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Deco: cómo iluminar con LEDs sin perder el toque cool

Existen diversos motivos por los que debes plantearte utilizar este tipo de bombillas de bajo consumo. Si todavía no los conoces o no te atreves a hacer un 'restyling' en tu casa, aquí repasamos los motivos

Foto: Regular la calidez o el frío de un ambiente es posible gracias a la amplia gama de tonos de las luces LED
Regular la calidez o el frío de un ambiente es posible gracias a la amplia gama de tonos de las luces LED
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¿Todavía no iluminas tu vida con luces LED? Pues estás tardando. Ahora que la factura de la luz se mide al minuto, es posible sustituir prácticamente cualquier bombilla (incluso halógenos, tubos fluorescentes o la de la nevera) por otra de esta tecnología. Las de última generación hasta se conectan con tu smartphone. Aunque para comprarlas, piensa en lúmenes (la cantidad de luz que generan) y no en vatios (indican cuánto consumen). Estas son todas sus ventajas:

  • Bajo consumo. Hasta el 90% respecto a una incandescente. Es su principal diferencia con las convencionales. Una luz LED de 9W ilumina igual que una bombilla convencional de 60W.  
  • Reduce la factura de la luz. Al consumir menos, el ahorro puede alcanzar el 80-90% al mes.
  • Larga duración. Su vida útil puede llegar hasta las 50.000 horas frente a las 1.000 horas de las incandescentes. Las orientadas al hogar que encuentras en cualquier supermercado duran 15.000 horas. 
  • Regular la intensidad y la temperatura. Las luces LED te permiten elegir que la iluminación de tu casa sea más cálida o más fría en la escala de blancos, o incluso cambie de color (siempre que cuentes con un sistema regulador). 
  • Confort visual. No emiten radiación IR (infrarrojos) ni UV (ultravioletas). 
  • Ecológicas. No contienen metales pesados como el mercurio, lo que facilita el reciclaje. 
  • Cada vez más asequibles. Sí, el precio de las luces LED todavía es más elevado que el de las convencionales, aunque han bajado entre un 10 y un 20% al año. Merece la pena invertir porque lo recuperas rápido. 

Color, intensidad o tamaño entran en juego a la hora de elegir cualquier tipo de bombilla. Y no menos iban a ser las LED. Aunque, como todo, es posible dar con la idónea en cuatro sencillos pasos: 

  1. Elige el casquillo. Hay multitud de ellos en el mercado: E27, E14, GU10, G4…
  2. Elige la temperatura de color. Hasta 2700ºK se considera blanco cálido y es ideal para entornos íntimos y agradables donde busques un ambiente relajado (dormitorio, salón…). Entre 3000ºK y 6500ºK se considera blanco neutro, perfecto para crear una iluminación general y de trabajo (cocina, baños, zonas de estudio, pasillos…).
  3. Elige la potencia y el consumo. Utiliza los lúmenes (lm) y no los vatios (W) para seleccionar la bombilla que mejor se adapte a la cantidad de luz que necesitas. Los lúmenes indican la cantidad de luz que emite cada bombilla. Por ejemplo, 806 lm equivalen a una bombilla incandescente de 60W y a una de LED de 9W.
  4. Elige el grado de apertura. A la hora de sustituir bombillas direccionales (como las halógenas) hay que tener en cuenta el grado de apertura de la bombilla LED para asegurar la adecuada distribución de la luz.

Si compras una lámpara LED, no tendrás que elegir casquillo, porque ya viene integrado. Pero cuando se funda a las 15.000 horas (equivale a 15-20 años), tendrás que comprar otra lámpara. Si estás pensando en cambiar las luces de casa, pincha en la galería de imágenes: hemos seleccionado estas propuestas para inspirarte.  

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