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Jordi Segués, divulgador: "A veces nos obsesionamos en las cosas que no hacemos bien o que no son perfectas y no es tan grave como tú crees que es"

Aprender a distinguir entre aquello que realmente tiene consecuencias y los fallos cotidianos que pronto pierden importancia ayuda a rebajar esa presión

Foto: Jordi Segués, consultor y mentor. (YouTube: Jordi Segués)
Jordi Segués, consultor y mentor. (YouTube: Jordi Segués)

Un café que no llega exactamente como esperábamos, una pequeña equivocación en el trabajo o un detalle que no ha salido como habíamos planeado. Hay situaciones que pueden ocupar nuestra cabeza durante horas aunque, para quienes están alrededor, apenas tengan importancia. Jordi Segués pone el foco precisamente en esa diferencia de perspectiva.

A veces nos obsesionamos en las cosas que no hacemos bien o que no son perfectas”, explica el divulgador. Su mensaje no consiste en dejar de intentar hacer las cosas correctamente, sino en preguntarnos cuánto peso merece realmente cada error.

Segués utiliza un ejemplo cotidiano para explicarlo. Imagina acudir a un restaurante donde prácticamente todo ha ido bien, salvo un pequeño detalle con el café. En ese momento puede resultar molesto, pero probablemente unos minutos después haya perdido buena parte de su importancia.

Lo que a ti te parece una montaña, a los demás es como un bache”, resume. La comparación resulta especialmente reconocible para quienes tienden a repasar mentalmente sus errores después de una reunión, una conversación o una jornada de trabajo.

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Este fenómeno puede relacionarse con el perfeccionismo, especialmente cuando la exigencia deja de funcionar como motivación y convierte cualquier desviación del resultado esperado en una fuente de preocupación. Querer mejorar no es necesariamente problemático; lo difícil aparece cuando cometer un error pequeño se interpreta como algo mucho mayor de lo que objetivamente representa.

Aceptar cierto margen de error tampoco equivale a trabajar peor o despreocuparse de las consecuencias. Hay equivocaciones que requieren una solución, una disculpa o un cambio. La cuestión está en aprender a diferenciarlas de esos pequeños contratiempos que no modifican realmente el resultado final.

Segués vuelve a explicarlo mediante una imagen sencilla: conducir por una carretera y encontrarse un bache. Preferiríamos que no estuviera allí, pero atravesarlo no significa necesariamente que el coche vaya a romperse ni que no vayamos a llegar al destino.

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Su reflexión termina precisamente ahí: “Tenemos que aprender a bajar un poco nuestra exigencia en estos temas porque, si no, no vives”. Una invitación a sustituir la búsqueda constante de perfección por una pregunta bastante más práctica: ¿esto seguirá siendo tan importante dentro de unas horas, unos días o unas semanas?

Un café que no llega exactamente como esperábamos, una pequeña equivocación en el trabajo o un detalle que no ha salido como habíamos planeado. Hay situaciones que pueden ocupar nuestra cabeza durante horas aunque, para quienes están alrededor, apenas tengan importancia. Jordi Segués pone el foco precisamente en esa diferencia de perspectiva.

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