Más allá del eterno debate de si la tortilla de patata debe ser con o sin cebolla, hay otra dicotomía que separa los hogares. Por un lado, están aquellos que adoran las tareas domésticas, disfrutándolas como un momento de paz y desconexión cerebral. Por otro, los que las consideran un deber, sin ningún punto de placer.
Si eres de los que no termina de dominar la plancha, o directamente odias planchar, no hace falta dejarse llevar por la arruga. Numerosos hogares están apostando por la plancha de vapor vertical, como la que presentan en Lidl. Un pequeño electrodoméstico pensado para los que no quieren complicarse la vida.
Se trata de un vaporizador vertical que funciona de una manera muy sencilla. Basta con llenar su depósito de agua, enchufarlo y, en apenas unos segundos, empieza a emitir vapor caliente. La prenda se cuelga en una percha y se pasa el cabezal suavemente de arriba abajo. El vapor penetra en el tejido, relaja las fibras y elimina las arrugas aprovechando la propia caída de la ropa.
La plancha vertical de Lidl, disponible en beige y negro. (Cortesía)
A la venta por casi 18 euros en Lidl, 17,99 euros; otra de sus grandes ventajas es la comodidad. Al ser ligera y compacta, se maneja fácilmente con una sola mano y se guarda sin ocupar apenas espacio. Por ello, es perfecta para retoques rápidos antes de salir de casa o para la ropa que llevas en la maleta. Además, el vapor no solo alisa, también ayuda a eliminar olores ligeros y a dar un aspecto más fresco a las prendas, algo especialmente útil en chaquetas, pañuelos o ropa que no necesita un lavado inmediato.
Todo un éxito de ventas que arrasa siempre que lleva a la tienda online de Lidl. Eso sí, conviene tener claro que no busca sustituir por completo a una plancha clásica en casos muy concretos. Si se necesita eliminar pliegues marcados o un acabado completamente profesional en tejidos muy gruesos, la plancha convencional sigue siendo la mejor opción.
Más allá del eterno debate de si la tortilla de patata debe ser con o sin cebolla, hay otra dicotomía que separa los hogares. Por un lado, están aquellos que adoran las tareas domésticas, disfrutándolas como un momento de paz y desconexión cerebral. Por otro, los que las consideran un deber, sin ningún punto de placer.