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Helen Lindes: "Siempre me gustó sentirme diferente"

Pedirle una fotografía a Helen Lindes es fácil. Acercarse al verdadero ser de esta mujer de ojos claros y figura impresionante, de aspecto inofensivo y corrección

Pedirle una fotografía a Helen Lindes es fácil. Acercarse al verdadero ser de esta mujer de ojos claros y figura impresionante, de aspecto inofensivo y corrección extrema, quizá no tanto. Y, aunque con el paso de las horas va bajando la guardia y se va haciendo permeable al (magnífico y amable) trato personal, lo que destaca en ella es la facilidad con la que sabe captar el alma de una fotografía. Y no porque haya participado en campañas junto al mismísimo George Clooney (el trillado pero excelente anuncio de Nesspresso) o haya vivido en diferentes países ejerciendo su profesión de modelo, sino porque conoce al dedillo lo que es un ángulo, un desenfocado o un escorzo, términos en principio reservados para los que están detrás de las cámaras. Ella sabe cómo sacarle todo el partido posible a las fotografías que Vanitatis le hace, aunque le cueste más tiempo desnudar su alma.

Seguramente es porque Ser Helen Lindes, la modelo internacional, la novia del jugador de baloncesto Rudy Fernández, requiere cierta disciplina, aunque esta no incluya renunciar ni a los sueños; ni a los que cumplen deseos ni a los que se gozan cuando uno se va a la cama: “Mis 9 horas de sueño son sagradas para mí. Luego organizo mi agenda, contesto emails, escribo en mi blog (http://www.helenlindes.com/blog), mis redes sociales, preparo la comida... La tarde suele ser para quedar con amigos, entrenar y regalarme tratamientos de belleza”. La rutina incluye lavarse la cara dos veces al día, hidratar la piel y compaginar una alimentación saludable con un poco de ejercicio. “Si te encuentras bien contigo misma y tienes hábitos saludables el cuerpo y la mente te lo agradecen y por eso eres más feliz”, dice convencida.

Pocos saben que lo de modelo internacional parecía estar escrito para aquella niña canaria nacida en 1981 que comía la comida típica de su padre andaluz y hablaba inglés con su madre británica: "A mí siempre me ha gustado sentirme un poco diferente y me ha hecho ser una persona más curiosa y tolerante. Gracias a los diferentes orígenes empecé a viajar cuando era solo una niña y nunca me dio miedo irme sola a ningún sitio”. Antes de esa soledad obligatoria, sus padres eran bastiones imprescindibles para sacar adelante el sueño de la moda. Grababan cada uno de los desfiles en los que su hija aparecía en televisión y le compraban la revista Top Model.

La niña se hizo mujer y la mujer fue Miss España en 2000, saboreando la época dorada de ese concurso de capa caída que hoy es más noticia por sus deudas y su decadencia que por las mujeres guapas que promociona. El recuerdo, aunque bueno, tiene algo de sabor agridulce para ella: “Fue un año muy completo, pero sólo un año. Ahora que llevo más de 15 años trabajando como modelo internacional a veces me molesta que me sigan llamando Miss, y más ahora que ese título no tiene ningún valor”.

El deportista y la modelo

Los quince años dieron lugar a campañas imponentes, soñadas por cualquier modelo, a viajes que empezaron cuando sólo tenía 16 años, que la enriquecieron y la acabaron trayendo de vuelta a España en 2012. Ese regreso ha acabado de consolidar su relación con Rudy Fernández, el deportista que ha vuelto a cautivar a la modelo: “Supongo que las relaciones entre deportistas y modelos son tan frecuentes porque ambos se sienten atraídos por el físico y por el éxito del otro y se mueven en un mundo que puede resultar bastante parecido”.

Y aquí lo parecido es el “carácter fuerte” que ambos comparten y que hace mucho más feliz la convivencia en la casa de La Finca que ambos comparten desde hace casi un año. Buen lugar para regresar a ese país del que se despidió hace años, una partida que trajo consigo valiosas lecciones a pesar de las lógicas añoranzas: “He aprendido, sobretodo, a ser una mujer muy independiente y poder desenvolverme en cualquier situación. Vivir fuera tanto tiempo también me ha aportado más seguridad en mí misma. Además, he aprendido a ser mucho más tolerante con los demás. Sin embargo, siempre eché de menos a mi familia, pilar indispensable en mi vida para mantener los pies en el suelo”. Desde allí acude a los partidos importantes de su chico y a las clases del Master de RTVE, con el que pretende impulsar una carrera como presentadora que supondrá un asentamiento lógico para una mujer que ha viajado mucho pese a su juventud.

Sin embargo, entre tanto viaje, firmas internacionales, ir y venir, llega una fama por la que, a veces, hay que pagar un precio muy alto. ¿Lo ha pagado Helen Lindes? En cierto modo: “Sé que hay personas que se acercan por interés y he aprendido a desprenderme de ellas. No me suelo fiar de la gente y creo que es ese el precio que he tenido que pagar por malas experiencias que he tenido en el pasado”. Quizá por eso es difícil superar la primera barrera hacia la verdadera Helen Lindes, que se protege pero acaba rindiéndose ante la primacía de cierto encanto personal nacido de esa mezcla británica y andaluza; del híbrido que da como resultado a esta española extranjera con mucho que aportar en un país que, en estos momentos, todavía tiene mucho que aprender de la palabra moda.

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