Descubrimos a la fortuna detrás de la subasta judicial récord en Mallorca (12,6 millones)
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El inmueble fue CONSTRUido por la familia gayÁ

Descubrimos a la fortuna detrás de la subasta judicial récord en Mallorca (12,6 millones)

Un empresario y político austriaco adquiere sin pestañear el hotel mallorquín Mar i Pins con el que Alexander Romanov, un poderoso capo ruso, saldó sus cuentas con el Estado

placeholder Foto: Fotomontaje realizado por Vanitatis
Fotomontaje realizado por Vanitatis

Aprendan a pronunciarlo: Harald Fischl. Su nombre no les dirá nada, pero la sombra de este desconocido y millonario empresario planeaba esta semana en una subasta que se celebraba en Palma de Mallorca y que ponía sobre la mesa el mítico hotel mallorquín Mar i Pins (Peguera, Calviá) por una cantidad difícil de reunir: 12,6 millones de euros. Se trataba del precio mejor pagado en una subasta judicial por parte de la Delegación de Economía y Hacienda de Palma y la curiosidad de propios y ajenos estaba más que justificada.

Sin embargo, nadie obtuvo la foto más buscada; la del millonario inversor que se ha adjudicado el inmueble cuyo último dueño fue Alexander Romanov, el capo de la mafia rusa que saldó la deuda con el Estado cediéndoles el establecimiento. Nosotros te contamos quién es. Esta historia comienza en Mallorca, pasa por Rusia y se queda en Austria, aunque solo sea por el pasaporte de los diferentes propietarios del hotel desde su construcción.

Harald Fischl, en su despachoA pesar de su larga e interesante trayectoria, es difícil conseguir una imagen de este empresario, que el próximo 2 de abril cumplirá 59 años. Nacido en el montañoso municipio de Söchau (Austria), dio sus primeros pasos como camarero mientras cumplía con el servicio militar. Su siguiente escalón fue como agente de seguros hasta que consiguió ser propietario de varias de estas empresas. Y ahí se inició una carrera en inversiones que lo llevaron al sector inmobiliario (desde la gestión de residencias de ancianos a la compra de Wienerwald, la cadena de restaurantes de comida rápida).

En la actualidad es CEO de Fischl Holding Gesellschaft, de la que posee el 99% y desde la que teje sus inversiones. Por cierto, este no es su primer hotel: convirtió el Eco Design Hotel El Gogers en sede corporativa y también tiene intereses conocidos en la costa croata.

De presidir un club de fútbol al Parlamento austriaco

Fischl cumple con el topicazo del millonario metido a presidente de un equipo de fútbol. Como Florentino Pérez u otros magnates salió del anonimato empresarial para convertirse en el máximo exponente del club de fútbol GAK allá por 1991. Aunque tuvo que dejarlo a los siete años por “motivos familiares”, en 2011 se puso al frente del club de baloncesto Panteras Furstenfeld.

Tras los 'pelotazos' inmobiliarios y su incursión en el mundo del deporte, solo le quedaba entrar en política para cumplir con todos los cánones que se esperaban de él. También lo consiguió. Sus pujantes negocios no le impidieron ocupar importantes puestos en la vida política austriaca.

Un histórico hotel

Se desconoce cuáles son las intenciones del magnate para el hotel que inauguró Antonia Gayá Mayol en 1958. En aquella fecha, Mallorca no 'sufría' el boom turístico actual y los Gayá gestionaron durante años un establecimiento pionero situado en Calviá en un privilegiado enclave: 4.500 metros cuadrados construidos y un terreno de más de 2.000 a tan solo 400 metros del mar.

Años después, esa situación geográfica le pasó factura y la Demarcación de Costas del Departamento de Medioambiente obligó a demoler parte del inmueble. Sin embargo, en 2010, encontraron un curioso (y desconocido en la zona) comprador: Alexander Romanov, quién lo compró al nieto de la propietaria, Xisco Sanç Mayol, por seis millones de euros.

placeholder Romanov y su esposa durante el juicio en la Audiencia de Palma (EFE)
Romanov y su esposa durante el juicio en la Audiencia de Palma (EFE)

Romanov devolvió al hotel el lujo perdido, pero no lo abrió al público a pesar de la inversión millonaria realizada en él. Lo convirtió en la sede de sus empresas e inversiones de la mafia rusa conocida como Taganskaya, conocida por apropiarse de empresas por medios violentos, para luego forzar su quiebra fraudulenta. O eso pensaron los agentes de la Guardia Civil que lo detuvieron junto a su familia en 2013, después de haber pinchado sus teléfonos infiltrándose en el hotel sin que ni él ni sus hombres lo percibieran. Los investigadores sitúan a Romanov como el cerebro de una red de blanqueo de dinero de la mafia rusa y a su esposa, que años atrás había sido un alto cargo en el Gobierno ruso, en una posición clave en la organización.

En mayo de 2016, Romanov logró un pacto con la Fiscalía por el que aceptaba tres años y nueve meses de prisión por blanqueo de capitales. Lograba dos cosas: pagar la sanción económica cediendo al Estado el hotel Mar i Pins y que se anulara cualquier referencia a la mafia.

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