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el exministro celebró su cumpleaños el miércoles

Miguel Boyer: 75 años de economía, política y ‘efecto Preysler’

Más en solitario que en otras ocasiones. Así es como ha celebrado Miguel Boyer sus 75 años de vida. Su círculo recuerda la vida social que llevó en los 80

Foto: Preysler y Boyer en una fotografía de archivo (I. C)
Preysler y Boyer en una fotografía de archivo (I. C)

Más en solitario que en otras ocasiones. Así es como ha celebrado Miguel Boyer sus 75 años de vida. Como ya publicó Vanitatis la celebración del cumpleaños de Boyer ha tenido lugar en su domicilio, al lado de Isabel Preysler y sin las multitudinarias fiestas de antaño. El que fuese Ministro de Economía durante el Gobierno de Felipe González ha cambiado radicalmente de vida, ya que desde que sufriese un ictus el 27 de febrero de 2012, su vida social ha mermado de forma considerable. Durante los años 80, no había reunión de la jet en la que Boyer y Preysler no fuesen protagonistas. “Parecían conjuntados a la perfección cada vez que entraban en una fiesta de sociedad. Todas las miradas se dirigían hacia ellos irremediablemente, sobre todo a ella, que parecía tener siempre el mejor vestido para lucirlo en cada ocasión”, asegura un conocido de la vida social de aquella década, en la que Boyer fue mucho más que un ministro o un economista que había trabajado en el Banco de España o había sido el subdirector del Servicio de Estudios del Instituto Nacional de Industria. Se había convertido, quizá a su pesar, en todo un personaje.

Sin embargo, antes de la llegada de Preysler a su vida, Boyer había sido un hombre con mundo propio. Viéndole como un privilegiado, casado con la mujer más elegante de España, a muchos les costaría imaginarlo encarcelado a raíz de su militancia socialista pero así fue durante la década de los 70. “No conozco a casi nadie a quien contase alguna anécdota de ese tipo entonces. En las fiestas de sociedad no se molestaba en hablar en exceso de política o de su estancia en la cárcel. Ni siquiera de Felipe González; al menos con nosotros que pertenecíamos a un mundo más artístico y que no sabíamos ni papa de economía”. A pesar de las reticencias a convertirse en un personaje de sociedad, hay quien piensa que Boyer quiso pertenecer a un atractivo mundo que tenía al alcance de la mano y que nunca había formado parte de su cotidianeidad o de sus sencillos orígenes. Su nacimiento estuvo condicionado por la Guerra Civil, ya que tuvo lugar el 5 de febrero de 1939 en San Juan de la Luz, Francia, lugar al que se había ido su familia tras exiliarse de España. Su madre, he hecho, procedía de una familia de La Rioja muy vinculada a la política de izquierdas.

Después del nomadismo fruto de la Guerra, el joven Miguel estudió en el Liceo Francés y se licenció en Ciencias Económicas en la Complutense de Madrid. Sus años de formación forjaron un carácter algo arisco ante los demás, una personalidad que también debía transmitir en esas fiestas junto a su esposa. “Una noche, una persona del grupo en el que estábamos le dijo que tenía que coger otra copa porque la suya la habían derramado  y, de repente, miró para otro lado y se acabó yendo. En nuestro círculo sorprendió mucho esa actitud”. No parece que el hermetismo se redujese simplemente a él, ya que Isabel Preysler, con la que se casó el 2 de enero de 1988 en los juzgados de la calle Pradillo de Madrid, siempre ha sido bastante discreta en sus declaraciones sobre él. El enlace fue uno de los pasos más importantes de sus vidas y el acercamiento de dos mundos opuestos: el de la política y la economía y el del ‘glamour’ de las revistas del corazón.

“No parece casualidad que, cada vez que entraban en una fiesta, ella fuese el centro de atención. En el fondo todos pensábamos que él ya estaba bastante harto de ser el expropiador de Rumasa, un caso que estaba día y noche en televisión. Se había convertido en un personaje y, paradójicamente, creía que estar casado con la Preysler le beneficiaba a la hora de desviar la atención sobre él”.  Y como bien se dice, era toda una paradoja que intentase conseguir eso puesto que, en las famosas parodias de José María Ruiz Mateos tras la expropiación de Rumasa, su empresa, siempre estaba incluida Preysler. Si Boyer no quería ser carne de parodia o bufa, su matrimonio con la reina de la elegancia lo había hecho. “Una vez le preguntaron que con quién había dejado a la niña, Ana, y también evitó responder. Parecía molestarle la sola insinuación de que su vida era la de un privilegiado que podía permitirse dejar a la niña con una niñera”. El tiempo y el ictus sufrido en 2012 acabaron alejando a Boyer de ese mundo de fiestas y amigos de una noche, dejando a Preysler como única embajadora de la elegancia y el buen gusto publicitado. Quizá entonces pudo hacer realidad lo que Preysler decía sobre él cuando afirmaba que era un “hombre muy de verdad, sin frivolidad de ningún tipo”. 

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