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El príncipe Andrés, a un paso del club de los Windsor exiliados: "Es la única opción si quiere poner fin al bochorno"
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FAMILIA REAL BRITÁNICA

El príncipe Andrés, a un paso del club de los Windsor exiliados: "Es la única opción si quiere poner fin al bochorno"

El "niño favorito" de la reina Isabel II ya no tiene quien lo defienda. Y parece que su decisión de renunciar al uso de sus títulos ya no es suficiente. Los británicos quieren más

Foto: El príncipe Andrés. (EFE/EPA/Archivo/Andy Rain)
El príncipe Andrés. (EFE/EPA/Archivo/Andy Rain)

La palabra exilio vuelve a sobrevolar los salones de Buckingham. Noventa años después de que el entonces rey Eduardo VIII se viera obligado a renunciar al trono por enamorarse de una socialité americana divorciada (motivo por el que Isabel II acabó convertida luego en reina), la historia se repite, aunque ahora con un guión infinitamente más sórdido. Lo que en los años treinta fue un escándalo romántico que cambió el curso de la monarquía británica, en 2025 amenaza con convertirse en la mayor vergüenza institucional. Porque esta vez no es por amor, sino por las acusaciones de pedofilia de un hombre que se creía intocable y ha acabado aplastado por sus propios excesos.

El príncipe Andrés ha renunciado a su título de duque de York y a todas las distinciones honoríficas que aún conservaba, incluida la Orden de la Jarretera, la más antigua y prestigiosa condecoración del Reino Unido. Pero parece que eso no es suficiente para escapar de las sombras de un escándalo sexual que mancha diariamente la reputación de la institución que quiere ahora cortar cualquier resquicio de vínculo con el que siempre fue el hijo favorito de Isabel II.

placeholder El príncipe Andrés junto a su madre, Isabel II. (EFE)
El príncipe Andrés junto a su madre, Isabel II. (EFE)

“El único modo de que esta historia desaparezca es si se exilia”, ha sentenciado el escritor Andrew Lownie, autor de 'The Rise and Fall of the House of York'. Lo dice sin eufemismos: el duque caído —porque ya ni siquiera es duque— “debería abandonar el Royal Lodge, el palacete de treinta habitaciones donde vive con su exmujer Sarah Ferguson y marcharse al extranjero si realmente quiere poner fin al bochorno”. Sus palabras no han caído en saco roto. Ni en Westminster ni en la prensa británica.

Los últimos acontecimientos se han desencadenado ante la inminente publicación del libro póstumo de Virginia Giuffre, la mujer que acusó a Andrés de haberla agredido sexualmente cuando era menor y que acabó quitándose la vida el pasado mes de abril. “Era un hombre que actuaba como si tener sexo conmigo fuera su derecho de nacimiento”, relata en algunos extractos adelantados por los rotativos.

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Fue precisamente por nacer en palacio y ser hijo de reina, por lo que Andrés se convirtió en príncipe. Pero si ha perdido prácticamente todo ¿por qué sigue conservando ese privilegio? El título sólo puede ser retirado por decisión directa del soberano mediante un documento llamado 'letters patent' y, de momento, Carlos III ha optado por no dar ese paso.

“Es un título ligado a su nacimiento, algo que la difunta reina consideraba especial”, ha explicado el comentarista real Alastair Bruce. En otras palabras: dejar de ser príncipe no depende de la voluntad de Andrés, sino del pulso político y emocional de su hermano mayor, que parece más inclinado a arrinconarlo discretamente que a despojarlo públicamente de todo vestigio de sangre azul. Se habla, no obstante, de que el heredero al trono, Guillermo, querría ser más radical.

placeholder El príncipe Andrés y Sarah Ferguson. (Reuters)
El príncipe Andrés y Sarah Ferguson. (Reuters)

La presión crece. Parlamentarios como la laborista Rachael Maskell piden modificar la ley para que el monarca pueda retirar títulos sin necesidad de recurrir al Parlamento. “El caso de York —ha dicho— demuestra que necesitamos un mecanismo claro para actuar ante comportamientos que atentan contra los valores de una ciudad y de una nación”.

En realidad, Andrés ya vive en un exilio de facto. No representa a la monarquía, no recibe fondos públicos y su nombre se ha borrado de las agendas oficiales. En 2019, tras la famosa entrevista con la BBC en la que intentó justificar su relación con el depredador sexual Jeffrey Epstein, la Casa Real le apartó de todo acto oficial. En 2022, su madre Isabel II le retiró los títulos militares y le prohibió usar el tratamiento de Su Alteza Real, coincidiendo con la demanda civil que Giuffre interpuso en Nueva York.

El Royal Lodge: 30 habitaciones

El caso se resolvió con un acuerdo millonario extrajudicial, que el príncipe pagó “sin admitir culpa”, pero cuya cifra —alrededor de 12 millones de libras— fue interpretada por la opinión pública como un reconocimiento implícito. Con todo, Andrés continúa en la línea de sucesión, aunque su papel dentro de la familia real es puramente decorativo.

Por lo tanto, no es el exilio forzado y elegante de Eduardo VIII, que acabó en la Riviera francesa junto a Wallis Simpson, sino uno mucho más sombrío: el de un hombre confinado en sus propios errores, atrapado entre los muros de una residencia que ya no le pertenece moralmente.

El Royal Lodge, su casa de 30 habitaciones dentro del parque de Windsor, pertenece al Crown Estate, el conglomerado de propiedades de la Corona. Se calcula que paga un alquiler simbólico de unas 260.000 libras al año, una cifra que nadie sabe exactamente de dónde procede y aunque es inalcanzable para la mayoría de los mortales se considera irrisoria para una mansión de ese calibre.

placeholder Andrés junto a sus hijas, Beatriz y Eugenia. (Reuters)
Andrés junto a sus hijas, Beatriz y Eugenia. (Reuters)

El exministro Norman Baker ha exigido que se hagan públicos los términos de ese contrato: “Si no está dispuesto a mudarse a una vivienda más acorde a su estatus actual, el país tiene derecho a saber cómo se le permite seguir allí”. Según Baker, todas las propiedades reales tienen cláusulas de rescisión, y sería posible “forzar su salida si el rey lo considera oportuno”.

Mientras tanto, Sarah Ferguson —que también ha perdido el título de duquesa de York— continúa viviendo con él. Una convivencia que, más que romántica, parece cimentada en la dependencia mutua y el aislamiento que crece cada con la bola de la polémica.

Scotland Yard está investigando ahora un correo electrónico en el que Andrés habría pedido a un escolta real que obtuviera información privada sobre Giuffre, supuestamente para “desacreditarla”. El mensaje, fechado en 2011, dice: “Parece que tiene antecedentes en Estados Unidos… he dado su fecha de nacimiento y número de la Seguridad Social para que lo investiguen”.

"Era grosero y condescendientes. Se creía intocable"

Los expertos legales ya han advertido que, si se demuestra que la petición existió, podría tratarse de una violación de la privacidad y abrir la puerta a nuevas acciones judiciales. “Nada me sorprende de cómo trataba Andrés a su personal”, ha declarado un antiguo trabajador de palacio al diario 'Daily Mail.' “Era grosero y condescendiente. Se creía intocable”, apunta.

Además, nuevos correos electrónicos procedentes del Congreso estadounidense indican que Epstein mantuvo contacto con Andrés más tiempo del que él reconoció, e incluso le presentó a otra de sus víctimas. En uno de los mensajes, Epstein le propone cenar con “una amiga que creo que disfrutarás conociendo”. Andrés responde: “Por supuesto. Estaré encantado de verla”

Buckingham Palace, como es habitual, guarda silencio. En los despachos reales, el objetivo es contener los daños. “El deseo del rey es que este asunto quede zanjado de una vez por todas”, comenta un asesor. Pero los medios, políticos y la opinión pública no parecen dispuestos a olvidarlo.

En definitiva, el “niño favorito” de la reina ya no tiene quien lo defienda. Y en la Casa Windsor, donde todo gesto tiene valor político, su renuncia forzada a los títulos no es solo una humillación personal, sino un paso obligado de una institución cuya permanencia depende precisamente del sentir de la calle.

La palabra exilio vuelve a sobrevolar los salones de Buckingham. Noventa años después de que el entonces rey Eduardo VIII se viera obligado a renunciar al trono por enamorarse de una socialité americana divorciada (motivo por el que Isabel II acabó convertida luego en reina), la historia se repite, aunque ahora con un guión infinitamente más sórdido. Lo que en los años treinta fue un escándalo romántico que cambió el curso de la monarquía británica, en 2025 amenaza con convertirse en la mayor vergüenza institucional. Porque esta vez no es por amor, sino por las acusaciones de pedofilia de un hombre que se creía intocable y ha acabado aplastado por sus propios excesos.

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