Bob Dylan cumple 80: la mentira, el talento y el misterio que han forjado el mito
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Bob Dylan cumple 80: la mentira, el talento y el misterio que han forjado el mito

Uno de sus biógrafos más célebres ha asegurado que Dylan construyó su personaje público falseando datos. Un experto nos aclara la verdad y nos descubre al verdadero artista

placeholder Foto: Bob Dylan, en 2016. (EFE)
Bob Dylan, en 2016. (EFE)

Bob Dylan, una de las leyendas vivas de la música, acaba de cumplir 80 años este lunes 24 de mayo.

Su voz es una de las más reconocibles, pero solo cuando canta, porque Dylan no habla mucho, al menos ante las cámaras y los periodistas. Su vida es un misterio que ha sido contado de todas las maneras posibles: libros, artículos, documentales y, el próximo año, incluso a través de un museo, el Bob Dylan Center, en la ciudad de Tulsa, que estará dedicado a su vida y su carrera musical.

Mucha información sobre él siempre a través de otras voces, y en muy pocas ocasiones mediante la suya propia.

Jacobo Celnik es escritor, editor, docente, periodista y autor de varios libros sobre música, entre los que se encuentra Bob Dylan. A las puertas del cielo’ (Taller de Ed. Rocca, 2017).

Con su ayuda, vamos a intentar desentrañar la vida de este icono de la música del siglo XX que trae de cabeza a los biógrafos y estudiosos más obsesionados con su figura. Y es que es tanta la incógnita que dos de los biógrafos más reconocidos de Dylan se pelean por la veracidad de sus informaciones. ‘La doble vida de Bob Dylan’, una biografía de Clinton Heylin que acaba de salir a la venta con motivo del 80 cumpleaños del cantautor, plantea que este ficcionó partes de su vida privada y que construyó un personaje público falseando datos de su pasado. Sus peleas con Howard Sounes, bestseller 2001 con la biografía ‘Por la autopista: La vida de Bob Dylan’, han sido y son sonadas.

placeholder Bob Dylan, en una imagen de archivo. (EFE)
Bob Dylan, en una imagen de archivo. (EFE)

Resulta curioso que un artista como Dylan, que cuenta con millones de fans alrededor de todo el mundo, posea a su vez una cara tan oculta. ¿Por qué ocurre esto?

Jacobo Celnik nos explica que “Dylan siempre fue un personaje ambiguo desde el principio de su carrera. Cuando al principio comienzan a hacerle todo el proceso de relaciones públicas en la casa discográfica Columbia, le piden información sobre su vida, sobre sus padres, etc, y dice mentiras. Dice que su padre ha muerto, que era panadero…, pero la realidad era otra. Una cosa es el Bob Dylan que tiene la máscara puesta, que es un performer, un gran intérprete y compositor, y otra cosa es el Dylan real. Esa faceta de él siempre ha sido muy ambigua. Él tiene una premisa, sacada de Antoine de Saint-Exupéry, del libro ‘El principito’, que dice “yo soy otro”. Esto ha sido una constante en su obra. En el álbum ‘Nashville Skyline’ hay canciones que si las escuchas, parece que no fuera Bob Dylan, sino otro cantante. Esa ambigüedad ha estado siempre presente en su vida y obra. Por eso fascina su figura, porque es un ser indescifrable. Esa cara oculta de su vida está presente en sus letras. Siempre está ahí ese discurso para confundir. Pero el que confunde reina”.

Algunos datos llamativos de la vida Dylan han apuntado en el pasado a que en su infancia fue a parar a un reformatorio, que fue criado por una familia de acogida y que incluso se escapó de su casa a los 12 años. Heylin asegura que esto no es cierto. ¿Qué es lo que se sabe hoy? Teniendo en cuenta las distintas investigaciones, ¿cómo vivió su infancia Dylan y cuál fue su realidad familiar que más se puede acercar a la verdad? Jacobo Celnik nos da las claves: “Si revisas el libro de Jonathan Cott, ‘Dylan sobre Dylan’, uno se da cuenta de que Bob Dylan tiene versiones diferentes sobre su pasado familiar. De la infancia de Dylan lo que sí sabemos es que crece en un hogar judío de clase media en Minnesota, en el seno de una familia trabajadora hija de inmigrantes que llegaron de la Unión Soviética a Estados Unidos. Su padre era electricista y tenían una tienda de electrodomésticos. Así que, por un lado, tenemos a un Dylan con una infancia en una familia trabajadora, apegada a la tradición judía, que va a la sinagoga con su padre, etc. Él era el centro de la familia. Era como una esponja que aprende rápido. Muy joven aprende a tocar el piano y la guitarra. Estudia en una escuela de secundaria estatal que tiene una relación tradicional con el judaísmo”.

placeholder Bob Dylan, en 1984. (EFE)
Bob Dylan, en 1984. (EFE)

Sin embargo, Celnik asegura que Dylan no encaja bien con su entorno. “Hay como una incomodidad latente. Pensemos en Hibbing y Duluth, en Minnesota, dos pueblos pequeños, recónditos… Crece con una mirada muy diferente de su vida, nutrida por su placer por la lectura y marcada por la música country y folk. Era melómano y en su juventud era cliente habitual de una tienda de discos en Tuluth. La radio también lo marca profundamente. Hay un momento de quiebre en su vida, con 15 o 16 años, que es cuando escucha a Bill Haley cantando ‘Rock around the clock’ y cuando ve a Jerry Lee Lewis. Esto le cambia la forma de ver el mundo. La libertad, el ritmo, el baile… Llega a la universidad ya cuestionando con fuerza si su lugar está ahí”.

Al hablar sobre sus relaciones sentimentales, Sounes reveló que Dylan tenía un segundo matrimonio secreto, con una mujer llamada Carolyn Dennis. La noticia corrió como la pólvora. ¿Qué se sabe de la vida sentimental de Dylan? ¿Quiénes fueron sus parejas y cómo se desarrollaron estas historias de amor?

Jacobo Celnik asegura que, personalmente, no posee más datos sobre esta mujer, más allá de los que se han ofrecido en la prensa y se centra en otras mujeres a las que sí considera icónicas en la vida de Dylan: “Aunque él habla siempre de una novia en Minnesota que se llamaba Echo, la primera mujer icónica en su vida es Suze Rotolo, que es la mujer que aparece inmortalizada en la portada de ‘The Freewheelin' Bob Dylan’ y a la que dedica varias canciones. Pero después hay dos mujeres que son las más relevantes en su vida: Joan Báez y Sara Dylan. A Báez la conoce en el 65 y su relación pasa por periodos de profundo enamoramiento y admiración mutua y donde hay un activismo político persistente en Báez y no tanto en Dylan, a quien nunca le gustó que lo encasillaran en ningún bando político. Cuando él se empieza a desligar de la parte política, hay un distanciamiento con Báez. Luego aparece Sara, que era amiga del mánager de Bob Dylan. Fruto de ese matrimonio tuvo cuatro hijos: Jesse, Anna Lea, Samuel Isaac y Jakob. Estos dos últimos son muy importantes en la discografía de Dylan, porque les dedica varias canciones, entre ellas ‘For ever young’, dedicada a Samuel. Jakob es el que ha seguido sus pasos en la música, como líder del grupo The Wallflowers”.

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Joan Báez, en 2015. (EFE)

“La relación con Sara Dylan es complicada dentro de su obra. En el 75 empiezan a tener problemas y muchas canciones de esa época hablan de Sara. ‘Blood on the Tracks’ es un disco de desamor dedicado en su totalidad a Sara Dylan. Desde el año 77, Dylan comienza una etapa en la que se sumerge en el cristianismo. Lo hizo porque no pudo arreglar su matrimonio con Sara”.

Solitario, huraño, poco amable, con un punto divo, incluso cruel con sus seguidores y su equipo… Se ha dicho de todo sobre Bob Dylan, pero ¿cómo es la verdadera personalidad del artista? Como gran estudioso de Dylan, Jacobo Celnik lo describe como “camaleónico y enigmático. Es un artista en el sentido completo de la palabra. La imagen pública del artista no significa que el artista sea necesariamente así. Y quién sabe si Dylan en la intimidad es un tipo simpático que cuenta muchos chistes. Pero lo cierto es que sí es un ser solitario y algo retraído. Si ves las sesiones de grabación de la canción ‘We are the world’, se ve a Bob Dylan como perdido. Para poder descifrar su personalidad, diría que es enigmático, camaleónico pero absolutamente coherente con su rol de artista. Intuyo que es un personaje tímido que en cierta manera se siente abrumado por la fama y lo sobrepasa”.

Dylan ha alcanzado hoy la edad de 80 años, pero a punto estuvo de perder la vida mucho antes. Fue cuando sufrió un accidente de moto. “En torno a ese accidente hay muchos mitos”, aclara Jacobo Celnik. “Sucede cerca de Woodstock, en Nueva York. Allí vivía en una granja con Sara. Fue en el año 66. Hay muchas versiones sobre el accidente: que el sol lo cegó, que la moto resbaló con aceite esparcido en la carretera… Lo cierto es que ese accidente lo dejó fuera de combate durante un año porque se rompe una vértebra y queda con problemas de movilidad. Lo lleva con cautela, una vez más para no hacer mucho ruido mediático. Antes de ese accidente ya gozaba de cierta popularidad por su ‘Like a Rolling Stone’. A Bob Dylan, dentro de lo malo, le viene bien el accidente porque vivía un momento de controversia. Había electrificado su sonido folk, había metido la guitarra eléctrica en sus canciones y muchos fanáticos lo calificaron de judas por haber roto con esa tradición del cantautor folk. Él estaba cansado de tener que dar explicaciones y no se sentía para nada la voz de su generación. Ese accidente sucede en ese momento de cansancio y ese repliegue le viene bien, aunque lo aleja de uno de los momentos más míticos de la música. Parece ser que las secuelas del accidente no le permitieron estar en Woodstock”.

placeholder Bob Dylan, durante un concierto en 2004. (Reuters)
Bob Dylan, durante un concierto en 2004. (Reuters)

Pero si hay un periodo en la vida de Dylan que fascina a Jacobo Celnik es el que se conoce como los ‘Jesus years’, un proceso de conversión al cristianismo que arranca en enero del 79 cuando su relación con Sara finaliza. “Conoce a un grupo de pastores de la comunidad de la villa de California y se da cuenta de que hay un camino espiritual para recomponer las piezas emocionales de su vida. En sus canciones hay una mirada muy distinta de la vida, del amor, de las relaciones. Es extraño, porque un judío no puede convertirse al cristianismo. Un judío no deja de ser judío, Él no dejó de serlo, pero no vio problema en mirar hacia al cristianismo como una opción de salvación. Ese periodo es muy interesante porque existe una mirada analítica al Nuevo Testamento y hay un cambio en la narrativa de sus letras y una experimentación con el lenguaje”.

Todas las estrellas terminan apagándose. Es ley de vida. Uno podría pensar que, con 80 años, Dylan también lo hace, pero de momento sigue dando guerra desde su mansión de Malibú, donde ha vivido en solitario y recluido en la pandemia: “El año pasado sorprendió a sus seguidores sacando un álbum que se llama ‘Rough and Rowdy Ways’ y, a juzgar por lo que ahí mostró y conociendo su capacidad tan prolífica de componer, seguro que tiene muchas canciones que verán la luz pronto”, nos comenta Jacobo Celnik cruzando los dedos para que esta intuición se cumpla mientras suplica que al menos continúe apareciendo un poco de genialidad entre tanto reguetón.

Que el Dios judío o cristiano te oiga, Jacobo.

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