Cómo es La Casita de Bad Bunny por dentro y quién entra: barra libre, hamacas y famosos en 50 m2
El equipo del cantante y la promotora local escogen a los invitados con antelación. No todos tienen que dejar el móvil y la mayoría ni siquiera sale al porche que aparece en todas las fotos
Imagen de 'La Casita' de Bad Bunny en sus conciertos
La Casita de Bad Bunny se ha convertido en la vivienda más codiciada de las últimas semanas. Y es, literalmente, una casita: ocupa apenas unos 50 metros cuadrados y está diseñada al milímetro. En su interior hay una barra libre donde se sirve comida y bebida durante todo el concierto, una pequeña sala de juegos con futbolín y ajedrez, varias hamacas para descansar y hasta un ascensor privado que permite al artista acceder a la parte superior de la estructura.
También incorpora una especie de garaje inspirado en las viviendas populares de Puerto Rico, donde tradicionalmente muchas casas disponen de espacio para el coche aunque sus propietarios no siempre tengan coche. Es ese homenaje que Benito Antonio Martínez Ocasio quiere hacer a su tierra.
Sin embargo, el espacio termina siendo un VIP dentro de otro VIP. Por ejemplo: la norma general establece que no se puede acceder con teléfono y el personal requisa los móviles a quienes entran. Aunque no a todos, algunas personas especialmente cercanas o de máxima confianza sí pueden llevarlo. Entre ellas, Marta Ortega, que permaneció casi todo el tiempo dentro de la estructura, con su móvil.
Bad Bunny, en su primer concierto de Madrid. (Europa Press)
La presidenta de Inditex iba acompañada por parte de su familia y unos jóvenes que sí salieron a darlo todo en todo momento, mientras ella apenas salió unos minutos para observar el ambiente general. La diferencia demuestra que incluso dentro de La Casita existen distintos niveles de acceso y privilegio. Las previsiones son que cada noche haya unos 50 invitados en La Casita como máximo. Y de ellos, sólo unos 20 suelen salir fuera. La fuente consultada por Vanitatis, directa y parte del equipo, reconoce que en Madrid se ha desmadrado un poco.
La lista de Bad Bunny
El objetivo de La Casita es agasajar a parte de la sociedad anfitriona. Veamos. En el interior, la mayoría de la gente allí reunida son empresarios, grandes fortunas y personas especialmente cercanas al entorno del cantante. Mientras algunos de sus hijos o acompañantes permanecen fuera bailando y disfrutando del espectáculo, buena parte de los invitados pasa la parte del concierto de La Casita en el interior, lejos de las cámaras y de las miradas del público.
La primera fila constituye otro espacio especialmente controlado. Cuando Bad Bunny está presente, quienes ocupan esa posición no llegan allí por casualidad. Son personas previamente autorizadas por la organización y, en muchos casos, conocidas por el propio artista o por su círculo más cercano. Una de las normas fundamentales es que nadie puede acercarse a tocarlo. Los invitados conocen perfectamente esa condición y la respetan. Ester Expósito, por ejemplo, acudió invitada por el hermano del cantante, con quien mantiene amistad a través de su relación con Kylian Mbappé.
Las actrices María León y Ester Expósito, en La Casita de Bad Bunny, en Madrid. (Europa Press)
El proceso de selección de invitados sigue un protocolo muy preciso. Bad Bunny ha decidido ser él el responsable de su gira ‘Debí tirar más fotos’, algo que hacen muchos artistas últimamente, y contratan a los promotores en origen. Cuando la gira llega a un país, el equipo de Bad Bunny trabaja junto a la promotora local, en este caso Live Nation.
El artista y su entorno entregan una lista de personas a las que desean invitar personalmente y, paralelamente, la promotora propone nombres relevantes del país que podrían encajar en el espacio. El road manager del cantante maneja una lista de unos 230 posibles invitados, informa la citada fuente, y, a partir de ella, se realiza la selección definitiva.
El público, previamente seleccionado
Por ese motivo resulta prácticamente imposible acceder de manera improvisada. Y aquí viene otro detalle: Jeremy, el ya famoso miembro del equipo encargado de escoger a gente del público para entrar en La Casita, conoce con antelación quién va a ser seleccionado. Con alguna excepción, los miembros del equipo que escoge a la gente del público lleva una lista con los números de entrada de las personas seleccionadas y coordina su acceso. Es decir, incluso esas invitaciones se gestionan previamente, los asistentes reciben una acreditación específica y suelen acceder por una entrada trasera. Todo responde a criterios de seguridad y organización. El objetivo es evitar situaciones imprevistas alrededor del artista.
Lamine Yamal en La Casita del primer concierto de Bad Bunny en España. (EFE/Alejandro García)
Y no todo ha sido perfecto. La Casita ha generado una enorme expectación y en algunos conciertos llegó a concentrar más personas de las que resultaban cómodas para un espacio tan reducido. Incluso Bad Bunny tuvo problemas para moverse por el porche de La Casita y hay tener en cuenta que está en pleno concierto, que va cantando y no puede parar prque alguien le moleste.
La propia influencer Lola Lolita explicó después de una de sus visitas que aquello estaba excesivamente lleno y que apenas se podía uno mover. Según distintas versiones de los asistentes, la tensión llegó a ser notable en algunos momentos, especialmente alrededor de la primera fila, el lugar más codiciado del recinto. Codazos, malas palabras…
Por su seguridad
La situación preocupaba especialmente porque Bad Bunny no permanece aislado del público. Durante buena parte del espectáculo entra y sale de La Casita, canta desde allí y se mueve entre los invitados. Cuando el espacio se llena demasiado, la experiencia deja de ser cómoda tanto para quienes están dentro como para el propio artista. De ahí que en los últimos conciertos se haya reforzado todavía más el control de accesos y la selección de invitados.
Con todo, la polémica generada alrededor de este espacio tiene poca influencia sobre Bad Bunny, avisan desde su equipo. Quienes trabajan con él aseguran que mantiene exactamente la misma actitud que tenía antes de convertirse en una de las mayores estrellas de la música mundial. Alejado del ruido mediático y poco pendiente de la prensa local de cada país que visita, el cantante sigue tomando las decisiones de la misma manera que lo hacía años atrás. Su entorno lo describe como una persona sencilla, cercana y poco impresionable ante las críticas. "Es un famosos con más de 500 millones de seguiores, nada le importa ya", resumen.
Bad Bunny en su concierto en el Estadi Olímpic de Barcelona. (Europa Press)
Entre quienes lo acompañan existe además un sentimiento de orgullo por el impacto cultural que ha tenido su música entre la comunidad latina. Consideran que artistas como Bad Bunny han contribuido a cambiar la percepción social de millones de latinoamericanos en países como España, convirtiéndolos en referentes culturales y musicales para nuevas generaciones. "Ya no somos 'panchitos'", celebran.
Eso sí, no todos viven la experiencia de igual manera. El periodista Marc Giró contó públicamente su paso por La Casita durante uno de los conciertos celebrados en Barcelona. El presentador explicó que aquel universo le interesaba poco, que apenas conocía las canciones de Bad Bunny y que, una vez el cantante abandonó la estructura, decidió marcharse a cenar. Durante su estancia coincidió con varios jugadores del Barça, entre ellos Lamine Yamal.
Según relató con su habitual ironía, muchos de los presentes abandonaron también el lugar poco después, todos identificados con la ya famosa pulsera roja en la que puede leerse "La Casita". Mientras algunos matarían por entrar y se pegan una vez dentro, unos pocos se aburren y se marchan antes de tiempo. Porque no todos los VIP son iguales, ni todos los privilegiados saben vivir su privilegio.
La Casita de Bad Bunny se ha convertido en la vivienda más codiciada de las últimas semanas. Y es, literalmente, una casita: ocupa apenas unos 50 metros cuadrados y está diseñada al milímetro. En su interior hay una barra libre donde se sirve comida y bebida durante todo el concierto, una pequeña sala de juegos con futbolín y ajedrez, varias hamacas para descansar y hasta un ascensor privado que permite al artista acceder a la parte superior de la estructura.