De la mujer del Caprile en la boda de Ana Aznar a vivir embargada: la nueva vida de la ex de Correa
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CARMEN RODRÍGUEZ QUIJANO

De la mujer del Caprile en la boda de Ana Aznar a vivir embargada: la nueva vida de la ex de Correa

Carmen Rodríguez Quijano dice no tener nada. Con todos sus bienes embargados y un exmarido que no le pasa la pensión, atrás queda la imagen de aquella mujer que se codeaba con la 'jet' del PP

Foto: Francisco Correa y su ex en la boda de Ana Aznar (Gtres)
Francisco Correa y su ex en la boda de Ana Aznar (Gtres)

Muy alejada del 'glamour' con el que ustedes la recordarán con aquel Caprile de tul y gasa que costó casi 3.500 euros a las arcas públicas y melena rubia platino al viento, Carmen Rodríguez Quijano, exmujer de Francisco Correa, el presunto cabecilla de la trama Gürtel, asiste estos días al juicio por la trama como una más de los imputados sin apenas destacar y con aspecto demacrado, pelo recogido y unas profundas ojeras.

Atrás ha quedado la poderosa y altiva mujer de Don Vito que miraba a los medios de comunicación presentes en la boda de Ana Aznar, la hija del por aquel entonces presidente del Gobierno, José María Aznar, en 2002 en El Escorial, el enlace de más alcurnia celebrado posiblemente en el Partido Popular. Atrás quedó también la mujer que lucía caros diamantes, perlas o rubíes que un juzgado embargó años después valorándolas en 126.134 euros. Según fuentes jurídicas, desde que la detuvieran por colaborar con su ya exmarido por conseguirle contratos cuando trabajaba como jefa de gabinete de Guillermo Ortega en el Ayuntamiento de Majadahonda, está “derrotada y afronta con mucho pesimismo” el juicio en la Audiencia Nacional.


Su turno de declarar ante el tribunal llegaba este miércoles. Vimos a una Carmen torpe y desvariando, tal y como contó El Confidencial. Le pesa una lista de delitos larga: asociación ilícita, blanqueo de capitales, tráfico de influencias, cohecho continuado, fraude a las administraciones públicas continuado, prevaricación continuada, malversación de caudales públicos, falsedad continuada, fraude y exacciones ilegales a las administraciones y delitos contra la Hacienda Pública. Por todos ellos, el fiscal pide 35 años de prisión.

Tras el escándalo optó por vivir en un segundo plano

Nada queda de aquella mujer férrea cuando era la jefa de gabinete en el Ayuntamiento de Majadahonda. Atrás quedó también la mujer consejera de varias empresas como Pasadena Viajes, Special Events, Construcciones Salamanca, Construcciones Roquiconsa y 25 Alfileres Torrent. La imagen de la Mari Carmen actual es un dibujo difuminado de lo que fue y de la vida que llevó. Desde que se abriera la instrucción de la trama, Rodríguez Quijano optó por un segundo plano del que ahora ha tenido que salir a la fuerza. Asegura no tener nada. Los juzgados se lo embargaron todo a expensas del resultado del juicio y de las responsabilidades que se derivaran de la sentencia. Le bloquearon los fondos en dos cuentas bancarias (con saldos de poco más de 22.000 euros en una y unos 9.000 en otra) y el juzgado no accedió a levantar el embargo cuando pidió dinero para pagar su defensa o el IBI de una de sus propiedades. También embargó cuatro coches que constaban a su nombre (un Suzuki UH, dos Land Rover y un Chrysler Jeep Wrangler).

Atrás quedó su vida en la lujosa urbanización La Finca en el paseo del Club Deportivo número 2, bloque 16, que compartía con Francisco Correa. La vivienda de 480 metros fue adjudicada a la empresa de origen panameño Rainville Services, detrás de la que se encuentra Francisco Spinola, que logró adjudicársela el 1 de diciembre de 2015 para ejecutar una deuda que mantenía con la constructora Construcciones Salamanca, propiedad de su padre, el constructor ya fallecido Emilio Rodríguez Bugallo, implicado en la Operación Malaya, tal como refleja una nota registral a la que ha accedido Vanitatis. Quizás haya sido su episodio más complicado. Según ha podido saber este medio, no fue fácil para Rodríguez Quijano tener que abandonar la casa y protagonizó un episodio difícil con los nuevos moradores que presenciaron algunos de sus vecinos. El juzgado le embargó tres de sus propiedades en Marbella. También perdió el dúplex de lujo de 154 metros cuadrados en Majadahonda que el juzgado quiso embargar, pero que ella negoció entregárselo a Bankia para saldar la deuda por la hipoteca de la casa que había comprado a su nombre por 385.000 euros en régimen de separación de bienes.

Correa no le paga la pensión

Hace poco más de un mes que el juez resolvió sobre su divorcio y, según ha podido saber este medio, fijó la obligación de Correa de pagar 4.500 euros en concepto de alimentos que, según su defensa, nunca ha cobrado y por lo que ya han pedido la ejecución de las medidas. “No ha cumplido con lo que dictaminó el juez. No le pasa nada ni a ella ni a su hija”, afirma. Según sus cuentas, desde que interpuso la demanda de separación en 2014, le adeuda casi 50.000 euros. María Carmen ha trasladado su residencia al sur y, siempre según su abogado, vive gracias a la ayuda de su madre, hermanas y su actual pareja. Curiosamente el juez ha fijado como domicilio familiar, que comparte con su hija Paula, un dúplex de más de 500 metros cuadrados en el lujoso complejo gaditano de Sotogrande que está a nombre de una de las sociedades de su exmarido y que fue embargado por el juzgado en 2009, en pleno estallido de la Operación Gürtel. De Construcciones Salamanca,que levantó su padre, apenas queda nada después de que su hermano se quedara con una empresa llena de deudas y les hiciera firmar un poder a ella, su madre y sus dos hermanas, en el que, según su defensa, renunciaban a todo. El Registro da buena cuenta de la muerte técnica de la empresa.

La estrategia de Rodríguez Quijano es la de una esposa que no sabía o que desconocía los negocios de su exmarido a pesar de que gran parte de su patrimonio estaba puesto a su nombre y figuraba como administradora de las empresas de él. Estos días hemos escuchado repetir frases como “Mi marido no me contaba nada de sus negocios o de sus actividades”, que ya pronunció durante la instrucción ante el juez. “Es otra infanta”, sentencia un letrado. Para su defensa, lejos de las suspicacias que genera la frase, afirma que no hay otra realidad más que esa. El juez lo dictaminará.

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