Sandra Ferrer, psicóloga: "Cuando alguien no nos ha dado lo suficiente, esperemos que se dé cuenta de lo que ha perdido"
La psicóloga analiza este mecanismo emocional y explica por qué, cuando alguien ha sido distante o ambivalente, podemos quedarnos esperando que reaccione para confirmar nuestro propio valor
- Sandra Ferrer, psicóloga: "Nos atrae quien no nos conviene"
- Sigue a Vanitatis en Google para enterarte de todas las noticias
Las relaciones que no terminan de funcionar a veces dejan una sensación difícil de explicar. No siempre se trata de amor o de nostalgia, sino de algo más sutil. La psicóloga Sandra Ferrer pone el foco precisamente en ese mecanismo emocional que aparece cuando alguien no nos da lo que necesitamos.
Según Ferrer, esa reacción es más común de lo que parece y no tiene que ver necesariamente con inmadurez o incoherencia. Lo que ocurre, señala, es que cuando una persona se muestra ambivalente o distante, se activa una sensación interna de rechazo. De forma casi automática, uno puede empezar a sentirse menos valioso o menos suficiente para el otro.
Ese proceso genera una dinámica particular. Aunque la relación no nos haga sentir bien, una parte de nosotros desea que la otra persona cambie, que se dé cuenta de lo que ha perdido y vuelva a buscarnos. Para la psicóloga, ahí es donde aparece una confusión habitual. “Muchas veces no estamos buscando a esa persona, sino el reconocimiento que esperamos recibir a través de ella”, explica.
La diferencia entre ambas cosas es importante. En ocasiones, lo que parece deseo de vínculo es en realidad un intento de recuperar el poder emocional que sentimos que se ha perdido. Cuando alguien no nos elige o no nos da prioridad, puede aparecer la necesidad de demostrar que sí éramos suficientes. Si esa persona reaparece o vuelve a contactar, ese gesto puede generar una breve sensación de validación.
Ferrer describe ese momento como un pequeño “pico” emocional. El mensaje o la llamada funcionan casi como una confirmación externa de valor. Durante un instante aparece alivio o satisfacción. Sin embargo, esa sensación suele durar poco, porque la base de la relación sigue siendo la misma que antes. Si la dinámica no cambia, el malestar reaparece.
Este fenómeno se observa con frecuencia en relaciones incipientes o en vínculos que apenas llevan semanas o meses. En ese tiempo, explica la psicóloga, es fácil proyectar expectativas o imaginar cómo podría llegar a ser la relación. Cuando la realidad no coincide con esa idea, surge el impulso de que la otra persona confirme lo que esperábamos sentir.
La psicóloga advierte que ese juego emocional puede terminar convirtiéndose en una especie de montaña rusa de reconocimiento y decepción. Cuando la otra persona muestra interés, el estado de ánimo sube. Cuando vuelve la distancia o la ambivalencia, la sensación de pérdida regresa.
Ferrer insiste en que este proceso no significa necesariamente que exista un verdadero interés por la otra persona. En muchos casos, lo que está en juego es la propia validación. “A veces no queremos a esa persona, sino que buscamos que nos reconozca”, señala.
Las redes sociales pueden amplificar este mecanismo. Publicar contenido esperando que alguien concreto lo vea o reaccione es, según explica, una forma moderna de buscar esa confirmación externa. En ese caso, el gesto digital cumple la misma función emocional que un mensaje o una llamada.
Desde la psicología del bienestar, comprender este tipo de dinámicas ayuda a diferenciar entre el deseo real de estar con alguien y la necesidad de sentirnos valorados. Cuando el reconocimiento depende exclusivamente de la respuesta de otra persona, la relación puede convertirse en una fuente constante de inseguridad.
- Sandra Ferrer, psicóloga: "Nos atrae quien no nos conviene"
- Sigue a Vanitatis en Google para enterarte de todas las noticias
Las relaciones que no terminan de funcionar a veces dejan una sensación difícil de explicar. No siempre se trata de amor o de nostalgia, sino de algo más sutil. La psicóloga Sandra Ferrer pone el foco precisamente en ese mecanismo emocional que aparece cuando alguien no nos da lo que necesitamos.