Las enseñanzas de Thich Nhat Hanh: “La semilla del sufrimiento puede ser fuerte, pero no esperes hasta que no haya sufrimiento para permitirte ser feliz"
Las enseñanzas de Thich Nhat Hanh: “La semilla del sufrimiento puede ser fuerte, pero no esperes hasta que no haya sufrimiento para permitirte ser feliz"
Cuando la mente se asienta, la felicidad deja de ser un objetivo lejano para convertirse en una manera de habitar cada instante
Nacido en Vietnam en 1926, Hanh fue monje, filósofo y un incansable activista por la paz. Su postura firme contra la violencia durante la guerra de Vietnam le valió casi cuatro décadas de exilio, que pasó principalmente en Francia. Desde allí fundó Plum Village, la comunidad internacional de meditación que hoy sigue siendo referente global de la atención plena. Aunque murió en 2022, su legado continúa guiando a millones de personas que buscan una vida más consciente.
Thich Nhat Hanh, en una foto de archivo. (Thich Nhat Hanh Spain)
Entre sus enseñanzas más citadas destaca una reflexión que atraviesa toda su obra: la felicidad no debe posponerse. “La semilla del sufrimiento puede ser fuerte, pero no esperes hasta que no haya sufrimiento para permitirte ser feliz”, escribió. Para Hanh, aceptar el dolor como parte inevitable de la experiencia humana no significa resignarse, sino abrir espacio para que la paz coexista con la dificultad. “Sin barro, no hay loto”: del conflicto nace la sabiduría; de la oscuridad, la luz.
Parte de ese sufrimiento, según el maestro, proviene del ruido mental que acompaña a la vida moderna. Con su habitual sentido del humor, describía este fenómeno como “Radio NPP: No Para de Pensar”, una emisora interna que muchos mantenemos encendida sin darnos cuenta. Esa voz incesante, decía, nos aleja del presente y nos roba la capacidad de conectar con lo que realmente está ocurriendo.
Thich Nhat Hanh. (Reuters)
Su propuesta, lejos de ser abstracta, era sencilla y radical al mismo tiempo: apagar el ruido interior. “Cuando desaparece el ruido en nuestro interior, se produce el vacío del silencio. Este silencio es extremadamente poderoso; lo llamamos silencio atronador”. En ese espacio de quietud, afirmaba, la vida vuelve a hacerse audible. “Tu corazón te está llamando… pero puede que no seas capaz de oírlo porque tu mente está llena de ruido.”
Otra de sus enseñanzas clave se centra en la manera en que consumimos el mundo. Hanh recordaba que todo lo que vemos, oímos o leemos actúa como alimento para nuestra mente. “Un programa de televisión es comida; una conversación es comida; la música es comida; las vallas publicitarias son comida”, advertía. Por eso insistía en consumir con conciencia: de lo contrario, “las toxinas de la violencia, la desesperación y el ansia” pueden infiltrarse en nosotros sin que lo notemos.