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Alberto Sanz, adiestrador canino, sobre acariciar a perros ajenos: "No tocamos la cabeza a personas desconocidas por la calle porque entendemos que es invasivo"
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Alberto Sanz, adiestrador canino, sobre acariciar a perros ajenos: "No tocamos la cabeza a personas desconocidas por la calle porque entendemos que es invasivo"

Cada vez más expertos en comportamiento animal piden respetar el espacio de los perros igual que se hace con las personas

Foto: Alberto Sanz, adiestrador canino (Instagram)
Alberto Sanz, adiestrador canino (Instagram)

Cruzarse con un perro por la calle y sentir ganas de acariciarlo es una reacción bastante habitual. Muchas personas se acercan con entusiasmo, hablan al animal con voz cariñosa e incluso intentan tocarlo directamente sin pensar demasiado en ello. Sin embargo, para algunos expertos en comportamiento canino, esa costumbre tan normalizada puede resultar invasiva y generar situaciones incómodas tanto para el perro como para su dueño.

El adiestrador canino Alberto Sanz ha reflexionado precisamente sobre este comportamiento en un vídeo que se ha vuelto muy comentado en redes sociales. Su comparación ha llamado especialmente la atención: “No tocamos la cabeza a personas desconocidas por la calle porque entendemos que es invasivo”. Con esa frase, el especialista intenta hacer reflexionar sobre algo que ocurre constantemente con los perros.

placeholder No es muy adecuado acariciar a perros desconocidos (Pexels)
No es muy adecuado acariciar a perros desconocidos (Pexels)

El adiestrador plantea una escena muy concreta para explicar su idea. Imagina a una persona desconocida que se acerca de repente por la calle, invade el espacio personal, empieza a hablar de forma exagerada y toca sin permiso. Algo que, entre personas, suele considerarse incómodo o inapropiado. Sin embargo, Alberto Sanz asegura que con los perros ocurre continuamente y que muchas veces se da por hecho que deben tolerarlo sin problema.

El especialista critica especialmente a quienes se acercan corriendo, intentan acariciar directamente al animal o incluso aproximan a sus propios perros sin preguntar antes al propietario. Según explica, existe la falsa idea de que un perro “es un peluche” disponible para cualquier interacción. Pero recuerda que cada animal tiene una personalidad distinta, experiencias previas diferentes y niveles variables de confianza con desconocidos.

placeholder Perro alegre al ver a su dueño (iStock)
Perro alegre al ver a su dueño (iStock)

El experto insiste en que hay perros inseguros, otros que han tenido malas experiencias y algunos que incluso están trabajando problemas de comportamiento junto a sus dueños. En esos casos, una interacción inesperada puede generar estrés, miedo o reacciones defensivas. También cuestiona la reacción de ciertas personas cuando un perro gruñe o ladra tras sentirse invadido. Para Alberto Sanz, muchas veces el problema no es agresividad, sino incomodidad o miedo ante una situación que el animal no ha elegido.

El adiestrador defiende que una de las formas más sencillas de respetar a los animales es precisamente respetar su espacio. No todos los perros disfrutan siendo tocados por desconocidos y no todos reaccionan igual ante la interacción física. Por eso, recomienda algo tan simple como preguntar antes de acercarse o intentar acariciar al animal.

placeholder Alberto Sanz, adiestrador canino, sobre acariciar a perros desconocidos (Instagram)
Alberto Sanz, adiestrador canino, sobre acariciar a perros desconocidos (Instagram)

Un gesto pequeño que permite al dueño explicar si el perro está cómodo, si necesita distancia o si prefiere evitar el contacto. La reflexión también pone sobre la mesa cómo muchas veces se interpretan mal las señales de incomodidad en los perros. Apartar la mirada, tensarse o retroceder son formas de comunicación que algunos animales utilizan antes de reaccionar de manera más evidente.

Cada vez más especialistas en comportamiento animal insisten en la importancia de normalizar este tipo de límites y dejar atrás la idea de que todos los perros deben aceptar cualquier interacción simplemente porque sean sociables o cariñosos. El mensaje de Alberto Sanz termina siendo bastante claro: querer a los animales también implica entender que tienen espacio propio, emociones y límites que merecen ser respetados igual que ocurre con cualquier persona.

Cruzarse con un perro por la calle y sentir ganas de acariciarlo es una reacción bastante habitual. Muchas personas se acercan con entusiasmo, hablan al animal con voz cariñosa e incluso intentan tocarlo directamente sin pensar demasiado en ello. Sin embargo, para algunos expertos en comportamiento canino, esa costumbre tan normalizada puede resultar invasiva y generar situaciones incómodas tanto para el perro como para su dueño.

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