El primer paso es alejarnos de la zona en la que has sido picada. Permanecer en el agua podría empeorar el contacto con los tentáculos o dificultar la respiración si el dolor es intenso. Debemos salir con tranquilidad para evitar movimientos bruscos, ya que el estrés puede intensificar la reacción. Por otro lado, aunque la primera reacción suele ser rascarse o enjuagarse con agua dulce, los especialistas coinciden en que esto puede activar aún más las células urticantes. Lo ideal es aclarar suavemente la zona con agua salada (sí, del mar) y evitar cualquier fricción con toallas o arena. Asimismo, a veces quedan pequeños fragmentos de tentáculos adheridos a la piel. Para retirarlos, lo mejor es usar pinzas o incluso una tarjeta rígida (como una de crédito) arrastrando con suavidad. Podemos usar guantes si los tenemos a mano, para evitar que la picadura se extienda a otras zonas del cuerpo o a quien nos esté ayudando.
Por las altas temperaturas es común que se aproximen a la orilla. (EFE/Paco Paredes)
Es importante también aplicar una compresa fría o una bolsa de hielo envuelta en un paño para calmar la inflamación y el dolor. Aunque nunca debemos poner el hielo directamente sobre la piel. El frío ayuda a reducir la reacción y a controlar el dolor durante los primeros minutos tras la picadura. Por último, aunque la mayoría de las picaduras de medusa se resuelven sin complicaciones, si notamos síntomas como dificultad para respirar, mareos, náuseas o una reacción exagerada en la piel, lo mejor es acudir a un centro médico. También conviene hacerlo si la persona afectada es un niño o tiene antecedentes alérgicos.
Estar prevenidos es la mejor forma de disfrutar del mar sin sorpresas desagradables. Y aunque encontrarse con una medusa no es precisamente el mejor recuerdo del verano, saber cómo actuar nos puede ahorrar muchos disgustos.