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Piscinas espectaculares: dónde darte el baño de tus sueños

No hay piscina como el mar. Sobre todo cuando se acerca a determinadas playas. Pero algunas juegan a confundirse con el horizonte. Y se visten de paraíso.

Foto: La piscina del Hotel Loews Miami Beach
La piscina del Hotel Loews Miami Beach

No hay piscina como el mar. Sobre todo cuando se acerca a determinadas playas. Pero algunas piscinas tienen mucho de él, porque juegan a confundirse con el horizonte. Lo mismo que se divierten emulando el jardín del Edén, entre palmeras, batidos de frutas y cabañas, para que nosotros, pobres mortales, caigamos tarde o temprano en la tentación y de cabeza. Morderemos esta manzana. Ya hablar de ellas es hacérsele a uno la boca agua.

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Buscábamos espectáculo y lo hemos encontrado sobre todo en las islas griegas. Santorini es la isla madre de las piscinas infinitas. En la vieja Thira y la adorada Oia, por sus atardeceres de mágico sol, todo se confunde en el azul mientras los turistas buscan por doquier, en calles y tabernas, a la Diosa Blanca.

Pero la Diosa Blanca ("hermana del espejismo") está en otro lugar paradisiaco donde las piscinas confunden sus márgenes. En Mallorca, porque así lo quiso el escritor que más se sumergió en los mitos, Robert Graves. En esta isla y también en Ibiza hemos encontrado piscinas que quieren ser otra cosa, deshaciéndose en cascadas y alargándose para encontrarse con el mar. Como la del ibicenco Hotel Hacienda Na Xamena, colgada en la montaña y al abrigo sombreado de los árboles.

A muchos hoteles de lujo, resorts exclusivos y benditos campamentos chic en tierras de safari o desierto se les conoce ya por estas bañeras de diseño que son capaces de hacer que hasta el más remiso se vista por fin de bañador y alimente el exotismo del lugar con el más tropical de los pareos. Asombrado te quedarás con las que brotan del desierto norteamericano de Utah (en el Amangiri Resort) o del jordano (Evason Ma'In Hot Springs) como un manantial. 

Como somos animales racionales después de todo, nos gusta meternos bajo el agua como hipópotamos pero también nadar y guardar la ropa para después salir chorreando de gloria y ponernos el albornoz. Y no, no hay piscina que se resista al guión hedonista de nuestra trabajada imaginación, que nos lleva hasta la Costa Almalfitana y el pequeño mar del Hotel Caruso, en Ravello (Italia), donde obtendremos la gloria de nuestros antepasados, que esto es un palacio, pero también mucho más lejos.

Nos vamos hasta la tierra sagrada de Cuzco, a la piscina del Hotel Río Sagrado, que está en la ribera del río Urubamba en este valle verde rodeado de montañas donde te proponen vivir una experiencia 100% peruana. Todo es artesano y local, empezando por los materiales de construcción.

O hasta las tarimas flotantes del Hotel Sarojin de Tailandia, que preceden a un masaje auténticamente tailandés, con el espíritu de Lady Sarojin, que se ha hecho leyenda thai, y donde volveremos a acordarnos de Adán por enésima vez.

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