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¿Bali o Dubrovnik? Cuatro experiencias de lujo que tentarán a los viajeros más sibaritas

Una jardín exuberante muy cerca del cielo en la capital de Tailandia, una villa que fue de un capitán de barco en el bellísimo Camogli, un resort en una playa de Bali o una parada con glamour en Croacia

Foto: ¿Te imaginas una cena aquí, en el Seminyak Beach Resort de Bali? (Foto: Cortesía)
¿Te imaginas una cena aquí, en el Seminyak Beach Resort de Bali? (Foto: Cortesía)

Cierra los ojos e imagina que estás en un rascacielos de Bangkok con vistas panorámicas increíbles sobre la capital de Tailandia. Vuélvelos a cerrar y piensa ahora que lo que se extiende ante tus pies con ínfulas de infinito es una playa de arena blanca de las que hay en el paradisiaco Bali. Repite la operación pero ahora viajando hasta el sur de Génova y antes de que el mapa dé la vuelta al bien nombrado Golfo de los Poetas, pura costa italiana. Y, por último, sigue con el juego y trasládate hasta la siempre bella Dubrovnik, allá en Croacia. Una maravilla, ¿no? Pues ten cuidado con lo que sueñas, porque a veces los sueños se hacen realidad. Nos ponemos a la tarea. Esto son cuatro experiencias viajeras para Marco Polos sibaritas.

1. Un vergel cerca del cielo (tailandés)

Podíamos haber dicho también un paseo por las nubes o un mirador inigualable sobre el skyline de Bangkok. No solo de playas concupiscentes y atardeceres maravillosos vive el viajero gourmet. Esta inmersión de altura en la gran ciudad tailandesa, entre cócteles, licores y bebidas de inspiración local más la comida callejera salida de un restaurante de altos vuelos, que luego servirá un menú de su renombrado chef, Renu Homsombat, también tiene lo suyo. Por ejemplo, un jardín exuberante y ¡a vista de pájaro! Es el Saffron Sky Garden, dentro del hotel Banyan Tree Bangkok. Un espacio de lo más exclusivo que está, como todo el viejo Siam, esperándote.

Precio: desde 140 euros (hotel).

La azotea del hotel Banyan Tree Bangkok es como un barco. (Foto: Cortesía)
La azotea del hotel Banyan Tree Bangkok es como un barco. (Foto: Cortesía)

2. Una villa con encanto al sur de Génova

El encanto empieza ya en la geografía, porque pasando Génova uno va ya de cabeza, emocionado a más no poder, a las Cinque Terre y al Golfo de los Poetas, donde Lerici y La Spezia (y Lord Byron). Solo que esta vez, la tentación vive antes, en Camogli, un pueblo típico de amarre y tradición marinera de los de por aquí, que no podía ser más bonito, sin exagerar. Y lo repetimos: ¡es precioso! Pues en este punto estratégico de la costa de Liguria, en el Monte de Portofino, se halla Villa Rosmarino, que no es un hotel al uso (no tiene recepción ni conserje), sino una casa a la manera de un palacio ligur (con persianas verdes y trampantojos en los techos y ornamentación floral) de seis habitaciones, con diseño, arte italiano y baño de mármol de Carrara, con piscina y glorioso jardín poblado, como un poema de Rubén Darío: magnolio, camelias, gardenias, mandarinos o lavanda.

Villa Rosmarino está construido a la manera de los palacios ligures. (Foto: Cortesía)
Villa Rosmarino está construido a la manera de los palacios ligures. (Foto: Cortesía)

En realidad, una hacienda olivarera que data de 1907 que fue, en su origen, el retiro de un capitán de barco. No todos los días se está en la ciudad de los mil barcos de vela. No hay que perderse la gastronomía típica: pansoti, trofie con pesto, focaccia di Resso y el pescado fresco. Ni por nada del mundo Portofino y Santa Margarita de Liguria. Lo mejor, echarse a la mar.

Precio: desde 163 euros.

3. Una parada con glamour en Dubrovnik

Podría ser en la coqueta Villa Orsula, con todo el glamour de los años 30 y muy art decó, más no poco diseño moderno, en el casco antiguo de la incomparable Dubrovnik, envuelta en el aroma de las flores de azahar y la lavanda, mirando a las murallas o a los bosques de la isla de Lokrum, con escalones que bajan hasta el mar y obras de Roberto Matta o Victor Vasarely. O en un hotel mítico que acaba de reabrir sus puertas, con toda su historia hollywoodiense tras los muros, la de haber alojado a reyes y estrellas de cine desde que se inauguró en 1913. El Excelsior, de 158 habitaciones, frente a las 13 del Orsula, mezcla pasado y presente como en el mejor de los cócteles, terciopelos en colores apagados con cítricos brillantes, con su terraza, el restaurante Prora, sus baños turcos y romanos, y su playa privada como banderas. Desde aquí también se ve todo. Y cómo.

Precio: desde 322 (Villa Orsula) y desde 190 (Excelsior).

Orsula, en el casco viejo de Dubrovnik y junto al mar. (Foto: Cortesía)
Orsula, en el casco viejo de Dubrovnik y junto al mar. (Foto: Cortesía)

4. Un paseo por una playa maravillosa de Bali

Qué podemos decir de Bali, de sus arenas blancas, de su lado espiritual, sus ceremonias a la orilla, sus templos y todo su exotismo de libro. Ahora se trata de alojarse en un oasis tropical en el nada desierto Seminyak, junto a la playa del mismo nombre, al norte de Kuta, que está en el sur, en una de las zonas más lujosas de esta isla de Indonesia. En el The Seminyak Beach Resort: en una villa o suite contemplando al mar y al jardín, y hasta con piscina infinita que se confunde con el gran azul. No falta la comida balinesa, en el pabellón Santan, ni el muy prometedor spa. El punto literario lo pone el bar de vinos y whisky Klass & Brass, inspirado en Hemingway. Un resort con 105 habitaciones puro objeto de deseo y muy de postal. No te pierdas Canggu, el pueblo de moda.

Precio: desde 190 euros.

Haz de esta playa tu territorio. (Foto: Cortesía The Seminyak Beach Resort)
Haz de esta playa tu territorio. (Foto: Cortesía The Seminyak Beach Resort)

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