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LUJO

La crisis deja a U2 sin rascacielos en Dublín

La recesión atenaza a Irlanda y los primeros en ‘caer’ han sido los proyectos estrella que pretendían cambiar el aspecto de Dublín y su skyline. La

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La crisis deja a U2 sin rascacielos en Dublín
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    La recesión atenaza a Irlanda y los primeros en ‘caer’ han sido los proyectos estrella que pretendían cambiar el aspecto de Dublín y su skyline. La autoridad encargada de regenerar el puerto de la capital acaba de anunciar la paralización al menos por un año del proyecto que pretendía levantar la U2 Tower en sus muelles. De este modo se pone punto y seguido a un negocio que había puesto de acuerdo a los miembros de la banda de rock más famosa de la isla con las autoridades locales; un proyecto que en el tiempo que lleva en marcha no había sin embargo logrado librarse de la polémica.


    Por el momento la ciudad de Cork seguirá siendo hogar del edificio más alto de Irlanda, la torre Elysian, y Dublín tendrá que esperar. Y eso que durante los últimos nueve años las presiones para ponerlo en pie (o para parar su construcción) no han cesado. La idea de transformar los antiguos muelles de la ciudad en un espacio contemporáneo, del mismo modo que ha ocurrido en otros lugares como Liverpool, surgió en 1999, aunque fue en 2001 cuando la banda de Bono comenzó a formar parte del proyecto.


    Ese año el grupo fue expropiado del espacio que utilizaba como sala de ensayo, y a partir de ahí comenzó su relación con el rascacielos. De acuerdo con el Irish Daily Mail, como parte del acuerdo U2 sería propietaria de las plantas superiores de cualquiera que fuera el edificio allí construido y además tendría los derechos del nombre del inmueble. La autoridad portuaria anunció en 2002 el inicio de un concurso abierto de ideas para una torre que debía tener 60 metros de altura y contener el estudio de grabación de la banda en el ático, y hasta sus oficinas llegaron más de 500 propuestas procedentes de todo el mundo.


    La resolución del jurado (formado entre otros por Adam Clayton) fue, sin embargo, desastrosa. The Irish Times y The Sunday Times publicaron en 2003 varias historias sobre un fiasco en la elección, y aseguraban que se tuvo que contratar "a [la auditora] PriceWaterhouseCoopers para localizar e identificar a los arquitectos ganadores”, de los que se habían perdido los datos: había edificio, pero no autor. De él o ellos sólo se poseía el proyecto, pero se habían perdido sus datos personales. Finalmente se dio a conocer el proyecto de torre espiral de los dublineses Burdon Craig Dune Henry Architects (BCDH) como ganador de la competición, después de que varias webs y foros dedicados a la arquitectura encontraran a los autores de varios ‘proyectos perdidos’.


    U2, juez y parte


    Sin embargo, la torre del equipo irlandés tampoco llegó nunca a ver su primera piedra colocada. En 2005 se decidió elevar la altura del rascacielos desde los 78 metros totales del proyecto inicial de BCDH hasta 120, y un año más tarde hasta los 130. Había que replantearse de nuevo la forma y la estructura, aunque esta vez el concurso fue mucho más limitado: sólo se invitó a cinco consorcios y entre ellos no estaban los autores de la primera idea. De todos modos a BCDH no le ha ido nada mal: la propia firma asegura en su web que este proyecto le supuso “elevar el perfil de la empresa y también desarrollar la práctica de una manera nueva y más ambiciosa”.


    El día de la Hispanidad de 2007 se dio a conocer el nombre del consorcio ganador, Geranger, compuesto por promotores inmobiliarios y los miembros de U2, lo que hizo saltar suspicacias sobre un posible conflicto de intereses de la banda, al ser juez y parte en la elección del diseño. El nuevo rascacielos era obra del renombrado Norman Foster, que proyectó una torre con forma triangular de uso residencial (la venta estaba estimada en un millón de euros por apartamento) con un mirador a los 100 metros y una estructura con forma de huevo en las últimas plantas donde iría ubicado el estudio de la banda.


    Las críticas locales al proyecto se centraban por un lado en la gran dimensión del rascacielos en comparación con las edificaciones colindantes, que no pasan de las siete u ocho plantas, y por una supuesta "arrogancia" del consorcio Geranger al impedir la construcción de una segunda torre cuyos beneficios habrían ayudado, a juicio de los vecinos, a la construcción de viviendas sociales en las áreas cercanas. Sin embargo, no ha sido el activismo vecinal el que ha acabado con el proyecto, sino la recesión, y los promotores no quieren oír hablar de su paralización definitiva. La nota emitida por la autoridad portuaria asegura que prefieren esperar a que "haya una mejora en los inestables mercados financieros y de propiedad". Bono tendrá que esperar para tener su pisito con vistas al mar...

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