Manuel Viso, nutricionista: "4 alimentos que tomamos a diario y que inflaman más de lo que crees"
Algunos productos muy presentes en el día a día pueden estar influyendo más de lo que pensamos en nuestro nivel de energía, digestión y bienestar general, especialmente cuando se consumen sin demasiada variación
El nutricionista habla sobre la inflamación crónica (@manuelvisothedoc)
La inflamación crónica no siempre se nota a simple vista, pero puede funcionar como un ruido de fondo que va desgastando al organismo con el tiempo. De ahí que algunos nutricionistas insistan en mirar no solo lo que comemos, sino con qué frecuencia lo repetimos. En uno de sus últimos vídeos, Manuel Viso pone el foco en cuatro alimentos habituales que, según advierte, “inflaman más de lo que crees” cuando se convierten en base diaria de la dieta.
Viso explica que la inflamación crónica es una respuesta defensiva que se mantiene activa durante demasiado tiempo, incluso cuando no hay una amenaza real. Ese estado sostenido, añade, puede alterar el metabolismo, la digestión y el control del azúcar en sangre, favoreciendo la resistencia a la insulina y una peor gestión de la energía. En el día a día puede expresarse con señales poco llamativas pero persistentes, como cansancio, hinchazón abdominal, digestiones pesadas, molestias articulares leves, dificultad para concentrarte o cambios de humor.
En ese contexto, el nutricionista lanza una lista muy concreta. “4 alimentos, 4, que tomamos a diario y que inflaman más de lo que crees”, dice en su intervención, y enumera pan de molde, pasta, arroz y cereales del desayuno. No los señala como “prohibidos”, sino como ejemplos de productos que, por cómo suelen consumirse, pueden favorecer un patrón alimentario más inflamatorio, especialmente si predominan sus versiones refinadas.
El argumento central, tal y como lo formula, está en la composición y en la repetición. “El problema no es algo puntual, es la cantidad altísima que tienen de azúcares y de harinas refinadas”, afirma, vinculando ese exceso a efectos sobre la flora intestinal y el sistema inmune. Según su explicación, cuando esos alimentos ocupan un lugar fijo en la rutina, el cuerpo puede entrar en un estado de alerta sostenido que termina afectando al bienestar general.
Por eso, el mensaje no va tanto de eliminar como de ajustar. “La pregunta no es si los comes, sino con qué frecuencia y en qué cantidad”, plantea, invitando a revisar el conjunto de la dieta. En la práctica, eso implica alternar, priorizar opciones menos refinadas cuando sea posible y construir platos con más equilibrio, de manera que el impacto no dependa solo de un alimento aislado, sino del patrón completo.
Viso lo resume en una idea sencilla y aplicable, sin necesidad de cambios drásticos. “Pequeños cambios hoy, un gran impacto mañana”, señala, recordando que el cuerpo suele responder mejor cuando se reducen los extremos y se gana regularidad. Porque en temas de inflamación, muchas veces el problema no es lo que aparece de vez en cuando, sino lo que se repite sin darte cuenta.
La inflamación crónica no siempre se nota a simple vista, pero puede funcionar como un ruido de fondo que va desgastando al organismo con el tiempo. De ahí que algunos nutricionistas insistan en mirar no solo lo que comemos, sino con qué frecuencia lo repetimos. En uno de sus últimos vídeos, Manuel Viso pone el foco en cuatro alimentos habituales que, según advierte, “inflaman más de lo que crees” cuando se convierten en base diaria de la dieta.