La familia del rey Juan Carlos exhibirá unidad en El Pardo por petición suya
Las infantas Elena y Cristina asumen (aunque no celebran) su ausencia en los actos de entrega del Toisón de Oro a su madre, la reina Sofía. Su padre pide disciplina y entrega total
La infanta Cristina, el rey Juan Carlos, Juan Urdangarin, la infanta Elena, Victoria Federica y Juan Felipe Froilán. (Reuters/Archivo/Ana Beltrán)
Sólo se espera la asistencia de los Reyes Felipe VI y Letizia, y de sus hijas, la princesa Leonor y la infanta Sofía. Ni rastro de las infantas Elena y Cristina. Tampoco de sus nietos, ni los Marichalar ni los Urdangarin, con quienes la reina emérita mantiene un vínculo especialmente estrecho. Y eso, aunque se acepta dentro de la lógica institucional de los últimos años, sigue provocando heridas.
La ‘no-invitación’ a las Infantas y sus hijos ha sido recibida con cierta tristeza, aunque asumida con la discreción que caracteriza a ambas, sobre todo en los últimos años. No se sienten cómodas con no poder acompañar a su madre en una jornada tan significativa. Les habría gustado que el homenaje tuviera un carácter más familiar, menos constreñido por la rigidez institucional, pero aceptan las circunstancias con esa resignación casi aprendida con los años. Entienden la lógica, aunque eso no significa que les agrade.
Los reyes eméritos con sus hijos y exyernos, en una imagen de archivo. (Getty)
Es, precisamente, dentro de ese clima de incomodidades contenidas donde cobra sentido la comida del sábado en El Pardo. Juan Carlos I ha pedido expresamente que todos estén presentes. Hijas, nietos. No quiere sillas vacías ni gestos interpretables. Sabe que sus memorias ya han removido suficientemente las aguas y considera que no es momento de exhibir fracturas públicas. Su deseo es claro: que todo quede en casa. Así que tanto ambas infantas como todos sus hijos, es decir, Victoria, Felipe (Froilán), Juan, Pablo, Miguel e Irene, llevan semanas reorganizando sus agendas para poder estar en la comida.
El Pardo, mensaje subliminal
La cita, además, no es en el Palacio de la Zarzuela, sino en un escenario más discreto, casi aséptico. Podríamos decir hasta neutral si no entramos en detalles históricos: porque fue la residencia de Franco, dictador de cuyo fallecimiento se celebran ahora 50 años. Lo cierto es que con El Pardo de escenario el mensaje de Felipe VI a Juan Carlos I es claro: no hay posibilidad, por remota que sea, de que el rey padre pernocte en Zarzuela. Y ese es su gran anhelo, si nos atenemos a lo que ha escrito en sus memorias. Un libro en el que todas las diferencias familiares quedan expuestas.
Porque no es que no existan divergencias, ni malestares soterrados, ni quejas que circulan en voz baja entre los distintos miembros de la familia. Las hay. Y algunas son profundas. Pero Juan Carlos I no quiere que esa tensión se traduzca en una imagen más deteriorada de la que ya proyecta la Corona tras la publicación de sus memorias.
Don Juan Carlos con la reina doña Sofía y la infanta Elena en 2019.(Gtres)
Cabe recordar que ‘Reconciliación’ es todavía inédito en España, pese al revuelo que se ha formado. De hecho, son muy pocos quienes lo han leído: algunos periodistas especializados, ciertos medios concretos, contados observadores que han accedido a la edición francesa. Cuando el libro vea la luz en nuestro país, todo apunta a que volverá a sacudir los cimientos que sostienen la narrativa oficial sobre su reinado.
No quiere más conflictos
Juan Carlos I es consciente de ello y teme que ese nuevo terremoto limite aún más su margen de maniobra, especialmente su relación con España y su posibilidad de seguir regresando con cierta normalidad. No quiere más conflictos con su hijo, ni añadir leña a un fuego que ya arde con suficiente intensidad. Su ausencia en actos tan simbólicos como el 50 aniversario de la democracia, de la monarquía o del final del franquismo ha sido incluso cuestionada por medios tradicionalmente prudentes, pero él no tiene más opción que asumirlo.
Los Reyes, en un acto oficial en El Pardo. (Europa Press)
Al menos -dicen quienes lo rodean- la Reina Sofía ha recibido por fin un reconocimiento público a la altura de su figura histórica. Y algo es algo. Aunque lo reciba sin la mayoría de su familia presente. Entre silencios, gestos medidos y una coreografía cuidadosamente controlada, la comida de El Pardo se plantea como un intento de restituir, aunque sea de cara a la galería familiar, una imagen de unidad. Una tregua momentánea. Porque el 3 de diciembre, todos los españoles que lo deseen podrán leer las memorias de un rey dolido.