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SALUD Y BELLEZA

Una cucharada de miel contra el frío

La bajada inesperada de las temperaturas y la subida al día siguiente de las mismas, el contraste brusco entre el frío de la calle y el

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Una cucharada de miel contra el frío
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    La bajada inesperada de las temperaturas y la subida al día siguiente de las mismas, el contraste brusco entre el frío de la calle y el calor de la calefacción...detalles todos ellos, propios de la temporada otoñal, son la principal causa de las gripes y otras enfermedades infecciosas. Junto a los antibióticos, uno de los remedios naturales más empleados para combatir dichas enfermedades es la miel. Junto a la miel, existen, además, una serie de productos derivados de ella y, pese a sus beneficiosas propiedades, menos conocidos como son la jalea real, el polen y los propóleos.

     

    La Reina de las mieles

     

    Vamos paso a paso. En primer lugar habría que hablar de la jalea real, no por nada en especial pero ya que es consumida en exclusiva por las reinas de la colmena, abrir con ella no está de más. Y es que, aunque se utiliza como alimento para las larvas, quien la come a lo largo de toda su vida es la abeja reina, una señora abeja pues puede llegar a vivir 5 años frente a los 50 días que vive una obrera. En su composición encontramos un 60% de agua, azúcares, proteínas, lípidos y ceniza. Contiene un importante grupo de vitaminas: B1, B2, B6, B5, B8, E, PP y ácidos fólicos.

     

    Además, tiene minerales como el cobalto, silicio, magnesio, níquel o el azufre. De ahí que sus ventajas, aunque sin demostrar, sean realmente interesantes e importantes: fortalece el sistema inmunológico;  ayuda a las personas con asma; también a aquellas que padecen artritis; reducir los síntomas de la menopausia; mejora los niveles de colesterol y ayuda, cómo no, en los problemas sexuales de pareja así como a combatir la infertilidad. La jalea real se puede tomar del mismo modo que la miel, esa pasta viscosa y dulce, o en ampollas. También en caramelos, cosméticos... Es recomendable tomarle de una a dos veces al día para que sus beneficios sean los más completos posibles.

     

    Un desconocido entre tanto manjar

     

    Si bien no es creado directamente por las abejas, éstas son las que le confieren su aspecto final. Y es el polen es un polvillo producido por los órganos masculinos de las plantas. Las abejas se encargan de recolectarlo con sus patitas. Posteriormente lo humedecen con néctar y lo convierten en unas pequeñas bolas y que servirán de alimento para las abejas obreras.

     

    El polen contiene un elevado porcentaje de hidratos de carbono, 20% de proteínas y un gran número de minerales y oligoelementos. También dispone de las vitaminas A y B. Entre sus múltiples beneficios el polen es un buen aliado para aquellos momentos en que nuestra energía decaiga, ayuda a la función celular, muscular y esquelética, es un buen complemento en las fases de crecimiento y equilibra el sistema nervioso.

     

    Como suele ocurrir con otros alimentos, el polen no tiene un sabor excesivamente atractivo por lo que no todo el mundo lo tolera. Este hecho ha agudizado el ingenio de las empresas encargadas de su comercialización por lo que se puede tomar productos ya preparados a base de polen. Los más lanzados pueden comerlo acompañado de zumo de naranja o leche o con yogur, miel o mermelada.

     

    Un antibiótico de la madre naturaleza

     

    Por último, estaría el propóleo o propólis, una especie de antibiótico producido por las abejas y, por tanto, totalmente natural. Se trata de una resina de composición compleja recogida de las yemas y cortezas de los árboles por las abejas, quiénes emplean dicho producto para limpiar su colmena. Y es qué según se dice su lugar de residencia es el más limpio de la  naturaleza.

     

    Contiene una gran variedad de aminoácidos, vitaminas, minerales y, por encima de todo, los bioflavonoides. Estos últimos son muy usados en estados de convalecencia. Asimismo fortalecen nuestras defensas en épocas de mucho frío. Su consumo es recomendable para tratar la tos, los dolores de garganta, resfriados, contra las caries, curar infecciones bucales, llagas, heridas, quemaduras...o como desinfectante, desinflamatorio e, incluso, anestésicos. Normalmente se vende en forma de spray, pastillas y, tal como si fuera un masticable.
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