Aunque Bloom ya había comprado los billetes, tras conocer un poco más a fondo las características del Titan decidió cancelar las plazas. En declaraciones a la cadena local de televisión de Las Vegas, KVVU FOX5, afirmó: “Sigo viendo las imágenes de las víctimas y, por el amor de Dios, podíamos haber sido mi hijo y yo”.
Jay y Sean Bloom, en unas vacaciones familiares. (Facebook/Jay Bloom)
El año pasado Jay Bloom conoció a Stockton Rush, CEO de OceanGate, la empresa que construyó el Titan, que le animó a unirse a una de las expediciones al naufragio del Titanic. Según declaró Bloom a la misma cadena, “al principio sonaba muy emocionante, una experiencia increíble".
Pero posteriormente Rush se trasladó a verle a Las Vegas en un vehículo un tanto particular que él mismo había construido, y que hizo que Bloom empezara a dudar. “Este tipo vino a Las Vegas en un avión experimental construido por él mismo para animarme a subir a un submarino experimental”, recordaba el millonario.
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Entonces su hijo Sean empezó a investigar sobre OceanGate y el Titan, y pensó que no era buena idea. “Yo estaba en plan: 'Papá, creo que esto puede explotar, no creo que pueda llegar al fondo del océano, y si lo ha hecho antes, no sé cómo es posible”, recuerda el joven, en la misma cadena de televisión, haberle dicho a su padre. “Por favor, usaban un mando de videoconsola para controlar el submarino y no había salidas de emergencia”, añadió el joven durante la entrevista.
Jay Bloom decidió preguntarle a Rush por la seguridad del viaje, y no contento con su respuesta (“viajar en el Titan es más seguro que cruzar la calle”, le dijo Rush), optó por cancelar sus pasajes alegando ‘problemas de agenda’. “Sabía que, si le decía que no queríamos ir por motivos de seguridad, lo habría negado y habría discutido. Por eso le dije que tenía un problema con las fechas”, explicó. Intentando retenerles, Stockton Rush le ofreció un importante descuento (100.000 dólares en lugar de 250.000) si mantenían su reserva, pero Bloom se mantuvo firme en su negativa.
Stockton Rush, CEO de OceanGate. (Reuters)
Finalmente, sus plazas en el sumergible las ocuparon Shahzada Dawood y su hijo Suleman, de 19 años, que fallecieron en el viaje. “El hecho de que fueran padre e hijo, y el hijo de mi edad, es una locura -afirmó Sean Bloom- y nosotros decidimos no ir y nuestros pasajes van a esas personas concretas para el mismo viaje. Un padre y un hijo. Podríamos haber sido nosotros”, concluía emocionado. "Estamos vivos por la gracia de Dios", añadió su padre.