Walter Riso, psiquiatra, sobre querer dejar a una persona: "A veces no es falta de amor, es dependencia emocional disfrazada de costumbre, miedo o necesidad"
Aprender a mirar la relación con objetividad, fortalecer la autonomía personal y establecer límites claros puede ser el primer paso para recuperar el bienestar y tomar decisiones más conscientes
El psicólogo Walter Riso, referente internacional en relaciones interpersonales y gestión emocional. (YouTube: Aprendamos Juntos)
Muchas rupturas no empiezan con una gran discusión, sino con una duda que se repite en silencio: querer irse y, aun así, no poder hacerlo. Walter Riso, psicólogo y escritor especializado en relaciones afectivas, pone el foco precisamente en esa zona incómoda donde el amor, la costumbre y el miedo se confunden.
“A veces no es falta de amor, es dependencia emocional disfrazada de costumbre, miedo o necesidad”, plantea Riso en una reflexión sobre los vínculos que cuesta soltar. La frase resume una idea clave: el verdadero problema no siempre es dejar a esa persona, sino seguir justificando lo que duele para no tomar una decisión.
En una relación sana puede haber dudas, crisis y etapas difíciles. Sin embargo, otra cosa distinta es permanecer en un vínculo que resta paz, autonomía o bienestar por miedo a estar solo, a equivocarse o a perder una rutina conocida.
Según la reflexión compartida por Riso, cuando hay dependencia emocional es fácil “justificar lo que duele” y minimizar aquello que afecta. Es decir, la persona puede llegar a llamar amor a una dinámica que, en realidad, le está quitando tranquilidad.
La dependencia emocional también se disfraza de costumbre
Uno de los grandes engaños de la dependencia emocional es que no siempre se presenta como sufrimiento evidente. A veces aparece como costumbre, como miedo al cambio o como una falsa sensación de seguridad.
La persona puede repetirse que “todas las relaciones son así”, que “ya cambiará” o que “no es para tanto”. El problema es que, poco a poco, esa adaptación constante puede terminar borrando los propios límites. Riso insiste en la importancia de mirar la relación con claridad. Lo llama realismo afectivo: ver el vínculo como es, no como uno desearía que fuera.
La primera herramienta que propone esta reflexión es aprender a ser autónomo. La vida, el valor personal y el bienestar no deberían depender por completo de una relación. Amar no significa dejar de hacerse cargo de uno mismo.
La segunda es mirar las cosas sin anestesia. Esto implica dejar de maquillar lo que duele y preguntarse con honestidad si la relación aporta calma, respeto y crecimiento, o si se mantiene solo por miedo.
La tercera pasa por tener claros los límites y los no negociables. No todo puede justificarse en nombre del amor. Hay conductas, silencios, renuncias o dinámicas que conviene revisar antes de normalizarlas.
Las relaciones de pareja se construyen con el tiempo y con decisión. (iStock)
Querer irse y no poder hacerlo
Uno de los síntomas más claros de este tipo de dependencia aparece cuando una persona sabe que una relación le hace daño, pero se siente incapaz de tomar distancia. No porque no vea el problema, sino porque el miedo pesa más que la decisión.
Ahí la pregunta deja de ser únicamente “¿quiero a esta persona?” y pasa a ser otra más profunda: “¿Estoy eligiendo quedarme o estoy evitando enfrentar lo que pasaría si me voy?”.
La diferencia es importante. El amor sano no debería sentirse como una cárcel emocional ni exigir la renuncia constante a la propia paz. Hablar de límites no significa actuar con frialdad ni dejar de querer. Significa reconocer que una relación no puede construirse sobre el desgaste de una sola persona.
Por eso, fortalecer la autonomía, observar la relación con honestidad y reconocer lo que ya no se quiere negociar puede ser el primer paso para recuperar el centro. Como plantea Riso, volver a uno mismo no siempre implica dejar de amar, pero sí dejar de confundirse.
Muchas rupturas no empiezan con una gran discusión, sino con una duda que se repite en silencio: querer irse y, aun así, no poder hacerlo. Walter Riso, psicólogo y escritor especializado en relaciones afectivas, pone el foco precisamente en esa zona incómoda donde el amor, la costumbre y el miedo se confunden.