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actuará en méxico y en estados unidos este mes

Raphael cumple 71 años y se prepara para hacer las Américas

Una gran noche allende los mares. Es lo que tendrán los espectadores del continente americano que acudan a ver al que allí llaman el ‘divo de Linares’

Foto: Raphael y Natalia Figueroa, en una imagen reciente (Gtres)
Raphael y Natalia Figueroa, en una imagen reciente (Gtres)

Una gran noche allende los mares. Es lo que pensarán los espectadores latinoamericanos y los estadounidenses que acudan a ver al que allí llaman el ‘divo de Linares’ este mes de mayo. El próximo 22, Raphael presenta su gira Mi gran noche en el Auditorio Nacional de México. Después, el jienense, que este lunes sopla 71 velas, pondrá rumbo a Estados Unidos, ya que actuará en el Nokia Theatre L. A Live el día 25 del mismo mes, demostrando la frenética actividad que lo mantiene tan vivo e ilusionado como aquel niño que un día descubrió que tenía un increíble don en la voz. “Esta es una gira especial para él por varios motivos. Se vuelve a enfrentar al público americano y lo hace con un espectáculo que repasa su trayectoria. Es una especie de resumen vital que lleva fuera de España”, aseguran a Vanitatis fuentes cercanas al cantante.

Acompañado de su hijo Manuel Martos y de la esposa de este, Amelia Bono, el cantante se dejó ver por última vez en los Premios Condé Nast Traveler. No sólo se comentó su elegancia al llevar de forma impecable una corbata roja sino que, además y según contaba Carmen Rigalt, formó un auténtico revuelo entre la prensa allí presente, demostrando que, como el vino, las estrellas también brillan más conforme pasan los años. El de Linares parece un superviviente que es capaz de salir ileso, incluso, de las interminables parodias del anuncio de la Lotería de Navidad que realizó a finales del año pasado junto a Marta Sánchez, Montserrat Caballé, David Bustamante y Niña Pastori. Hasta la broma más cruel se hizo con cierto afecto, el mismo que siempre le ha proferido el público latinoamericano. “En los años 70, había cierto ‘pique’ entre el público internacional que obtenía Julio Iglesias y el que obtenía él, pero esa rivalidad, que fue más ficticia que otra cosa, nunca obvió el hecho de que allí se le quiere”, aseguran.

Un complicado trayecto vital

El cantante junto a Natalia Figueroa y sus hijos, Jacobo y Alejandra (Gtres)
El cantante junto a Natalia Figueroa y sus hijos, Jacobo y Alejandra (Gtres)
El Raphael más desconocido es aquel que se llama Rafael Martos Sánchez; ese que, a principios de la década de 2000, se debatió entre la vida y la muerte en un hospital, a la espera de un nuevo hígado que le devolviese la existencia. “Algunos esperan, como cuervos hambrientos, a que me muera”, dicen que llegó a decir cuando veía a la prensa apostada a las puertas del hospital en el que lo trataban. Aquel Raphael que fue trasplantado no hizo olvidar la existencia del otro Raphael, el niño que nació en la localidad de Linares, Jaén, un 5 de mayo de 1943, hace justo 71 años. El uno y el otro nacieron para quedarse, para convertirse en uno de los iconos pop de la música española.

En Salzburgo, Austria, ganó un concurso musical cuando apenas levantaba dos palmos del suelo. Ni siquiera podía intuir que su voz clara y un estilo personalísimo le conducirían a ser uno de los cuatro artistas que han recibido un disco de uranio por la enormidad de sus ventas. Tras llegar a Madrid, la Phillips lo rebautizó como Raphael. Después llegaría Benidorm, un breve contrato con Barclay Record Label y el de la discográfica Hispavox, que fue la encargada de potenciar sus fuertes: su voz grave y poderosa y una gestualidad dramática que le ha valido parodias de todo tipo.

Con respecto a su vida personal, se casó el 14 de julio de 1972 con Natalia Figueroa, a pesar de que ya existían entonces rumores de toda índole sobre su condición sexual, que él matizó pasadas las décadas, con una sorprendente portada en la revista Zero en 2008. “Cada uno es lo que tenga que ser, y bien hecho está. No hay por qué avergonzarse de nada. Pero vamos, yo no soy en ese caso”, aseguraba en la entrevista el padre de Jacobo, Alejandra y Manuel, los hijos que Figueroa le dio.

A mediados de los 80 vivió el declive del tipo de música del que fue abanderado décadas atrás. De nuevo volvió a sacar cabeza, reinventándose para las nuevas generaciones. Sufrió un problema hepático por entonces, que lo llevaría a debatirse entre la vida y la muerte años más tarde, esperando a principios de este siglo un hígado que lo salvase. Así fue finalmente y parte de esa amarga experiencia, que casi se lleva al intérprete de la Llorona o de Digan lo que digan, está en el “sentir y el cantar de esta gira por América”. El de Linares es como su Escándalo, un himno claramente gay que nadie podría haber esperado de un cantante que, en tiempos, fue considerado un ‘mimado del régimen’: cuanto más se escucha, más nuevo parece, algo que podrán comprobar nuevamente en un continente americano que sigue sabiendo que él es ‘aquel’.

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