Nazareth Castellanos, neurocientífica, sobre la relación entre el intestino, la memoria y el estado de ánimo: "Lo que comemos afecta directamente a nuestro cerebro"
Nazareth Castellanos, neurocientífica, sobre la relación entre el intestino, la memoria y el estado de ánimo: "Lo que comemos afecta directamente a nuestro cerebro"
La neurocientífica pone el foco en la comunicación entre el aparato digestivo y el cerebro y explica por qué aquello que ponemos habitualmente en el plato puede influir también en procesos cognitivos y emocionales
La neurocientífica Nazareth Castellanos, en sus redes sociales. (Instagram/@nazareth.castellanos)
Durante mucho tiempo, cerebro e intestino se estudiaron casi como dos mundos independientes. Hoy sabemos que existe una comunicación constante entre ambos, hasta el punto de que la alimentación y el estado del sistema digestivo despiertan cada vez más interés para comprender aspectos relacionados con el funcionamiento cerebral.
Según explica Castellanos, actualmente se sabe que el intestino interviene en procesos relacionados con "la atención, la memoria, el estado de ánimo" y "la motivación"
El intestino y el cerebro mantienen una comunicación constante
La microbiota intestinal también forma parte de esta conversación. Los microorganismos que habitan en el intestino pueden producir o intervenir en la generación de diferentes compuestos capaces de participar, directa o indirectamente, en procesos relacionados con el sistema nervioso.
Por eso, estudiar la dieta ya no consiste únicamente en observar sus efectos sobre el aparato digestivo. La investigación científica trata de averiguar también cómo los patrones alimentarios y la microbiota se relacionan con determinadas funciones cerebrales, aunque todavía quedan muchas preguntas por resolver y no todos los mecanismos están completamente establecidos.
La relación entre dieta y rendimiento cognitivo, sin embargo, es compleja. Factores como el sueño, la actividad física, el entorno familiar, el nivel socioeconómico o el patrón alimentario general también pueden influir en la concentración y el comportamiento. Por eso, no puede atribuirse el estado de ánimo o la memoria a un único alimento consumido de manera puntual.
La alimentación importa más allá de una sola comida
El mensaje de Castellanos adquiere especial relevancia cuando se observa la alimentación como un hábito mantenido en el tiempo. Una dieta variada y equilibrada proporciona nutrientes necesarios para el funcionamiento normal del sistema nervioso, mientras que el estudio del eje intestino-cerebro continúa ampliando la mirada sobre el papel que puede desempeñar la salud intestinal.
La inflamación del intestino puede hacer que el cerebro se inflame. (Freepik)
La afirmación de que "lo que comemos afecta directamente a nuestro cerebro" no significa, por tanto, que una merienda concreta determine automáticamente nuestra memoria, motivación o estado emocional.
Comprender mejor esa conversación puede ayudar a dejar atrás la idea de que comer bien sirve únicamente para cuidar el cuerpo. El cerebro también forma parte de ese mismo organismo y la ciencia continúa investigando hasta qué punto nuestros hábitos alimentarios participan en su funcionamiento cotidiano.
Durante mucho tiempo, cerebro e intestino se estudiaron casi como dos mundos independientes. Hoy sabemos que existe una comunicación constante entre ambos, hasta el punto de que la alimentación y el estado del sistema digestivo despiertan cada vez más interés para comprender aspectos relacionados con el funcionamiento cerebral.