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la crisis entra en su casa de puerta del hierro

El 'crepúsculo' de Isabel Preysler

La imagen de Isabel Preysler ha estado siempre unida al triunfo mediático, pero la crisis también ha hecho mella en su imperio de glamour y sofisticación

Foto: Isabel Preysler y Tamara Falcó, en una imagen de archivo (I.C.)
Isabel Preysler y Tamara Falcó, en una imagen de archivo (I.C.)

La imagen de Isabel Preysler ha estado siempre unida al triunfo mediático. Sin tener currículum académico, artístico o laboral -sólo social y marital- ha conseguido ser la mujer de las grandes portadas e icono de referencia de marcas y firmas comerciales, que siempre han querido tenerla en nómina. La repercusión estaba asegurada. Si no podían por lo elevadísimo de su caché, al menos la contrataban por temporada, como así hacía Ferrero Rocher, que la mantuvo como protagonista de sus campañas de Navidad. En aquellos años se hablaba de una cifra de 90.000 euros, a la que había que añadir los 300.000 anuales que percibe la socialité por asociar su imagen a Porcelanosa y la cantidad fija de la joyería Suárez y de la revista ¡Hola!, definida por su hija Tamara Falcó como “nuestro álbum familiar”. 

Pero esos eran tiempos gloriosos, donde todo lo que tocaba Preysler suponía un aumento en su cuenta corriente o en la de sus colaterales. Siempre se habló de su participación en la venta de Galería Preciados y su intervención en negocios de altura que llegaban a buen puerto. De hecho, cuando era joven, la bautizaron en Filipinas como goldenfinger por su capacidad para ejercer de rey Midas, que todo lo que tocaba se convertía en oro.

Para Preysler, como le sucedió a Norma Desmond en el Crepúsculo de los Dioses, los tiempos brillantes han dado paso a una vida menos gratificante, donde la crisis ha llamado a su puerta. Mantener su mansión de Puerta de Hierro supone un dineral anualmente. En su día se dijo que superaba los 12.000 euros mensuales poner la casa en marcha. Según escribió Juan Luis Galiacho en el capitulo dedicado a la reina del baldosín, a esa cifra se debía añadir las nominas de su personal de casa: “Por término medio, cuatro empleadas del hogar en régimen de internas, una cocinera y tres doncellas, además del chófer, un jardinero y cuatro personas de seguridad”. Ahora, la casa se le queda grande e incluso se plantea en un futuro cercano ponerla a la venta.

Los contratos por prestar su imagen ya no son como los de antes. Además, los reportajes se pagan ahora como una colaboración puntual y no como cantidad fija mensual, como ocurría antes de que la crisis asomara por la esquina. De ahí que su presencia gráfica en ¡Hola! sea mucho más habitual que antes.

Quizá lo que realmente le preocupe es la situación de Miguel Boyer. Tras sufrir el derrame cerebral que le mantuvo en la UVI durante un mes, fue necesario cambiar la estructura cotidiana de su domicilio. Hubo que adecuar la mansión y el día a día se convirtió en un ir y venir de fisioterapeutas y especialistas para ayudar a la recuperación del enfermo, que no fue tan rápida como se esperaba en un principio. La propia hija del exministro de Hacienda, Ana Boyer, así lo ha contado en los photocall a los que acude y donde su caché ya supera los 6.000 euros: “La rehabilitación de mi padre va muy lenta”.

Isabel Preysler ha pasado de tener una libertad de acción y viajar siempre que le apetecía, a disponer sus salidas en función del estado anímico y físico de su marido. Cuatro días fuera de casa ya es una complicación que es mejor evitar. De hecho, sus desplazamientos a Miami para estar con su hija Chábeli y sus nietos cada vez resultan más difíciles de llevar a cabo. Aunque sus amistades le arropan y procuran organizar encuentros y salidas lúdicas, el ánimo de Isabel Presyler parece no estar atravesando su mejor momento. Sigue acudiendo a las sesiones de belleza en el instituto de Maribel Yébenes, donde encuentra esa calma que da el no pensar en nada. Procura que no coincida con la hora de comer de su marido, porque entonces el exministro protesta. El pasado mes de diciembre acudió a una fiesta organizada por su amiga Carmen Martínez Bordiú en la finca del empresario Luis Miguel Rodríguez y permaneció sentada prácticamente durante toda la velada. Ni el flamenco ni la música disco consiguieron abstraerla de sus problemas personales. Además, su extrema delgadez, que ha preocupado estas últimas semanas, es la muestra de este ocaso de la que un día fue ‘reina de corazones’.
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