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FOODIES

Mercados de abastos: auténticos paraísos para los amantes del buen comer

Los mercados ya no son solo un vecindario donde comparten rutinas el pescadero, el frutero, el de los encurtidos y demás. Son espacios de recreo gourmet.

Foto: Mercado de San Agustín en Toledo
Mercado de San Agustín en Toledo

Los mercados de abastos ya no son solo un vecindario donde comparten rutinas el pescadero, el frutero, el carnicero, el de los encurtidos y el resto de la cofradía culinaria. Ahora, junto a los puestos de toda la vida, acostumbrados a presumir del mejor género, se levantan escaparates de las últimas tendencias gastronómicas en forma de rincones gourmet, gastrobares, lonjas donde se mima el sushi y tronos para los reyes de las hamburguesas más delicatesen.

Lo mejor es que no hay que echar por tierra la vieja idea de ir al mercado para la compra diaria tirando de carrito. Eso se puede seguir haciendo. Lo que pasa es que el mercado de siempre se ha transformado en un espacio de diseño destinado al ocio gastronómico. Esto quiere decir que puedes comprar los tomates, el solomillo de lomo y los puerros, pero también tomarte unas tapas, un vino, un vermú o meterte entre pecho y espalda los mejores bocados en un ambiente a la última. Y con música y otras atracciones.

MERCADO DE SAN AGUSTÍN: COMPRAR, COMER, ALTERNAR, EN EL TOLEDO MÁS VANGUARDISTA

Que se lo digan a los toledanos y a los turistas que se dejen caer por la judería y aledaños. Porque a las orillas de la plaza de Zocodover (Cuesta del Águila, 1 y 3) se ha instalado lo más parecido a una playa (puro disfrute) que puede haber en mar adentro. Un multiespacio donde solo se oyen cantos de sirena: comer, beber, alternar, trasegar y olisquear en todos los sentidos. Es el Mercado de San Agustín, un mercado como los de antes pero al estilo de ahora, que se han sacado de la manga un trío de ases en lo suyo, que es lo nuestro: el afamado repostero Paco Torreblanca, el chef Javier Brichetto y el asesor gastronómico Pepe Rodríguez.

Vayamos por partes. Nada más entrar, están los puestos de flores, quesos, embutidos ibéricos, pan, frutas y verduras, postres, productos gourmet y café. Si subimos, como lo hace el jardín vertical interior, encontramos en la primera planta la 'zona de fuegos', que es para tirar cohetes (de alegría) con sus espacios para parrillas, frituras, asados y mariscos, y luego apagar la sed en la cervecería. Y si seguimos subiendo por sus rampas de cristal (o su ascensor), ante nuestras narices (afortunadas) aparecerá un restaurante dedicado a la cocina fusión, una hamburguesería de altura y un reservado para actividades de showcooking en vivo y en directo. Lo que parece una letanía no ha terminado aún.

En el tercer piso, la coctelería, el bar y una terraza prometen una felicidad, por estar más cerca del cielo, casi eterna. Te sentirás un gastronómada, aunque ni rastro de desierto. Al contrario, esto es un oasis de 1.400 metros cuadrados de juventud en el casco viejo. Y como estamos en Toledo, hay una cava de vino y zona de tapas donde los antiguos aljibes, o sea, en el sótano del edificio. Tenía que hacer su aparición estelar la historia.

PLATEA: EL MAYOR ESPECTÁCULO GASTRONÓMICO SOBRE EL ESCENARIO MADRILEÑO

El Mercado de San Miguel, que casi se roza con la Plaza Mayor de Madrid, ya nos había habituado a ir al mercado a muchas otras cosas que no son comprar. Le dimos las bendiciones a eso tan moderno que es saber resurgir de las cenizas y reciclarse a tiempo en 2009, con la ilustre Boquería barcelonesa en el espejo. Se llama a sí mismo Centro de Cultura Culinaria y luce magnífica estructura de hierro (es proverbial la belleza de algunos mercados, caso también del de Colón en Valencia, ejemplar modernista).

Mercado de San Miguel, en el centro de Madrid
Mercado de San Miguel, en el centro de Madrid

Por esta razón, Platea no nos ha pillado con el pie cambiado ni los rulos puestos. Estábamos ya preparados para el espectáculo y este "espacio gourmet de ocio gastronómico" en la Plaza de Colón, donde Madrid empieza a sacudirse el hipsterismo de encima para volverse pijo, lo es. Lo más parecido a un teatro-circo: comer bien y comprar mejor con redoble de campanas. No se llama Platea porque sí. En cartel: barras de autor, cocinas del mundo, talleres culinarios, shows de cocina, catas, afterworks, tienda gourmet y espacios pequeños para grandes chefs (La Batea, Castizo y A mordisco, de comida informal y mucha tapa, y Entrecortes y De cuchara, rendidos al guiso tradicional, en manos de Paco Roncero, Marcos Morán y Pepe Solla). 

Además, el michelin (2 estrellas) Ramón Freixa tiene su sitio en el bistró Arriba, lo mismo que la cocina mexicana, japonesa, italiana y peruana, la coctelería de Diego Cabrera y Luca Anastasio, y otros tragos más canallas (El Foso, con sangría, rebujito o agua de Valencia en jarra). Y para aderezar todo esto, danza aérea, microteatro, artes escénicas, conciertos, cabaret y retransmisiones en pantalla gigante. En el antiguo cine Carlos III, 5.800 metros cuadrados con un aforo de 1.183 personas y todo preparado para subir el telón.

MERCADO DE SAN ILDEFONSO: EL PRIMER STREET MARKET DE LA CAPITAL

Es mucho lo que se cuece a día de hoy en los mercados. El de San Ildefonso también acaba de llegar, un street food market como los que puede haber en las calles de Nueva York, Londres o Bangkok pero plantado en Fuencarral, número 57; el primero de Madrid. Abierto al exterior con grandes ventanales abatibles, pero cerrado con un techo que lo cubre. Aquí sí que no encontrarás pescado fresco y verdura ídem. Lo que venden es producto manufacturado listo para llevar. Una parada por si pasabas por ahí y querías probar bocado. En los dos puestos de ibéricos de Guijuelo Arturo Sánchez podrás pertrecharte de unos dobladitos (el nuevo concepto de bocadillo con mucho jamón y poco pan, y no al revés) o unos conos (el cucurucho más sibarita de los cucuruchos, plagadito de ibérico de buen corte).

MERCADO DE SAN ANTÓN: ANIMANDO AÚN MÁS CHUECA

Ya el Mercado de San Antón vino en 2011 a darle más brío al barrio de Chueca (Augusto Figueroa, 24) por si fuera poco. Lo suyo era y es una experiencia gastronómica en varias plantas: la primera para el producto perecedero, la segunda para el showcooking y el take away (un puesto de delicias de foie y de pato, un puesto de mariscos, un rincón japonés o uno griego) y la tercera para la terraza tomada por el restaurante La cocina de San Antón, que es tanto de agradecer. No hay como ser gato sobre el tejado de este zinc.

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