Felipe VI consigue llegar a su cita más fiel: de Dinamarca a Sevilla en horas para presidir la final de la Copa del Rey
Tras una jornada marcada por la confirmación de su ahijado Vicent de Dinamarca, el Rey reaparece en el palco de La Cartuja para mantener intacta una de sus inquebrantables tradiciones
El rey Felipe, en el palco junto a las autoridades. (EFE)
Puede que este sábado sea uno de los más ajetreados que recuerde Felipe VI en mucho tiempo; pero es que hay compromisos que no admiten excusas y, aunque pueda parecer superfluo, la final de la Copa del Rey es uno de ellos. Cada temporada, con independencia de su agenda, reserva ese espacio en rojo. Este año, el gesto le ha llevado a hacer malabares con el tiempo en una jornada marcada por la logística milimétrica que le ha llevado de Dinamarca a Sevilla en apenas unas horas.
El monarca ha llegado al estadio de La Cartuja, escenario del encuentro entre laReal Sociedad y el Atlético de Madrid, tras una mañana en el Palacio de Fredensborg. Allí, como padrino del príncipe Vincent de Dinamarca, ha asistido a su confirmación en un acto de carácter familiar que, por momentos, amenazó con solaparse con su presencia en la cita deportiva española. La solución ha sido un viaje exprés que evidencia hasta qué punto esta final sigue siendo un compromiso ineludible dentro de sus prioridades.
A su llegada al estadio sevillano, minutos antes del pitido inicial, Felipe VI ha sido recibido por las autoridades y representantes del fútbol español. Se han podido ver saludos, breves intercambios y ese tono cercano que suele marcar sus apariciones públicas en el ámbito deportivo. Veíamos entonces que sí ha tenido tiempo de cambiarse de ropa, sustituyendo la camisa y la corbata elegidas para la confirmación en Fredensborg por otras de distinto color.
El Rey Felipe, con las autoridades. (EFE)
Después, ha accedido al palco institucional, entre aplausos y algún que otro pitido, desde donde ha seguido el encuentro con atención, sin perder detalle de un partido que, más allá del resultado, es uno de los grandes rituales del calendario futbolístico nacional. Junto a él, el presidente de la Junta de Andalucía, Moreno Bonilla, con el que escuchaba, muy derecho, el himno nacional.
Aunque es habitual verlo solo en esta cita, en 2023 compartió palco con la infanta Sofía. Aquella noche en La Cartuja supuso una de las escasas ocasiones en las que padre e hija coincidían en un acto oficial sin la princesa de Asturias, entonces volcada en su formación en el extranjero. ç
La imagen de ambos, llegando juntos al estadio y compartiendo gestos de complicidad durante el encuentro, dejó entrever el interés de la menor de la familia por el fútbol, una afición que ya había asomado en otras citas deportivas y que terminó de confirmarse con su presencia en una final que vivió con naturalidad y entusiasmo.
El rey Felipe y la infanta Sofía, en la final de la Copa del Rey en 2023. (EFE)
Este tipo de eventos son en los que se ve a la familia real española más cotidiana, del día a día. Hace apenas dos meses, el Rey volvía a dejarse ver en otra gran cita deportiva, esta vez en Valencia, con motivo de la final de la Copa del Rey de baloncesto. Su asistencia tenía entonces un matiz añadido, ya que no acudía personalmente a este torneo desde hacía más de una década. En el pabellón, siguió el partido con la misma atención que acostumbra en el fútbol.
La relación de Felipe VI con el deporte —y especialmente con el fútbol— forma parte tanto de su agenda oficial como de su biografía personal. Antes de ocupar el trono, el entonces Príncipe de Asturias compitió en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 como miembro del equipo español de vela, logrando diploma olímpico.
Desde entonces, su presencia en grandes eventos deportivos ha sido constante, ya sea en finales nacionales o en citas internacionales como Wimbledon. La final de la Copa del Rey, sin embargo, ocupa un lugar particular, ya que su asistencia implica la posterior entrega del trofeo al capitán del equipo ganador.
Puede que este sábado sea uno de los más ajetreados que recuerde Felipe VI en mucho tiempo; pero es que hay compromisos que no admiten excusas y, aunque pueda parecer superfluo, la final de la Copa del Rey es uno de ellos. Cada temporada, con independencia de su agenda, reserva ese espacio en rojo. Este año, el gesto le ha llevado a hacer malabares con el tiempo en una jornada marcada por la logística milimétrica que le ha llevado de Dinamarca a Sevilla en apenas unas horas.