Nathaly Marcus, nutrióloga, sobre cómo nos hablamos: "La propia narrativa de lo que te dices a diario estimula el nervio vago y ahí tus bacterias reciben un impacto de trauma"
Comer bien no siempre es suficiente si cada comida llega acompañada de culpa, miedo o pensamientos negativos, por eso es bueno revisar cómo el estrés sostenido puede terminar afectando a la conexión que existe entre el cerebro y el intestino
Comer sano, hacer ejercicio y descansar bien son pilares habituales cuando se habla de cuidar la salud. Nathaly Marcus añade otro elemento a esta lista: la manera en la que nos hablamos a nosotros mismos y el estrés que pueden generar determinados pensamientos cuando se repiten constantemente.
La nutrióloga aborda esta cuestión durante una entrevista en el podcast de 'Tengo un Plan' en la que explica que el contexto emocional también debería tenerse en cuenta al hablar de alimentación. Para ejemplificarlo, compara disfrutar relajadamente de una comida con hacerlo pensando constantemente que determinado alimento va a sentar mal, provocar inflamación o perjudicar al organismo.
Cuando la preocupación por comer bien genera más estrés
Marcus considera que vivir pendiente de cada ingrediente puede convertirse en otra fuente de presión. Según plantea, pensamientos dominados por el miedo o la anticipación negativa pueden alimentar una respuesta de estrés que no termina cuando nos levantamos de la mesa.
"La propia narrativa de lo que te dices a diario estimula el nervio vago", asegura. La especialista sostiene que esta señalización entre cerebro e intestino puede acabar teniendo repercusiones sobre la microbiota y añade que las bacterias reciben "un impacto de trauma" ante determinadas creencias catastróficas.
Esta última expresión pertenece a Marcus y no implica que las bacterias experimenten literalmente un trauma. Sin embargo, la relación entre estrés, nervio vago y microbiota sí está siendo investigada científicamente.
Qué dice la ciencia sobre el nervio vago y la microbiota
El estudio 'Integrative Neuroimmune Role of the Parasympathetic Nervous System, Vagus Nerve and Gut Microbiota in Stress Modulation: A Narrative Review', publicado en 2025 en International Journal of Molecular Sciences, analiza precisamente cómo el sistema nervioso parasimpático, el nervio vago y la microbiota intervienen en la respuesta del organismo al estrés.
Los autores plantean que estos elementos forman parte de una red de comunicación bidireccional capaz de intervenir en el funcionamiento del eje relacionado con el estrés, el sistema inmunitario, determinados neurotransmisores y procesos metabólicos. El nervio vago aparece dentro de este entramado como una importante vía de comunicación entre cerebro e intestino.
No se trata de pensar en positivo todo el tiempo
Marcus tampoco propone convertir el bienestar en otra obligación. De hecho, durante la entrevista critica la búsqueda constante de la perfección y la acumulación de rutinas saludables hasta el punto de generar todavía más estrés.
Algo similar ocurre con las afirmaciones positivas. La nutrióloga reconoce que repetirse determinadas frases de manera automática puede resultar artificial si realmente no conectan con la persona. Su propuesta pasa por encontrar pensamientos que resulten propios, pedir ayuda cuando sea necesario y adoptar pequeños cambios que puedan mantenerse en el tiempo.
La ciencia no permite afirmar que cada pensamiento negativo altere directamente las bacterias intestinales. Lo que sí está cada vez mejor descrito es que cerebro e intestino mantienen una comunicación constante y que el estrés sostenido puede intervenir en ese complejo diálogo.
Comer sano, hacer ejercicio y descansar bien son pilares habituales cuando se habla de cuidar la salud. Nathaly Marcus añade otro elemento a esta lista: la manera en la que nos hablamos a nosotros mismos y el estrés que pueden generar determinados pensamientos cuando se repiten constantemente.