Las relaciones no vienen con manual, pero sí con una regla bastante constante: cuando hay vínculo, tarde o temprano aparece el malestar. La psicóloga Sandra Ferrer lo explica sin endulzarlo en uno de sus últimos contenidos: “Las relaciones humanas tienen componentes de placer y de dolor”. Y, a partir de esa idea, propone una clave que suele incomodar al principio y liberar después: en los picos emocionales, el primer sostén no puede ser el otro.
Ferrer parte de una advertencia clara: quien espera un consejo rápido tipo “pastilla” para dejar de sufrir se va a frustrar. “Me encantaría decirte que te voy a dar un tip… pero te estaría engañando”, afirma, porque lo que realmente reduce los altibajos no es un truco, sino un entrenamiento. Lo llama “músculo emocional”, y lo define como la capacidad de tolerar sensaciones desagradables sin entrar en modo ataque, huida o drama.
Uno de los motivos para terminar una relación de amistad puede ser la falta de reprocidad. (Pexels)
Su planteamiento no niega la importancia de una pareja atenta. Al contrario: insiste en que tu pareja puede acompañar, escuchar y tener en cuenta tus necesidades. Pero pone el orden en la frase: “Te invito a que tú seas tu cuidador principal para que tu pareja pueda ser tu cuidador secundario”. La diferencia es sutil y enorme: una cosa es pedir apoyo y otra es exigir rescate.
Cuando ese rescate no llega, suele activarse lo que Ferrer llama la “parte herida”, ese “niño herido” que interpreta señales pequeñas como grandes amenazas. Un ejemplo sencillo: la otra persona no pregunta cómo fue un examen importante y, de repente, aparece “una sensación de abandono”. Ahí, dice, esa parte herida se vuelve “exigente, dramática, impulsiva, demandante e irresponsable”. No porque seas “mala persona”, sino porque es un mecanismo aprendido.
Ferrer también pone nombre a un patrón frecuente: si alguien aguanta una y otra vez explosiones, reproches o exigencias de reparación inmediata, puede construirse una dinámica desigual. Habla de la pareja “salvador-víctima”: una persona arriba, la otra abajo, con una relación que “desempodera” y no invita a crecer. Su aviso es directo: si el vínculo se organiza en torno a que uno sostenga y el otro descargue, la relación se vuelve turbia y frágil.
Tres formas típicas de huir del dolor
Para explicar por qué cuesta tanto “quedarse” con lo que se siente, Ferrer describe tres escapatorias muy comunes. La primera es proyectar el malestar: “quítame esto” (aunque no se diga literal). La segunda es la verborrea, hablar y hablar para vaciar, como si el exceso de palabra evitara el contacto con la emoción. Y la tercera es cognitivizar: teorizar, leer, etiquetar, analizar al otro (actúa así por su herida) para tomar distancia del cuerpo.
Por eso proyectamos en el otro el malestar
Ella lo resume con una consigna que no suena cómoda, pero sí muy clara: “Deja de huir. Quédate con el dolor”. No como castigo, sino como forma de recuperar el mando.
La propuesta de Ferrer apunta a un cambio de lugar interno. Cuando hay músculo emocional, puedes esperar, elegir el momento y hablar sin descargar. No desde “me abandonas”, sino desde “a mí me pasa esto, me he sentido así y necesito esto”. Incluso pone un ejemplo cotidiano: si son las once de la noche, tú estás activada y tu pareja tiene una reunión importante al día siguiente, la autorregulación también es cuidado del vínculo.
Tener de pareja a uno de estos tres signos garantiza relaciones estables. (Pexels)
En su enfoque, lo importante no es “aguantarlo todo”, sino respirarlo, darle espacio y luego ir al encuentro desde una parte más serena. Así, dice, el otro no se siente exigido y es más probable que haya construcción real.
La idea final no es endurecerse ni volverse autosuficiente en modo isla, sino madurar el vínculo: sostenerte primero para poder vincularte mejor después. Porque si el placer y el dolor van a aparecer sí o sí, lo decisivo es desde qué parte de ti los gestionas.
Las relaciones no vienen con manual, pero sí con una regla bastante constante: cuando hay vínculo, tarde o temprano aparece el malestar. La psicóloga Sandra Ferrer lo explica sin endulzarlo en uno de sus últimos contenidos: “Las relaciones humanas tienen componentes de placer y de dolor”. Y, a partir de esa idea, propone una clave que suele incomodar al principio y liberar después: en los picos emocionales, el primer sostén no puede ser el otro.