, apunta, se sostiene sobre tres cambios muy concretos: eliminar la fritura, prescindir del azúcar añadido y evitar panes más calóricos, como el brioche. No se trata de convertir la torrija en un alimento “fitness”, sino de aligerar la receta sin despojarla de lo que la hace apetecible.
De hecho, el propio nutricionista insiste en esa idea. “Sea cual sea tu elección, disfruta sin pensar en nada más”, señala. La frase no solo acompaña una receta, también resume una forma de entender la relación con la comida en fechas señaladas: con algo más de flexibilidad y bastante menos dramatismo.
Las torrijas son uno de esos placeres que aparecen con fuerza cuando llega la Semana Santa. También arrastran, en muchos casos, la etiqueta de ser muy calóricas. Frente a esa idea, el nutricionista Francisco Marín propone una alternativa más ligera que no renuncia al sabor reconocible del postre y resume su planteamiento con una frase directa: “Sí puedes comer torrijas y cuidarte a la vez”.