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Esther Moreno, facialista: “Los signos de la edad no aparecen de repente, la piel siempre avisa”
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Esther Moreno, facialista: “Los signos de la edad no aparecen de repente, la piel siempre avisa”

Se puede ayudar a la piel a reorganizarse, a funcionar mejor y a recuperar su capacidad natural de respuesta

Foto: La facialista Esther Moreno. (Cedida)
La facialista Esther Moreno. (Cedida)

Hay un instante, frente al espejo o en una fotografía inesperada, en el que muchas personas sienten que su piel ha cambiado de golpe. Líneas más marcadas, pérdida de luminosidad, flacidez incipiente o un rostro más cansado parecen surgir de la noche a la mañana. Sin embargo, desde la estética profesional, esta percepción tiene poco que ver con la realidad biológica del tejido cutáneo. “La piel tiene memoria, ritmo y coherencia. Nada sucede de forma brusca. Los signos de la edad no aparecen de repente”, explica Esther Moreno, facialista con más de veinte años de experiencia y fundadora de Esther Moreno Studio, en Barcelona.

Para entender cómo envejece la piel, Moreno invita a mirar más allá del reflejo inmediato y poner el foco en el llamado exposoma: el conjunto de factores externos e internos que actúan de manera constante sobre el organismo. La radiación solar, la contaminación, el estrés, el descanso, la alimentación o la calidad del cuidado cosmético van dejando huellas silenciosas que se acumulan con el tiempo. “Cada exposición repetida altera poco a poco la función barrera, la capacidad de regeneración y la calidad del tejido cutáneo”, señala. Lo que hoy vemos en el rostro es, en realidad, el resultado de años de hábitos, decisiones y circunstancias.

placeholder Los consejos de la experta para cuidar la piel. (Cedida)
Los consejos de la experta para cuidar la piel. (Cedida)

Desde esta perspectiva, el envejecimiento cutáneo se parece mucho al estado físico del cuerpo. Nadie pierde forma de un día para otro: los desequilibrios se instalan progresivamente hasta hacerse visibles. Con la piel ocurre lo mismo. “Muchas veces nos sorprenden los signos de la edad como si aparecieran de golpe, cuando son la consecuencia lógica de cómo la hemos tratado durante años”, afirma la experta. No existen transformaciones repentinas, sino procesos lentos que emergen cuando el tejido ya no puede compensar más.

Moreno insiste en que la piel funciona como un sistema vivo que responde a estímulos continuos. “Si no la entrenas, si no la cuidas, no puedes esperar que responda igual con el paso del tiempo. Lo que vemos hoy es la suma de decisiones repetidas”, explica. De ahí la importancia de una visión preventiva, que no se limite a corregir arrugas o flacidez cuando ya están instauradas, sino que acompañe al tejido en su evolución natural.

placeholder La experta en tratamientos faciales Esther Moreno. (Cedida)
La experta en tratamientos faciales Esther Moreno. (Cedida)

Ese enfoque es precisamente el que define el trabajo en Esther Moreno Studio, un atelier que reivindica el valor del tiempo, la observación y el tratamiento personalizado frente a la estandarización acelerada del sector. Allí, cada sesión comienza con un diagnóstico detallado para comprender el estado real de la piel, sus características y necesidades, así como los objetivos de la persona, siempre desde un planteamiento realista. “La piel cambia constantemente en función de lo que vive y de lo que la rodea. Cada tratamiento nace en el momento, cuando entiendo qué necesita realmente esa piel para recuperar su equilibrio”, explica.

A partir de ese análisis, el trabajo en cabina se construye como un proceso dinámico en el que se combinan técnicas manuales, activos cosméticos y estímulos específicos, seleccionados según los signos que manifiesta la piel y su exposición al entorno. No existen protocolos rígidos ni secuencias prefijadas: cada gesto tiene un propósito. El objetivo no es solo mejorar lo visible, sino abordar los desequilibrios internos provocados por factores como el estrés, la contaminación o la falta de descanso.

Hay un instante, frente al espejo o en una fotografía inesperada, en el que muchas personas sienten que su piel ha cambiado de golpe. Líneas más marcadas, pérdida de luminosidad, flacidez incipiente o un rostro más cansado parecen surgir de la noche a la mañana. Sin embargo, desde la estética profesional, esta percepción tiene poco que ver con la realidad biológica del tejido cutáneo. “La piel tiene memoria, ritmo y coherencia. Nada sucede de forma brusca. Los signos de la edad no aparecen de repente”, explica Esther Moreno, facialista con más de veinte años de experiencia y fundadora de Esther Moreno Studio, en Barcelona.

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