Marian Rojas Estapé, psicóloga: "El perfeccionista por definición nunca está satisfecho, siempre busca el defecto"
Una actitud más flexible no solo mejora la salud mental, sino también las relaciones con los demás y la capacidad de disfrutar de los logros sin que estén constantemente sometidos a juicio
El perfeccionismo se ha convertido en un rasgo frecuente en un contexto donde el rendimiento, la productividad y la autoexigencia marcan el ritmo. Muchas personas conviven con la sensación de que todo podría estar mejor, que siempre falta un ajuste o un último repaso. La psicóloga Marian Rojas Estapé analiza este fenómeno desde una perspectiva accesible y cercana, poniendo palabras a una dinámica que afecta tanto al bienestar emocional como a la vida cotidiana.
Rojas Estapé explica que “el perfeccionista, por definición, es el eterno insatisfecho”. No se trata solo de buscar hacer las cosas bien, sino de un estado mental que dirige la atención automáticamente hacia el fallo. Según la experta, este patrón se activa en los detalles más pequeños. “Busca el defecto, porque nunca nada está a la altura”, señala. Así, aspectos como el orden de la casa, los colores, las líneas, las armonías o incluso un simple correo electrónico pueden convertirse en motivo de tensión.
Ese nivel de exigencia no solo se aplica a uno mismo. La psicóloga recuerda que trabajar con un perfil así puede resultar especialmente difícil porque “si una vez tienes un jefe perfeccionista es terrible”, ya que, independientemente del esfuerzo o la calidad del trabajo, “su cerebro está diseñado para ver el defecto”. Esta percepción constante crea un ambiente de alerta que no favorece la cooperación ni la confianza.
Este funcionamiento mental tiene consecuencias directas sobre el organismo. Estapé advierte de los efectos de mantenerse en un estado de tensión sostenida. Vivir pendiente del error, explica, activa una respuesta fisiológica que provoca “intoxicación de cortisol”, una situación que termina afectando al cuerpo y a la mente. “Esa intoxicación de cortisol, lo que me va a generar, es cambios a nivel físico, psicológico y de conducta”, afirma. Puede manifestarse en cansancio persistente, dificultad para descansar, aumento de la irritabilidad, problemas de concentración o una sensación de agotamiento emocional que cuesta identificar.
La psicóloga insiste en que el camino no consiste en renunciar a la responsabilidad ni dejar de esforzarse, sino en aprender a convivir con una parte de uno mismo que exige demasiado. Introducir pausas, aceptar que el error forma parte del proceso y cultivar una mirada más amable pueden ayudar a reducir la presión interna.
El perfeccionismo se ha convertido en un rasgo frecuente en un contexto donde el rendimiento, la productividad y la autoexigencia marcan el ritmo. Muchas personas conviven con la sensación de que todo podría estar mejor, que siempre falta un ajuste o un último repaso. La psicóloga Marian Rojas Estapé analiza este fenómeno desde una perspectiva accesible y cercana, poniendo palabras a una dinámica que afecta tanto al bienestar emocional como a la vida cotidiana.