Caminar se ha convertido en el plan saludable por excelencia. Pero esa popularidad también ha alimentado una idea que se repite mucho en redes y conversaciones cotidianas, la de que con salir a andar ya está todo hecho. La nutricionista y entrenadora personal Blanca Pombal lo matiza con claridad, y lo ha explicado en la revista Clara, donde insiste en que el ejercicio, por sí solo, no corrige una rutina desequilibrada.
La experta no cuestiona el valor de caminar, al contrario. Lo define como una actividad sencilla y con beneficios reales para el cuerpo y el bienestar, desde la salud cardiovascular hasta el control del estrés. Sin embargo, advierte de que muchas personas se quedan en la versión más suave del paseo y esperan resultados que, con ese nivel de esfuerzo, no son realistas. Por eso insiste en que caminar solo funciona si se hace con cierto propósito, no como un trámite mientras miras escaparates o respondes mensajes.
El ejercicio de fuerza mejora la masa muscular y la densidad ósea. (Pexels)
Una de sus ideas principales es que la caminata debe cumplir unas condiciones mínimas para tener impacto. Según detalla, debe ser de al menos 30 minutos seguidos, sin pausas y a un ritmo constante de unos 5 km/h. Dicho de otra manera, caminar vale, pero no vale cualquier caminata. La duración, la intensidad y la continuidad marcan la diferencia entre un paseo agradable y un ejercicio que realmente active el cuerpo.
Pombal pone el foco en un punto clave que suele ignorarse cuando hablamos de hábitos saludables. El ejercicio no borra automáticamente lo que comes. A ese ritmo sostenido, señala, el gasto calórico de una caminata es limitado, lo que desmonta la mentalidad de “me lo he ganado” después de andar un rato. Su frase se ha hecho viral por eso mismo, porque corta de raíz la idea de que un gesto saludable compensa un día entero de excesos. “No se puede compensar una mala alimentación con una simple caminata”.
Caminar puede mejorar tu energía, tu estado de ánimo, tu descanso y tu salud metabólica, pero no sustituye una rutina completa si el objetivo es perder grasa, tonificar o mantener músculo. De hecho, otro de los mensajes de la entrenadora en la revista es que caminar no debería venderse como un sustituto total del gimnasio cuando hablamos de salud a largo plazo. “Caminar no sustituye el entrenamiento de fuerza”, recuerda, y lo subraya especialmente en una etapa en la que el cuerpo tiende a perder masa muscular y densidad ósea con los años.
Ahí entra la parte menos popular pero más importante del discurso. La fuerza es insustituible si quieres mantener un cuerpo funcional, prevenir lesiones y sostener el metabolismo. La caminata suma, pero no construye músculo de forma significativa ni genera el estímulo necesario para conservarlo. Por eso, más que elegir entre caminar o entrenar, lo que propone Pombal es entender que son piezas distintas del mismo puzzle.
Caminar con inclinación es mucho mejor que ejercicios menos exigentes. (Pexels/ Anastasia Shuraeva)
Su enfoque también apunta a un error habitual. Muchas personas intentan arreglar una rutina desordenada con una única acción saludable, como si fuera una especie de comodín. Pero el cuerpo no funciona así. El bienestar depende de hábitos acumulados, de lo que haces la mayoría de los días. Si caminas de forma regular, pero comes mal de forma constante, el equilibrio no llega porque no hay coherencia entre ambas cosas. La caminata, en ese contexto, puede ayudarte a sentirte mejor, pero no a revertir el impacto de una dieta hipercalórica, pobre en nutrientes o basada en ultraprocesados.
Caminar se ha convertido en el plan saludable por excelencia. Pero esa popularidad también ha alimentado una idea que se repite mucho en redes y conversaciones cotidianas, la de que con salir a andar ya está todo hecho. La nutricionista y entrenadora personal Blanca Pombal lo matiza con claridad, y lo ha explicado en la revista Clara, donde insiste en que el ejercicio, por sí solo, no corrige una rutina desequilibrada.