Rodrigo García, experto en biología humana: "Que nadie nos enseñe cómo funciona el vehículo que habitamos es la mejor forma de que te la pases mal y te pelees con tu cuerpo toda la vida"
Entender que el organismo está condicionado por la genética, el desarrollo, el entorno y los hábitos puede ayudar a abandonar comparaciones poco realistas
El experto en biología nos enseña a cuidar y venerar nuestro cuerpo (YouTube)
Rodrigo García parte de esa diversidad para defender una mayor comprensión de nuestra propia biología. “Que nadie nos enseñe cómo funciona el vehículo que habitamos es la mejor forma de que te la pases mal y te pelees con tu cuerpo toda la vida”, sostiene. Para el divulgador, desconocer las particularidades individuales puede llevarnos a interpretar determinadas características como defectos que deberíamos corregir.
Los glúteos son clave para mantener un cuerpo tonificado y fuerte. (Pexels)
El problema aparece cuando esa diversidad termina convirtiéndose en una batalla contra uno mismo. Comparar el hambre, el peso, el rendimiento deportivo o las necesidades de descanso con los de otra persona puede generar expectativas difíciles de sostener. Conocer el propio organismo no significa resignarse a aquello que podemos mejorar, sino distinguir entre un problema de salud y una característica individual que no necesita ser corregida.
García lleva esta idea más lejos y propone clasificar a las personas mediante cuatro biotipos —colérico, sanguíneo, melancólico y flemático— relacionados, según explica, con rasgos corporales y determinadas tendencias de comportamiento. Su planteamiento recupera los antiguos temperamentos hipocráticos y los incorpora a su propia metodología.
Aquí conviene separar la metáfora divulgativa de la biología contemporánea. La medicina actual no reconoce esos cuatro temperamentos como cuatro tipos biológicos capaces de determinar la personalidad, la temperatura corporal, las enfermedades o la alimentación que necesita cada individuo. Tampoco puede deducirse de forma fiable la personalidad o la historia psicológica de alguien observando la mandíbula, los pómulos, las manos o la distribución de la grasa.
Eso no resta valor a una parte importante de su mensaje: conocer mejor el cuerpo puede favorecer una relación menos conflictiva con él. Saber qué necesita nuestro organismo implica observarlo, pero también acudir a información médica contrastada cuando hablamos de síntomas o enfermedades. Porque aceptar que somos diferentes no requiere encajarnos en cuatro moldes nuevos, sino comprender que la biología humana es bastante más compleja.