Con la llegada de las altas temperaturas, muchas personas recurren a una ducha de agua fríapara intentar refrescarse de forma rápida. La sensación inicial puede ser agradable, especialmente después de pasar calor en la calle o tras una jornada intensa, pero no siempre es la mejor estrategia para regular la temperatura corporal.
“La ducha de agua fría para combatir el calor puede ser contraproducente”, afirma Fernández. El motivo está en la respuesta del organismo: al notar un descenso brusco de temperatura, el cuerpo puede activar mecanismos para recuperar calor. Por eso, después de esos primeros minutos de alivio, puede aparecer una sensación de sofoco todavía mayor.
El farmacéutico resume este efecto de forma muy clara: tras una ducha fría, “al rato tendrás todavía más calor”. Es decir, el gesto que parece más refrescante en plena ola de calor puede acabar provocando justo lo contrario.
La recomendación, por tanto, pasa por evitar los contrastes extremos y optar por duchas templadas o ligeramente frescas. De esta manera, el cuerpo puede regular mejor la temperatura sin reaccionar de forma brusca. También conviene hidratarse con frecuencia, evitar la exposición solar en las horas centrales del día y utilizar ropa ligera y transpirable.
La clave no está en enfriar el cuerpo de golpe, sino en ayudarlo a mantener una temperatura estable. Y aunque una ducha helada pueda parecer el remedio más apetecible cuando el calor aprieta, no siempre es la opción más eficaz para sentirse mejor durante más tiempo.
Con la llegada de las altas temperaturas, muchas personas recurren a una ducha de agua fríapara intentar refrescarse de forma rápida. La sensación inicial puede ser agradable, especialmente después de pasar calor en la calle o tras una jornada intensa, pero no siempre es la mejor estrategia para regular la temperatura corporal.