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federico Muntadas lleva cazando 50 años

Federico Muntadas Prim, el cazador que dijo "no" al Rey Juan Carlos

Si el padre de Felipe VI hubiese aceptado sus condiciones, no hubiese ido a Botsuana, no conoceríamos a Corinna y hoy, posiblemente, continuaría siendo Rey de España

Foto: Federico Muntadas Prim y el Rey don Juan Carlos en un fotomontaje realizado en Vanitatis
Federico Muntadas Prim y el Rey don Juan Carlos en un fotomontaje realizado en Vanitatis

Tataranieto del general Prim y con familia Grande de España (es pariente del duque de Castillejos, duque de Prim y conde de Reus) Federico Muntadas Prim se licenció en Económicas en Barcelona y viajó a Inglaterra para cursar Comercio Internacional en la London School of Economics. Después del prestigioso ISEAD de Fontainebleau (Francia), estuvo preparado para ser un tiburón en el Chase Manhattan Bank en París. Pero no acababa de sentirse completo. Por eso viajó a África. Y el veneno de la sabana se le metió en la sangre para siempre. Mató su primer león a los 26 años. Joaquín Garrigues Walker, que fue ministro de UCD, lo fichó para su Liga Financiera de Madrid. Pero él seguía pensando en la caza y en abatir los cinco grandes. Trabajando en el Banco del Noroeste, con 32 años, salió un día de su despacho y cerró la puerta para siempre. Se hizo cazador profesional.

“Me di cuenta de que la banca no me interesaba. Era muy malo por desinterés, aunque no se notaba (risas). Llegué a ser presidente de un banco, con muy buen sueldo. Pero si no haces lo que te gusta, no puedes hacerlo bien. Yo lo entendí”, nos explica Federico Muntadas. “El hombre llega al automóvil porque en el Paleolítico y el Neolítico fue cazador. Si no, no habría sobrevivido. Esa herencia está hoy sepultada por la tecnología pero el hombre es cazador desde que nace. Es un impulso atávico que la sociedad ha amortiguado. Yo tengo una finca familiar donde cazamos perdices y codornices desde los ocho años”.

Kiko Muntadas tras dar caza a un león (Vanitatis)
Kiko Muntadas tras dar caza a un león (Vanitatis)

El rey Juan Carlos le contactó para ir a cazar en primavera de 2012. No un ayuda de cámara, un asesor o el lacayo palaciego para Asuntos de Caza. El propio rey Juan Carlos descolgó el teléfono y marcó el de Federico Muntadas. “No se extrañe; el Rey y su hermano Alfonso pasaban días cada Semana Santa en nuestra finca familiar [el Monasterio de Piedra, en Nuévalos, Zaragoza]. Vino a pedir precio, condiciones y fechas y no nos entendimos, así que acudió a otra compañía en Botsuana. Todo lo que allí ocurrió lo sé por los periódicos”, zanja Muntadas. ¿Pidió el rey sustanciosa rebaja? “No nos entendimos”, insiste el cazador con una risilla. Es evidente que por ahí van los tiros. No ve a Felipe VI emulando a su padre. “No, no. Este chico no es cazador”.

El servicio que da Tanganyka Wildlife Safari, la compañía para la que trabaja Muntadas es el más completo del sector. También de los más caros, si no el que más, aunque se resiste a confesarnos el precio. El viaje cubre todas las necesidades: desplazamientos, zonas de caza, personal, jeeps, avituallamientos, etc. “No somos baratos. Pero tenemos a los mejores profesionales, incluido Toni Sánchez Ariño”. Se refiere a aquel cazador que se hizo conocido tras el percance de Botsuana al entrar en directo en televisión para defender a su amigo el rey.

La 'escopeta internacional'

Kiko Muntadas en una imagen de archivo (Vanitatis)
Kiko Muntadas en una imagen de archivo (Vanitatis)

No sucede en ese ambiente lo que vimos en La escopeta nacional de Berlanga. La gente va a cazar, no a cerrar tratos comerciales. Además, Federico suele ir con un cliente o dos a lo sumo. “Y si son dos, suelen ser padre e hijo”. El ambiente es mucho más exclusivo de lo que uno cree. “La mitad de mis clientes son muy conocidos. Te pasmarías con sus nombres pero no tengo permiso para decirlos. La caza tiene mala fama y prefieren que no se sepa. Son personas del mundo de la empresa, de las finanzas y, por qué no decirlo, del chanchullo. Porque han venido unos chanchulleros que he acabado viendo en portadas de diarios respondiendo ante el juez. En fin...”.

Aunque Muntadas no trabaja en Botsuana sino en República Centroafricana y Tanzania ha abatido, con clientes, 142 osos en Alaska. No siente lástima ni remordimiento. “Esa cifra es al cabo de 50 años de cazar. Y se trata de una cifra cualitativa. Cada año he podido abatir uno o dos, siempre muy viejos y siempre machos. Animales que ya han cumplido su ciclo vital y hasta perjudican a su propia especie. Son los que un cazador decente abate. También ocurre que viajas al otro lado del mundo, vuelves sin pieza y el cliente se enfada. Aprendes de la derrota lo que la victoria te oculta”.

El veterano cazador relativiza la popularidad de Cecil, el león más famoso de África, pero no su muerte. “Era un león mítico porque estaba en un parque nacional y al alcance de los turistas. Yo no lo conocía. Los grandísimos enemigos de la caza son los furtivos. Ellos han acabado con dos millones de elefantes en Tanzania a lo largo de 12 años. Con 200.000 en los últimos cuatro. Apenas quedan. Son una lacra que matan hembras y cachorros. El cazador debe ir con un profesional que le prepara los animales y en mi caso, el cien por cien de los que abaten mis clientes son machos viejos. Los furtivos acaban con todos. Por carne, por marfil, por el cuerno del rinoceronte o por lo que sea. Mi profesión se acaba porque ellos han terminado con la fauna africana”.

Kiko Muntadas tras cazar a un búfalo (Vanitatis)
Kiko Muntadas tras cazar a un búfalo (Vanitatis)

Y el Peligro. Muntadas recuerda haber sufrido cargas de todos los grandes mamíferos. Arrastra para siempre secuelas de la embestida de un búfalo en África, hace cinco años. Lo levantó en el aire, perdió el rifle… El animal acabó muriendo sobre él y rompiéndole clavícula y costillas al aplastarlo. “Esto es la emoción y estamos acostumbrados a animales de riesgo. La adrenalina, amigo mío”.

¿Cómo reconocer a nuestro protagonista en un evento de categoría? No asiste a muchos pero siempre se tratará del caballero más excéntrico de la fiesta. Una bata de seda, un caftán, una túnica. “Sé que visto raro. He vivido muchos años en Afganistán y he ido por la vida vestido de afgano. Ahora me detienen en la frontera de EEUU si voy así. Reconozco que me visto con ropa de aquí y de allá. Nunca me vestiré como un ejecutivo”.

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