El oscuro pasado de Barbie
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El oscuro pasado de Barbie

Sexista, materialista, pija, estereotípica. El juguete estrella de Mattel siempre ha sido el centro de multitud de críticas, pero sigue siendo objeto de deseo de millones de

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El oscuro pasado de Barbie

Sexista, materialista, pija, estereotípica. El juguete estrella de Mattel siempre ha sido el centro de multitud de críticas, pero sigue siendo objeto de deseo de millones de niñas de todo el mundo. Tal es su fama, que se la trae a colación cuando se habla de una mujer delgada pero despampanante, es protagonista de canciones como Barbie Girl, de Aqua, y ha participado en varias películas, la mejor de ellas ese Toy Story cuya tercera parte está en los cines.

La muñeca de los millones de accesorios, que se hizo cincuentona hace un año, tiene un pasado lleno de claroscuros. Todo empezó cuando Ruth Handler, la décima hija de una familia polaca, se encontraba de viaje por Suiza y vio en un escaparate de Lucerna una muñeca de plástico. Se llamaba Bild-Lilly y estaba basada en la heroína de una tira cómica de un periódico. Ruth la adquirió y de esta manera sentó las bases para crear esa muñeca que siempre deseó: una con la que jugasen niñas deseosas de ser mujeres. La comercializó con la ayuda de la empresa que creó, Mattel, de la surgirían otros proyectos.

Pero en la historia hay otro protagonista, Jack Ryan, que según quién hable tiene mayor o menor influencia en la creación del juguete. Fue el diseñador que desarrolló muchos de los aspectos de la muñeca y que, tal como le describe Jerry Oppenheimer en Toy Monster: The Big, Bad World of Mattel, parece ser que era autodestructivo y bipolar y obsesionado con las mujeres de un físico muy determinado: delgadas y con pechos grandes. Como Barbie.

Jack Ryan estudió en Yale ingeniería para misiles, pero acabó dejando su trabajo para Defensa por el de diseñador de Mattel. Parece ser que Ruth Handler dejó en sus manos todo el diseño final de la muñeca: sus curvas, su cabeza y un pecho que, finalmente, no llevó pezones para que no resultase tan erótica para las mujeres de Norteamérica.

No tardó en haber problemas entre Ryan con Handler por la autoría de la muñeca, y ambos no dudaban en barrer para casa sin tener en cuenta al otro. En su biografía Dream Doll, Handler raramente menciona al diseñador, y cuando el New York Times publicó una historia sobre la creación de la muñeca en su 35 aniversario y le otorgaba la autoría a él, Handler no tardó en contraatacar. Aclaró que Ryan no se había encargado más que del diseño de algunos complementos, pero que eran ella y su marido los verdaderos creadores.

Polémicas aparte, lo cierto es que Mattel creó un verdadero monstruo que levantaría las iras de las feministas y una dominadora de hombres con la que todo tipo de niñas sueñan. Prueba de ello es que, le pese a quien le pese, sigue siendo la reina de los juguetes femeninos.